"Le dio a esta lucha su vida", el recuerdo de los familiares de las víctimas de Once a Mónica Bottega

“Desde que esto pasó, mi salud viene decayendo y estoy al borde de un trasplante renal por la pelea intensa que llevamos adelante los familiares. Cada uno luchó por Justicia y dejó un poco de su vida en esa pelea“.

Cuando Mónica Bottega dijo esto a Clarín era octubre de 2018 y la Cámara de Casación Penal había rechazado los recursos extraordinarios con los que los primeros condenados por la causa Tragedia de Once intentaban aplazar su llegada a la cárcel. La noticia, que ponía al exsecretario de Transporte de la Nación Juan Pablo Schiavi, al empresario Claudio Cirigliano y al motorman Marcos Córdoba a un paso de su detención, había tardado seis años en llegar y era percibida por Mónica con dualidad. Por un lado, sintió alivio. Por el otro, supo que el sufrimiento ya había dejado marcas permanentes.

Desde el 22 de febrero de 2012, Mónica se había convertido en una de las caras más visibles de los familiares de las víctimas. Encabezó discursos en manifestaciones, enfrentó cámaras de televisión en las que siempre demandó Justicia y hasta increpó a la expresidenta Cristina Kirchner, a quien llamó “asesina”.

En una parroquia de Merlo, momentos antes de que comenzara una misa por la aparición con vida de Santiago Maldonado, Mónica se paró frente a Cristina y la obligó a hacer frente a lo que la expresidenta había evitado por más de seis años: tener un cara a cara con los familiares, para los que nunca tuvo una palabra de condolencia. 

“Usted es una asesina. Pide por la vida de Maldonado y nunca se hizo cargo de la masacre que le causó a 52 inocentes”, le dijo, y se retiró tranquila, característica que jamás perdió. Aun cuando, como directora de escuela, debió dejar sus actividades habituales, aprender sobre mecánicas de trenes, organigramas del Estado, los circuitos de los subsidios y, antes de eso, enterrar a su hija Tatiana de 24 años. En el trayecto, su casa en San Antonio de Padua se convirtió en sede de reuniones de familiares y sobrevivientes. Ahí, a veces en el jardín, otras en el quincho, se compartían angustias y se decidían planes de acción para seguir y lograr que los responsables quedarán tras las rejas.

En octubre, Mónica llegó a verlo, aún cuando su salud ya estaba deteriorada. Para entonces ya sabía que tenía que recibir un trasplante. La operación fue en marzo de este año y el donante, su marido y papá de Tatiana, José “Pepe” Pontiroli. 

El domingo murió a los 56 años de un ataque cardíaco. “Nuestra Moni, valiente, con un coraje inimitable, le dio a esta lucha su vida, y hoy nos deja como herencia todo su valor, y su sonrisa hermosa“, le escribieron el resto de los familiares de la tragedia, quienes este lunes la despidieron en San Antonio de Padua.