Francisco Pascasio (perito) Moreno, hombre multifacético

Cuando nos referimos a famosos científicos argentinos, acuden a nuestra mente, nombres como el de Florentino Ameghino, Ambrosetti y más cerca en el tiempo, el del Dr. Luis Leloir, premio Nobel de Medicina o el de Bernardo Houssay, también premio Nobel.

Pero hubo otros científicos de primer nivel. Y a uno de ellos, que no todos conocen en profundidad su tarea –positiva y útil- me he de referir hoy. Su nombre: Francisco Pascasio Moreno. Más conocido como el Perito Moreno.

Fue el primer hombre que desde el Atlántico llegó al lago Nahuel Huapí. También a él le debemos la toma de conciencia del valor real de la Patagonia, a la que viajó muchos años seguidos con propósitos de investigación. Falleció en noviembre de 1919. Tenía 67 años.

Fue un hombre multifacético. El talento siempre lo es, así como la mediocridad siempre es unilateral. Y dije multifacético, porque fue diputado nacional y Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, antropólogo y paleontólogo.

Y también fue Jefe de la Comisión Argentina Demarcatoria de límites en el conflicto con Chile.

Su humanismo y su especial sensibilidad se revelaron con nitidez en su tarea en el Consejo Nacional de Educación. Y aquí, una anécdota que lo define:

El científico visitaba, en gira de inspección, una escuelita rural, cerca de Azul.

La directora lo acompañó hasta una de las aulas, que Moreno eligió al azar. Era un cuarto grado.

Reparó enseguida que los chicos vestían muy modestamente. La directora se dirigió durante 10 ó 15 minutos a los alumnos, refiriéndoles detalles de la personalidad del ilustre visitante. El Perito Moreno notó que uno de los pibes, en el último banco, dormía profundamente –y no sólo dormía, también roncaba- durante el discurso de presentación de la directora.

Esta, que notó el hecho, interrumpió sus palabras y envió al chico a la dirección diciéndole:

-“Eres un irrespetuoso, además de desatento. Tendrás una sanción muy severa”.

Moreno pidió luego a la directora que lo acompañara a ver al chico.

Entonces le preguntó:

-¿Te aburrió la Sra. Directora?.

-¡No! Dijo el niño, pálido y asustado. Y aquí la sospecha que sólo un alma noble pudo intuir.

-¿Te desayunaste hoy?.

-No, señor.

-¿Tenés hambre?.

-Un poco.

Moreno abrazó fuertemente al chico y no pudo ocultar una lágrima que disimuló rápidamente.

Y una lágrima puede decir más que un llanto.

Es que el hombre vale por lo que le hiere.

Cuando el Perito Moreno volvió a Buenos Aires, hizo reunir en su carácter de Vicepresidente, al Consejo Nacional de Educación y ordenó que se instituyera la copa de leche con un pancito a todas las escuelas que lo solicitaran.

Así nació tan noble iniciativa.

Pero son muchas las realizaciones de este hombre singular.

Creó los hoy tan difundidos jardines de infantes. También el Parque Nacional del Sur, una valiosa reserva argentina. Y un mérito adicional. Ese Parque Nacional, hoy llamado Nahuel Huapí, se formó con tierras donadas por este eminente investigador y humanista.

Fue también fundador en 1884, del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, del que fue director durante muchos años. Pero quería agregar solamente que fue un autodidacta. Todo lo aprendió por propia vocación de saber.

Incluso por no tener un título habilitante para ese cargo –y presentársele un problema en su tarea en el Consejo, el Presidente de la Nación, Sarmiento le “fabricó” –y perdónenme la expresión- le “fabricó”, un Doctorado Honoris Causa para salvarle el cargo.

Para finalizar, su sentido humanitario, su energía ilimitada y su sensibilidad, traen a mi mente este aforismo, que en justicia le corresponde. “Abrazar causas nobles, es abrazar hombres”.