La relación de Kicillof con el campo: cuál es el plan del candidato del Frente de Todos para reactivar la producción en la provincia de Buenos Aires

Axel Kicillof tiene dos obsesiones que lo mantienen preocupado. Una es cómo generar trabajo a partir del 10 de diciembre si, finalmente, llega a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. La otra es como quedará financieramente el Banco Provincia (Bapro) después de que termine la gestión de María Eugenia Vidal.

Ambas preocupaciones están íntimamente relacionadas a los proyectos que tiene para el sector rural. El campo es uno de los motores productivos de la Argentina y, especialmente, de la provincia, donde se concentra una de las mayores producciones de soja del país y en donde miles de personas viven gracias a las ganancias que dejan diferentes facetas de la producción agropecuaria.

Ese sector que ha tenido una relación ambigua con el kirchnerismo a lo largo de la última década, que tiene como punto de partida el conflicto entre el gobierno de Cristina Kirchner y las cuatro entidades agropecuarias más importantes de la Argentina durante el 2008 debido a la sanción de la ley 125, que elevaba la alícuota de retenciones al sector.

El vínculo aún no está recompuesto. El tipo de cambio atrasado, el dólar paralelo y el cepo son un mal recuerdo para muchos productores que siempre vieron en el kirchnerismo un espacio político enfrentado a sus intereses.

En el búnker de Kicillof hicieron un diagnóstico en las últimas semanas sobre la situación con la que se encontraron durante un puñado de encuentros que tuvieron con productores bonaerenses. Consideran que las elevadas tasas de interés y la caída del mercado interno impactaron directamente en la cadena de producción.

Además, advirtieron un problema que el campo tuvo también durante los últimos años del gobierno de Cristina Kichner. El aumento del dólar golpea de lleno las ganancias de los productores pequeños y medianos porque sus insumos están a valor dólar y sus ganancias tiene el valor del peso.

Para Kicillof la mayoría de los productores están peor que hace cuatro años. No solo porque les impactó la crisis económica nacional sino porque el consumo cayó y la demanda mermó. Tarde o temprano, la crisis golpeó alguno de los eslabones de la producción y la venta. De ese grupo solo quedan afuera los que tiene grandes cantidades de hectáreas y se vieron beneficiados por las condiciones para exportar que generó el gobierno de Mauricio Macri: baja de retenciones y dólar alto.

El plan de acción que el ex ministro tiene en su cabeza está ligado al apoyo que pueda dar a través del Banco Provincia. Como repite en cada discurso público, pero también en privado, cree que la entidad bancaria le quitó el respaldo a los sectores productivos y que una parte del dinero que hace cuatro años se prestaba – a través de créditos -a ese sector, durante la gestión de Vidal fue colocado en letras y destinado al negocio financiero.

Así ve hoy Kicillof el escenario bonaerense, la antesala de un vínculo con el campo que comenzará a funcionar solo en el caso de ganar la elección y las finanzas de una provincia que, según afirma a cada paso, están peor de lo que el gobierno de Vidal informa.

En su proyecto político/rural el Bapro es una entidad clave para llevar a cabo lo que denomina como una “restauración productiva”. No solo en lo que respecta al sector agropecuario, sino también al industrial y a las pymes, muchas de ellas vinculadas a la venta de productos que son utilizados para la agricultura y la ganadería.

Cree que el Banco es fundamental para otorgar créditos a los productores más golpeados por la crisis y que la cadena de producción se reactive. Sin embargo, no da detalles de su plan de acción. Asegura que no lo puede hacer porque no tiene conocimiento de las cuentas de la provincia. “Estamos a ciegas”, suelen decir sus principales asesores.

Hay un proyecto que le interesa llevar adelante y parece ser el único que tiene decidido seguir más allá de la situación económica y financiera que encuentre. Tiene que ver con impulsar políticas públicas diferenciadas para las diferentes clases de productores que hay distribuidos en Buenos Aires.

Eso quiere decir que las reglas no sean las mismas para todos, sino que dependen de que clase de producto venden, la escala en que lo hacen, el lugar geográfico en que lo producen, los impuestos que pagan y los gastos que tienen en el proceso de comercialización. Una microsegmentación.

En el equipo del economista entienden que deben darle un nuevo marco al desarrollo de la producción agropecuaria y hacer una evaluación pormenorizada de los impuestos que afrontan los productores más pequeños, la capacidad logística y el costo del transporte. Para cada sector interno, una política diferente.

La otra preocupación de Kicillof pasa por combatir el desarraigo que se produce en localidades del interior bonaerense debido a la falta de trabajo. Sobre todo en municipios que están estrechamente vinculados a la actividad agropecuaria. Si no hay trabajo, se van. Y si se van, se concentran en la región metropolitana. Ese es el razonamiento.

Para dar esa pelea entiende que no basta con brindar algún tipo de beneficio impositivo o largar una línea de créditos. Ese tipo de localidades deben dotarse de conectividad, educación y comunicación. Una reforma estructural que cambie las bases. Son sus planes para el campo. Un sector con el que espera tener un diálogo fluido. Dependerá de las medidas que tome.

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