Bar Plaza Dorrego: para salvarlo, van a declararlo Bien de Interés Histórico Nacional

Trabajan allí desde hace diez, veinte o hasta treinta años. Conocen a sus habitués por el nombre. En septiembre empezaron a ocupar el local día y noche, para evitar su cierre. Los mozos, cocineros y empleados de limpieza del bar Plaza Dorrego planean abrir al público este fin de semana, aunque el contrato de alquiler haya vencido el lunes y les deban sueldos desde agosto. Mientras tanto, la Comisión de Monumentos Nacionales ya comenzó el proceso para declarar al café Bien de Interés Histórico Nacional.

El panorama es complicado, tanto para el bar como para sus trabajadores. Su administrador, Rubén Yufera, no paga salarios ni aportes pero tampoco despide a sus empleados, según ellos cuentan. Por eso, siguen yendo a cumplir con su jornada laboral, y más tiempo también: temen que si se van aunque sea un rato del local, se quedarán sin trabajo y la Ciudad, sin uno de sus cafés notables más famosos. Es que el contrato del alquiler venció hace dos días y el propietario quiere recuperar el inmueble.

“Íbamos a volver a abrir al público este miércoles, pero no pudimos comprar la mercadería. Esperamos abrir este jueves y también hacerlo durante el fin de semana, para poder recaudar algo. Hace dos meses que no cobramos, y hace dos años que no nos pagan los aportes”, denuncia Sergio Alfonso, vocero de los trabajadores en vigilia.

Eso para el corto plazo. Para el largo, ya iniciaron los trámites para conformar una cooperativa que pueda llevar adelante el bar, pagándole el alquiler al propietario. Además, presentaron un pedido de intervención al Ministerio de Cultura porteño.

El Plaza Dorrego, de hecho, fue declarado bar notable en 2004 y Sitio de Interés Cultural en 2011, por la Legislatura. “Para hacer la solicitud de intervención, nos apoyamos en la Constitución de la Ciudad y sobre todo en la ley 5.213 de promoción de cafés notables. Pero aún no obtuvimos una respuesta formal del ministerio”, cuenta Luis Palmeiro, abogado de los trabajadores. Se refiere especialmente al artículo 10 de esa ley, que establece que la autoridad de aplicación u otra área del Gobierno porteño puede buscar los mecanismos para revertir las circunstancias que amenacen la continuidad de un café notable.

Mientras tanto, la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos ya inició los trámites para declarar al bar Bien de Interés Histórico Nacional y, así, protegerlo. “Este café es parte de la historia de Buenos Aires y creemos que vale la pena trabajar para salvarlo -explica a este diario Teresa Anchorena, su presidenta-. El trámite ya fue aprobado por la Comisión y ahora se está trabajando en la declaratoria”.

La labor de la Comisión no se limita a lo administrativo: también busca “tomar contacto con el propietario para conectarlo con gente que puede estar interesada en un nuevo proyecto que lo mantenga como café notable, con su decoración y su espíritu, pero con una oferta gastronómica más contemporánea”, propone Anchorena. Y, desde luego, con un ambiente más cuidado que el que ofrece ahora. Es que en el último tiempo el bar fue deteriorándose a punto tal que, cuentan sus trabajadores, ellos mismos tuvieron que ponerse al hombro su mantenimiento. “Llegaban más temprano o se iban más tarde para solucionar los problemas de humedad o mejorar los baños o el mobiliario. Tienen mucho amor por el lugar”, explica Palmeiro.

Es que, para ellos, el Dorrego es su segunda casa. “Este bar para mí es todo”, decía Fernando Aramayo apoyado sobre la caja registradora, durante la vigilia del martes. Y se convirtió en hogar también para muchos habitués. Como la vecina y artista visual Gabriela Golder, que va desde hace 20 años. “A diferencia de otros bares en los que los mozos van y vienen, ellos estaban desde siempre. Hablábamos, nos quejábamos, ya nos conocíamos. Se tejía una trama de relaciones con la gente que iba ahí”.

NS