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Sociedad

Donación a cuatro comedores de la Villa 31.

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Se realizó en el destacamento número 5 y estuvo a cargo de Maximiliano Piñeyro que es Director de seguridad comunal de investigación criminal del Ministerio de Justicia y seguridad porteño, del Comisario Leandro Miguel quien es Jefe de la División del Barrio 31.

Supervisaron el hecho Roberto Ahmed (Comisario Mayor) y Mariano Nardi .(Comisario Inspector)

Piñeyro explicó que a cuatro comedores fueron donadas 4 bolsones grandes que contenían ropa buzos, camperas, pantalones, zapatillas, gorras, mochilas, pelotas e indumentaria deportiva para los equipos de fútbol femeninos y masculinos.

Las donaciones recayeron en los comedores de las Fundaciones “Padre Mujica” y “María Flora Tapia”, el Merendero “Caritas Sonrientes” y el Comedor “Martín Güemes”, adonde asisten en su mayoría chicos, aunque también adultos.

Miguel explicó que la elección de los receptores de esta primera donación de ropa “fue decidida entre el Juzgado del Dr. Lijo, la División Barrio 31-31 Bis y la Secretaría de Integración del Gobierno de la Ciudad”.

“Los vecinos recibieron con total gratificación las prendas y también es importante para nosotros, porque acerca a la Policía a los habitantes del barrio, fomentando cada vez más la función pacificadora para garantizar la seguridad de toda la gente de bien”.

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Sociedad

Convivencia Urbana virtual.

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Se ofrecen talleres, encuentros y espacios de reflexión que brindan herramientas para una mejor convivencia en la Ciudad. Esto lo realiza  desde el 2012 la Dirección de convivencia en la Diversidad. Esto es un camino que incluye al diálogo para la resolución de conflictos.

 Se trata de dispositivos como medida de conducta para aquellos que están en suspensión de juicio a prueba, libertad condicional, condenas en suspenso o juicios abreviados.

Para poder continuar con estos talleres que habían comenzado y que quedaron interrumpidos se adoptó un formato innovador de taller virtual. Se convocó a todas las personas que adeudaba encuentros y que podían participar de esta nueva modalidad.

Para concurrir uno de los requisitos fue contar con conexión a internet y dispositivos móviles para reproducir material audiovisual y poder participar en talleres llevados a cabo por zoom. para finalizar los talleres. Esto se realizó por vía telefónica y recabando mails de los y las participantes, a partir de quienes se hicieron cadenas de información y se dividieron grupos.

Así se generaron cuatro grupos de un total de 37 personas que pudieron acceder a la finalización de sus medidas de conducta por la vía virtual. En estos talleres semanales de un mes de duración y una frecuencia de una vez por semana se enviaron consignas con soporte audiovisual a resolver y entregar antes de los encuentros virtuales pautados en horario y día fijo para todo el grupo en conjunto.

Por otra parte, el 7 de octubre comenzará la primera camada que arranca desde el inicio el programa de Convivencia Urbana íntegramente virtual, destinado a 27 participantes inscriptos que nunca han tenido contacto con la Dirección General de Convivencia en la Diversidad. Se trata de un nuevo desafío ya que en los casos anteriores se trataba de talleres, que ya habían empezado y debieron suspender.

Para estos casos se adoptó una modalidad de contacto similar, en esta ocasión en articulación con la Oficina de Control, quien facilitó algunos de los correos electrónicos de los futuros participantes para agilizar las cadenas. Los oficios judiciales de los nuevos participantes son remitidos a la casilla justiciarestaurativa@buenosaires.gob.ar

Las temáticas que abordará el taller de Convivencia Urbana virtual buscará mantener el temario presencial, esto es: prejuicios, estereotipos, sesgos cognitivos, tipos de violencias, delitos y contravenciones, responsabilidad, culpabilidad, y posición de registro.

El objetivo es mantener e ir desarrollando el trabajo virtual con el taller de Convivencia Urbana, para volver a realizarlos de forma presencial en cuanto sea posible, para que todas las personas puedan participar.

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Sociedad

Desde el inicio de la cuarentena 1 de cada 3 mujeres sufrió violencia de género digital

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Desde que se inició el aislamiento en marzo crecieron este tipo de consultas. Una de cada tres mujeres sufrió violencia de género en las redes sociales.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) informó que, desde que se inició la cuarentena el 20 de marzo, se triplicaron las consultas por casos de violencia de género digital.

Según los dato de la Ciudad, el 59% de las mujeres fue objeto de mensajes sexuales y misóginos; el 45% suspendió el uso de las redes sociales; el 34% recibió mensajes con lenguaje o comentarios abusivos, y el 26% recibió amenazas directas y/o indirectas de violencia psicológica o sexual en las redes.

Lo digital es real, la violencia virtual también.

La violencia contra la mujer también puede ser virtual. Por eso es fundamental que prestemos atención para ayudar en el caso de que alguien lo necesite.

Éstas son las formas más comunes de violencia de género digital:

  • Controlar tus amistades en redes sociales y plataformas de mensajería instantánea.
  • Obligarte a compartir la ubicación en tiempo real constantemente, o instalar en tu celular aplicaciones de geolocalización para saber dónde estás.
  • Obligarte a enviar contenido erótico y/o pornográfico propio.
  • Filmarte o sacarte fotos en situaciones íntimas sin tu consentimiento.
  • Compartir contenido íntimo tuyo sin tu autorización.
  • Amenazarte cuando no respondés sus mensajes.

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Sociedad

Crónica de una mañana en la que volvió la práctica de tenis

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«Estamos perdidos. No hay turno en ningún lado». El chat de mi cuñado Juan sonaba desolador: después de cinco meses de interminable espera, todas las canchas de tenis de Villa Pueyrredón, Villa Urquiza y aledaños estaban completas en el feriado. Al rato, llegó la buena noticia: un club casi en el límite con la avenida General Paz nos ofrecía el espacio que necesitábamos, pero con una condición. el turno era a las 7 y 30 de la mañana.

«No pasa nada», nos dijimos con Juan, habitual compañero en épocas en las que el tenis no estaba prohibido. Durante los días anteriores habíamos estado pendiente de los anuncios oficialesque, finalmente, autorizaron la práctica de deportes individuales en la Ciudad. No queríamos repetir lo que ocurriera dos semanas atrás, cuando Juan ya había comprado por internet pelotitas nuevas, confiado en una autorización que finalmente se postergó.

Pero el día del retorno llegó. Así que, cuando se hizo la hora, e intentando no despertar a mi familia, apronté el barbijo, el alcohol en gel, la raqueta y salí de casa. Una panadería abierta me hizo sentir un poco menos solo en las calles desiertas. Todavía estaba oscuro.

Al llegar al club, algunas dudas nos asaltaron. ¿Necesitamos seis pelotitas, tres para cada uno? ¿O con una cada uno alcanza? «No se preocupen, con dos bien marcadas alcanza», nos recibió el empleado, mientras nos tiraba alcohol vía spray y esbozaba una sonrisa debajo de su barbijo. Con una mezcla de temor e ignorancia, le pregunté si hacía falta jugar con el barbijo puesto. «No, para nada. Pongan cada uno sus cosas en un banco diferente, usen toallas distintas, respeten la distancia y salgan cinco minutos antes de la hora, así desinfectamos para los que vienen después», nos indicó.

Ya en el banco asignado, miré a mi alrededor: éramos los primeros (y únicos) en jugar en ese horario. «Cuidado, no te desgarres, andá despacio», me gritó el profesor luego de mi primer (e inútil) esfuerzo por alcanzar una bola muy esquinada. Al rato, el propio profesor comenzó a dar clases en la cancha de al lado, entre suspiros y una frase que sentí muy cercana: «¡Qué bueno esto! ¡Cuánto tiempo sin jugar!», se repetía. Su compañero de juegos prefería la ironía. «Bueno, ahora estamos mejor, porque en abril esto contagiaba mucho más, ahora no tanto», bromeó, mientras yo intentaba concentrarme en el partido que, de todos modos y al igual que antes de la cuarentena, perdería por paliza.

«¿Y? ¿Cómo la pasaron?», preguntó el mismo empleado cuando nos íbamos del lugar. Yo estaba con las piernas duras y casi sin aliento, mi compañero lo mismo. Pero volvimos, cada uno a su casa, felices de haber compartido un momento de esparcimiento, aún sin abrazos y con saludos a la distancia. Contentos, sobre todo, de haber comenzado a recuperar una rutina que, confieso, en algún momento consideré irremediablemente perdida.

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