Comenzó en Villa Urquiza el Festival Buenos Aires Danza Contemporánea

En la inauguración del ya clásico evento, que dirige Roxana Grinstein y continúa hasta el próximo miércoles, bailarines y maestros, jóvenes y veteranos, aficionados y profesionales, artistas y docentes presenciaron el espectáculo central de un programa que pautó el carácter de homenaje de la velada, cifrado en la pieza.

En el Centro Cultural 25 de Mayo, donde anteayer se puso en marcha el 10° Festival Buenos Aires Danza Contemporánea.

Al final de esa rica performance (que incluyó proyecciones y música en vivo) se sirvió un cóctel en el hall principal del Centro Cultural, mientras que en el primer piso, en “la redonda”, parte de los espectadores siguieron las alternativas de la pieza.

El rasgo dominante de la apertura del festival fue el homenaje a Lapzeson; su figura y su herencia artística se destacaron tanto por su refinamiento estético como por sus implicancias emocionales. Romina Pedroli, otra argentina que en algún momento también emigró a Suiza tras los pasos de la excepcional coreógrafa, tradujo en su propio cuerpo el legado de su maestra. Pedroli es, entre los artistas locales, la intérprete que acaso más definidamente absorbió -y continúa haciéndolo- los lineamientos estéticos “de culto” que Lapzeson desarrolló en su vasta producción y sus clases.

El homenaje a Noemí Lapzeson forma parte de una sección del Festival de Danza Contemporánea dedicada a grandes figuras de ese arte en el país.