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Sociedad

Después de una semana apareció Luly, la perra que se perdió en el trunco allanamiento en Villa Pueyrredón

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 «Luly» vivía junto al docente Carlos Arce y su familia en una casa situada en la manzana de Ladines y Constituyentes. En la mañana del 18 de julio, efectivos de la Policía Federal irrumpieron en ese domicilio para realizar un allanamiento. Los movimientos de los miembros de la fuerza, que incluyeron el derribo de la puerta principal, el vaciamiento de muebles y destrucción de electrodomésticos, asustaron a la perra que terminó ausentandose de su hogar, lo que generó la movilización de los vecinos en las calles y redes sociales para poder encontrarla. 

Luego de una semana en la que no habían rastros de Luly, se la ubicó por las vías de la estación Pueyrredón debajo del  andén y muy atemorizada.

El recate no fue fácil pero la perra ya está con su familia en su hogar.

Recordemos que el allanamiento que la policía efectuó el día en que Luly se escapó fue un error, ya que Carlos Arce, el dueño de la casa, no era a quién los efectivos del orden buscaban.

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Sociedad

Donación a cuatro comedores de la Villa 31.

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Se realizó en el destacamento número 5 y estuvo a cargo de Maximiliano Piñeyro que es Director de seguridad comunal de investigación criminal del Ministerio de Justicia y seguridad porteño, del Comisario Leandro Miguel quien es Jefe de la División del Barrio 31.

Supervisaron el hecho Roberto Ahmed (Comisario Mayor) y Mariano Nardi .(Comisario Inspector)

Piñeyro explicó que a cuatro comedores fueron donadas 4 bolsones grandes que contenían ropa buzos, camperas, pantalones, zapatillas, gorras, mochilas, pelotas e indumentaria deportiva para los equipos de fútbol femeninos y masculinos.

Las donaciones recayeron en los comedores de las Fundaciones “Padre Mujica” y “María Flora Tapia”, el Merendero “Caritas Sonrientes” y el Comedor “Martín Güemes”, adonde asisten en su mayoría chicos, aunque también adultos.

Miguel explicó que la elección de los receptores de esta primera donación de ropa “fue decidida entre el Juzgado del Dr. Lijo, la División Barrio 31-31 Bis y la Secretaría de Integración del Gobierno de la Ciudad”.

“Los vecinos recibieron con total gratificación las prendas y también es importante para nosotros, porque acerca a la Policía a los habitantes del barrio, fomentando cada vez más la función pacificadora para garantizar la seguridad de toda la gente de bien”.

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Sociedad

Crónica de una mañana en la que volvió la práctica de tenis

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«Estamos perdidos. No hay turno en ningún lado». El chat de mi cuñado Juan sonaba desolador: después de cinco meses de interminable espera, todas las canchas de tenis de Villa Pueyrredón, Villa Urquiza y aledaños estaban completas en el feriado. Al rato, llegó la buena noticia: un club casi en el límite con la avenida General Paz nos ofrecía el espacio que necesitábamos, pero con una condición. el turno era a las 7 y 30 de la mañana.

«No pasa nada», nos dijimos con Juan, habitual compañero en épocas en las que el tenis no estaba prohibido. Durante los días anteriores habíamos estado pendiente de los anuncios oficialesque, finalmente, autorizaron la práctica de deportes individuales en la Ciudad. No queríamos repetir lo que ocurriera dos semanas atrás, cuando Juan ya había comprado por internet pelotitas nuevas, confiado en una autorización que finalmente se postergó.

Pero el día del retorno llegó. Así que, cuando se hizo la hora, e intentando no despertar a mi familia, apronté el barbijo, el alcohol en gel, la raqueta y salí de casa. Una panadería abierta me hizo sentir un poco menos solo en las calles desiertas. Todavía estaba oscuro.

Al llegar al club, algunas dudas nos asaltaron. ¿Necesitamos seis pelotitas, tres para cada uno? ¿O con una cada uno alcanza? «No se preocupen, con dos bien marcadas alcanza», nos recibió el empleado, mientras nos tiraba alcohol vía spray y esbozaba una sonrisa debajo de su barbijo. Con una mezcla de temor e ignorancia, le pregunté si hacía falta jugar con el barbijo puesto. «No, para nada. Pongan cada uno sus cosas en un banco diferente, usen toallas distintas, respeten la distancia y salgan cinco minutos antes de la hora, así desinfectamos para los que vienen después», nos indicó.

Ya en el banco asignado, miré a mi alrededor: éramos los primeros (y únicos) en jugar en ese horario. «Cuidado, no te desgarres, andá despacio», me gritó el profesor luego de mi primer (e inútil) esfuerzo por alcanzar una bola muy esquinada. Al rato, el propio profesor comenzó a dar clases en la cancha de al lado, entre suspiros y una frase que sentí muy cercana: «¡Qué bueno esto! ¡Cuánto tiempo sin jugar!», se repetía. Su compañero de juegos prefería la ironía. «Bueno, ahora estamos mejor, porque en abril esto contagiaba mucho más, ahora no tanto», bromeó, mientras yo intentaba concentrarme en el partido que, de todos modos y al igual que antes de la cuarentena, perdería por paliza.

«¿Y? ¿Cómo la pasaron?», preguntó el mismo empleado cuando nos íbamos del lugar. Yo estaba con las piernas duras y casi sin aliento, mi compañero lo mismo. Pero volvimos, cada uno a su casa, felices de haber compartido un momento de esparcimiento, aún sin abrazos y con saludos a la distancia. Contentos, sobre todo, de haber comenzado a recuperar una rutina que, confieso, en algún momento consideré irremediablemente perdida.

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Volvieron las peluquerías a la comuna 12

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Tras un estricto protocolo volvieron las peluquerías a la comuna 12 después de 4 meses por el coronavirus. Se debieron cumplir protocolos de higiene, luego de 120 días a los peluqueros fue el primer dinero que les ingreso. Se dio todo de manera controlada.

Los peluqueros no tardaron en adaptarse al protocolo, no puede haber clientes esperando a ser atendidos.

Hubo mucha demanda la gente estaba enloquecida. Muchas peluquerías debieron cerrar tras la crisis , aclara un peluquero de Villa Pueyrredón que además sostuvo que los clientes ayudan porque traen su tapabocas, alcohol etc.

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