Argentinos en Dinamarca: “Me rinde más trabajar medio tiempo acá que ser jefe en Buenos Aires”

COPENHAGUE.- “Me rinde más trabajar medio tiempo acá que ser jefe de área en la Argentina”. Cuando habla con el bolsillo, para Tomás Luzzani es irrefutable: le conviene vivir en Dinamarca. Pero no es solo eso. “Copenhague para mí es una puerta a una vida feliz”, dice este joven de 31, que se mudó al país “menos corrupto del mundo” en diciembre del año pasado.

Como Tomás, director de cine, cada vez más argentinos eligen este país escandinavo como su hogar, por lo menos temporalmente. La mayoría lo hace a través del programa Working Holiday (“vacaciones de trabajo”), que -a partir de un acuerdo bilateral- les da un permiso residencia por un año a menores de 30 años para que viajen de un país a otro con el objetivo de “experimentar la cultura y el modo de vida de cada uno” mientras trabajan para cubrir los gastos de la travesía.

Un sueldo en euros con trabajos en general part-time o por hora, que les permite tomarse días para viajar y además ahorrar hasta mil dólares por mes, es el principal motor que los impulsa a elegir esta experiencia, según cuentan argentinos en Copenhague en diálogo con LA NACION. Del otro lado de la balanza, señalan que aunque viven en uno de los países “más felices” del mundo, los daneses a veces son distantes, y que la corta duración de los días durante el invierno es el mayor desafío. El idioma no es un problema -destacan- si saben inglés. De hecho, muy pocos estudian danés por los elevados costos de los cursos.

En 2018, 1400 jóvenes argentinos viajaron a Dinamarca con Working Holiday, un programa que “crece año a año”, indicó a este medio el embajador argentino en Dinamarca, Conrado Solari Yrigoyen. La reciprocidad por ahora es baja. En la representación danesa en Buenos Aires señalaron que los pocos jóvenes escandinavos que viajan a la Argentina lo hacen principalmente para tareas de voluntariado.

Trabajo, viajes y ahorro

Mientras estudiaba Derecho en la UBA, Yanina Alonzo trabajó en un estudio jurídico y cuando se recibió, entró en el área de legales de una compañía de seguros. “El 90% del sueldo se iba en alquiler y gastos, y me quedaba muy poco resto, que no me alcanzaba ni para irme de vacaciones en la Argentina. Y dije ‘me esfuerzo tanto para tener un título y ni siquiera puedo cumplir el sueño de conocer Europa'”. Primero sintió frustración. Luego decidió hacer algo al respecto y se mudó a Dinamarca. Hoy, con 28 años, trabaja en Wolt, una aplicación de delivery en bicicleta, y en Happy Helper, una plataforma que ofrece servicios de limpieza doméstica. Puso en pausa su carrera para conocer el otro lado del mundo, mejorar su inglés y ahorrar. “Acá vivís tranquilo, no te preocupás por pagar en alquiler”, contrasta.

En los trabajos por hora, el ingreso mensual ronda las 16.000 coronas (unos 2400 dólares), coinciden los argentinos. “Depende la cantidad de horas que quieras laburar”, reparan.

Una habitación en una casa compartida cuesta por lo menos 5000 coronas (US$750) mensuales, dicen, y remarcan que los alquileres “están un poco caros”, en una ciudad con un costo de vida alto, pero con sueldos a la altura.

Acá vivís tranquilo, no te preocupás por pagar en alquiler

“El sueldo me alcanza para vivir bien y ahorrar para proyectos personales, me rinde más trabajar medio tiempo acá que ser jefe de área en Argentina”, subraya Luzzani, quien menciona que en Buenos Aires tuvo que “refugiarse en un trabajo de oficina” ante la crisis de la industria cinematográfica. Cuando llegó a Copenhague, trabajó de cajero en un conocido local de indumentaria, mientras ahorraba para complementar sus estudios en Estados Unidos y retomar su carrera como cineasta. Este mes comenzó a una consultora de inteligencia empresarial para el sector farmacéutico. “Cuando me vieron tomando mate se ofrecieron a encargarme la yerba que yo quisiera y pagármela así yo puedo tener lo que quiero mientras trabajo. En mi vida vi algo así”, remarca, entre los beneficios de su nuevo empleo.

Los jóvenes argentinos afirman que conseguir trabajo -no calificado- en esta ciudad es sencillo. Comparten entre ellos los mails de las empresas y agencias que suelen contratar personal y hay centros para desempleados donde pueden imprimir sin costo sus currículums. “El primer día salí por la peatonal a repartir CV’s y ese mismo día quedé en un restaurante”, recuerda Luciano Gasparini, de 25 años.

El joven porteño es licenciado en Comercio Internacional y trabaja en una empresa que gestiona las cuentas de usuarios de la plataforma de alquileres temporarios Airbnb. Dice que así ahorra hasta mil euros por mes “como mínimo”, incluso cuando destina su sueldo no solo al alquiler y la comida, también a viajar por el continente. Llegó con la visa de vacaciones de trabajo, y luego gestionó la ciudadanía italiana para quedarse por lo menos cinco años y estudiar un posgrado en Copenhague.

Inflación y seguridad

Hay un factor clave para el ahorro en Dinamarca: la inflación del 1,4%. “La leche está al mismo precio que hace dos años, cuando llegué”, grafica Luciano. “Hace poco aumentó el transporte, el mínimo que era de 12 coronas y ahora es de 12,80 y los daneses están como ‘¿qué onda?'”, agrega Sofía.

Además, resaltan que “casi todos los trabajos” son en blanco, como los de delivery, muy populares entre los extranjeros. “Acá se paga mucho impuesto, más de la mitad del sueldo va al Estado. Entonces conozco casos que les dicen ‘che págame la mitad en blanco, la mitad en negro’, y algunos daneses se enojan porque no estás ayudando al país. Entienden que pagan muchos impuestos, pero entienden que a través de esos impuestos todo funciona”, cuenta Luciano, sobre el país “menos corrupto del mundo”, según un informe de Transparencia Internacional.

Ese estado de bienestar danés también se traduce en seguridad. “Tranquilidad” es la palabra que usan los argentinos. “Como trabajo en delivery a veces me voy a comunas más alejadas y hay mucho bosque, sin luz, y de repente pienso ‘¿dónde estoy?’. Pero acá no sentís miedo. Incluso cuando viajo a otro país me siento vulnerable, me quiero volver; acá es tranquilo”, subraya Yanina.

Acá no hay inseguridad y la inflación no es un tema

“Las tapas de los diarios no tienen corrupción”, dice, con cierto asombro, Luciano, y cuenta que en general las noticias son de “pequeñas cosas”, como demoras en el transporte y la actividad de la familia real.”Es que acá no hay inseguridad y la inflación no es un tema”, confirma Yanina.

Mates y WhatsApp

Sofía Leguizamón (31) es licenciada en Comercio Internacional y llegó a Dinamarca en enero de 2017 para “viajar y conocer Europa”. Luego obtuvo la ciudadanía italiana y ya no tiene planes de volver a la Argentina. Entre su novio, danés -con quien vive-, y su hermano -Patricio, de 29 años-, a quien convenció de mudarse a Copenhague, es la que más convive con las dos culturas.

“Es muy difícil tener amigos daneses. Son muy amables, podés tener una charla amigable, pero no te integran. Incluso entre ellos les cuesta un montón, son re estructurados”, describe.

Los argentinos nos juntamos espontáneamente, con los daneses tenés que arreglar tres semanas antes

Todos coinciden en ese diagnóstico. Por eso entienden que Dinamarca sea considerado el segundo país “más feliz del mundo” porque “no hay estrés ni preocupaciones” pero no consideran que esa felicidad se traduzca en calidez.

“Los argentinos nos juntamos espontáneamente, con los daneses tenés que arreglar tres semanas antes”, agrega Luciano y en ese contraste es donde los argentinos se refugian entre ellos, generalmente contactados por grupos de WhatsApp y en persona, mate de por medio.

La ubicación nórdica de Dinamarca también pesa para quienes llegan desde “el fin del mundo”. Los argentinos coinciden en que lo “lo peor es la noche”, que durante el invierno dura más de medio día. “El primer mes trabajaba de 16 a 22 y entraba de noche. Almorzaba de noche. Me agarró angustia, no lo podía manejar. Después lo acepté, pero cuesta adaptarse”, cuenta Yanina.

Más allá del sueldo en euros, de viajar por Europa y también de la larga noche y la nostalgia, Tomás, que planea perseguir su sueño en Estados Unidos cuando termine su experiencia danesa, sabe que en algún momento volverá a vivir en su país, principalmente por su familia y amigos. “Las redes sociales y los smartphones ayudan, pero no hay sustituto para un abrazo. Y ese cariño que recibo también significa que quiero estar ahí cuando el otro me necesite”, dice.