El apagón masivo complicó los planes de los porteños por el Día del Padre

David Parsons caminaba con el diario La Nación debajo del brazo. Acababa de volver de misa en la iglesia La Redonda de Belgrano y de su habitual desayuno en la confitería Zurich. Su rutina de cada domingo se vio algo alterada. “No pudieron hacerme café con leche porque no andaba la máquina, pero por suerte había medialunas y té” , dijo el vecino de 83 años, que se tomó con algo de humor la falta de luz que sorprendió a millones de argentinos esta mañana. “En mi casa tampoco tengo gas hace 10 días, así que estamos como hace 500 años”, rió.

El apagón complicó para muchos el almuerzo del Día del Padre. El diluvio no ayudó.”Tengo la comida lista para ir al almuerzo en la casa de mi abuela pero no puedo sacar el auto del garage porque el portón solo abre con electricidad. Como si fuera poco, también tengo persianas eléctricas: estoy a oscuras en mi casa “, contó Juan Manuel Merola, quien salió a caminar para “ventilarse” bajo la lluvia.

Florencia Gutiérrez esperaba el colectivo sobre la avenida Cabildo con unas cajas de pasta fresca. Estaba yendo a la casa de su padre en Martínez, donde no sabía si ya había vuelto la electricidad.

“¿Hay luz en tu casa?”, ¿Vamos igual para allá?”, se consultó hasta último momento en los grupos de Whatsapp familiares para chequear si las reuniones seguían en pie. Gutiérrez, por las dudas, compró comida que se pudiera cocinar a gas. “Menos mal que tenía efectivo encima; si no, se hubiera complicado más”, se alegró.

En efecto, el local de La Juvenil de esa avenida pareció el gran ganador de la jornada: era el único negocio abierto en muchas cuadras a la redonda y trabajaba a tope. “Tenemos un generador y salvamos el almuerzo del Día del Padre”, dijo el cajero, ocupadísimo.

A unos metros, la confitería La Nueva Belgrano estaba casi tan llena como cualquier otro domingo por la mañana, solo que la gente elegía facturas y pan casi a oscuras. Ahí las ventas eran solo en efectivo.

Los restaurantes pudieron haber sido muy perjudicados en uno de los días en que más reservas tienen. Pero algunos recuperaron la electricidad justo antes del mediodía. “¡Por suerte acaba de volver la luz! -dijo Ángeles, del restaurante La Parolaccia de Avenida del Libertador y Sucre-. Algo atrasado, pero sigue en pie el almuerzo del Día del Padre”. Ahí toda la mañana se fue en atender llamados de comensales preocupados por las reservas.

En L’ Adessio, un restaurante italiano de Palermo, la falta de luz complicó la mañana. “Tuvimos que improvisar algo para la gente que se acercó, empezamos a sacar platos fríos”, explicó Ezequiel Dononi, que volvió a tener electricidad pasadas las 13 y estaba por entonces reacomodándose para un día ocupado. Las sucursales de Kansas de Palermo y Vicente López funcionaron con normalidad. En cambio, en La Cabrera nunca faltó electricidad, pero la complicación vino por la línea telefónica: hubo quienes hasta se acercaron caminando para verificar que la parrilla abriera al mediodía.

“No podíamos usar la balanza, ni la caja ni el posnet, fue bastante engorroso”, contó Silvana, de la Heladería Gruta, donde abrieron a las 11 para vender el helado que ya estaba hecho, que se puede conservar hasta 12 horas en unas conservadoras especiales. “Abrimos con el corte porque se podía vender lo de las heladeras, que no se echa a perder”, explicó.

Hubo quienes, con el correr de las horas, se preocuparon por el suministro de agua, incluso AYSA pidió que se la use racionalmente. También hubo temor por el contenido de los freezers.

“¡No puedo creer que justo ayer fui al supermercado y llené la heladera!, se lamentó María Luisa Sartori, jubilada.

El diluvio que confinó a todos dentro de sus casas no ayudó a quienes tuvieron que buscar actividades libres de pantalla para entretener a los niños.”Estamos desde las 8 jugando con playmoblis”, dijo Ezequiel Sosa, quien pasó un Día del Padre analógico. Cerca del mediodía volvió la luz a su hogar de Caballito, para felicidad de todos.

Lara Barbosa tuvo que bajar 20 pisos por escalera para poder salir del departamento en el que vive con su marido. Para ir al almuerzo familiar en Maschwitz esperaba un colectivo en Cabildo y Juramento. “El problema va a ser si no vuelve la luz a la tarde, ¡Voy a tener que subir los 20 pisos a pie!, se lamentó.

Por esa zona hubo cierto caos vehicular porque dejaron de funcionar los semáforos en una arteria muy concurrida. Poco después del mediodía volvieron a la normalidad.