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La historia de Flores Porteñas, la panadería más antigua de Buenos Aires

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En el año 2003, Leonardo Messina había perdido gran parte de sus ahorros en el corralito y, con lo último que le quedaba, se animó a comprar una panadería en la Avenida Rivadavia 3229, con más historia de la que hubiera imaginado.

Su padre, un inmigrante italiano, había amasado en el Conurbano, en Nueva York y en la ciudad de Buenos Aires. Por eso, en aquellos días de crisis apostó a lo único que sabía hacer: facturas, rosquillas, medialunas y ensaimadas, la especialidad de la casa.

El 11 de noviembre, Messina cerró las puertas de Flores Porteñas (tal su nombre original) para refaccionar el local y subirle el techo. Cuando comenzó a sacar el cielo raso se encontró con que los dueños anteriores  habían tapado un vitraux que data de de finales del Siglo XIX. Fue como si hubiera abierto una puerta al pasado.

Días antes de tomar posesión, el vendedor le contó que la panadería había pertenecido a Josefina, una de las ocho hermanas de Domingo Faustino Sarmiento. De poco, Messina fue descubriendo en este lugar un verdadero arcón de los recuerdos. De repente supo que las medialunas que salían de ese horno, que cuenta más de un siglo, eran las preferidas de Perón. Y que en la década del 30, Julio Cortázar pasaba a merendar café con leche con ensaimadas cuando salía del Mariano Acosta, como lo hacía Leopoldo Marechal unos años antes.

Pero en el año 2015 Leonardo Messina recibió una nueva noticia: «Vinieron de la Legislatura Porteña porque Flores Porteñas es la primera panadería de la historia de Buenos Aires. Fue fundada en 1885». Para ese momento, Messina ya había superado la crisis que casi lo deja en la ruina y su negocio había recuperado el brillo de sus primeros años.

Cuando Infobae ingresa al local que ya cuenta 134 años, invade el aroma de las masas y el pan recién horneados. Entre las fotos de los primeros colectivos que surcaban la avenida Rivadavia a inicios del siglo pasado aparece una lata con la cara de tres jovencitas que se recortan como si fueran los pétalos de una margarita: «Son las hijas del primer dueño, de ahí surge el nombre de Flores Porteñas», cuenta Messina.

Las frutas secas y las avellanas rebalsan los pan dulces que se producen durante todo el año: «Obviamente, a fin de año surge la mayor demanda. Hay que jugársela: yo arranco con dos mil pan dulces y después vamos viendo cómo salen», explica el dueño. Y en una gran mesa aparecen las famosas ensaimadas que amaba Cortázar.

Cuando Messina llegó a Flores Porteñas cambió algunas costumbres de los dueños anteriores: «Antes abrían a las siete y media, pero yo veía que la parada del colectivo estaba llena desde las seis. Se estaban perdiendo no menos de 50 o 60 personas que empezaron a entrar al local», cuenta el panadero que hoy produce «entre 60 y 70 latas de medialunas cada día», según la jerga. ¿De cuánto estamos hablando? Hoy, la panadería más antigua de Buenos Aires vende unas seis mil medialunas por día. Claro que uno de los secretos es el precio: $ 90 la docena.

«El General quiere medialunas»

Ahora vamos al año 1949. En la Argentina gobierna Juan Domingo Perón. Salvador Messina (el padre de Leonardo) ese mismo año se sube al barco que lo traerá desde Sicilia a Buenos Aires. Pero sus caminos se cruzarían más tarde. Antes de llegar a la panadería cercana a la Plaza Miserere va a correr mucha agua bajo el puente. Pero Flores Porteñas ya goza de buena salud y está en manos de un español de origen mallorquín -la cuna de las ensaimadas- de apellido Matamalas.

Una mañana, un enviado del Gobierno llega a Flores Porteñas con un pedido de unas cuantas docenas de facturas para el Congreso y un agregado especial: «Media docena de medialunas de manteca para el General», decía el hombre que según escuchó Leonardo Messina se trataba del ministro de Trabajo: «Vivía por acá y venía a comprar seguido, hasta que una tarde hizo un pedido grande».

Al día siguiente, Matamalas mandó a su persona de mayor confianza a cumplir con el pedido de Perón: su sobrino de 14 años que iba a trabajar de pantalón corto y la raya del pelo como una cachetada para el costado.

«Yo me crié en esa panadería, entré de pibe y fui aprendiendo todo. Fui mozo, repartidor, estuve al frente del servicio y llegué a estar a cargo de todo el boliche. Me habré ido tres o cuatro años antes de la Libertadora», le cuenta Tomás Matamalas a ete medio que apenas rompe el silencio pero jura que quiere guardarse los detalles íntimos de su historia con el líder justicialista: «Nunca quise lucrar con eso: muchos me decían que le pidiera algo pero yo no soy así y nunca lo hice…».

De a poco, los recuerdos fluyen y Tomás se entusiasma y relata: «Iba todos los días a llevarle media docena de medialunas al General. Las quería dulces. Yo llegaba y se las daba a un maestranza que me permitía subir a saludarlo. Era muy cariñoso conmigo, muchas veces hasta pude verlo desayunar. Cada movimiento era un espectáculo en sí mismo», repasa el hombre que hoy tiene 84 años y recuerdos imborrables.

Y nos regala una anécdota más: «Una mañana tuve problemas con la furgoneta y llegué tarde. Cuando caigo, bajaba Perón por una escalera de mármol anchísima, de unos diez metros. Recuerdo la presencia del General con un traje blanco con unas estrellas doradas sobre su pecho, seguido por una comitiva enorme. Pero, cuando me ve, me increpa: ‘Eh, recién llegás: por culpa tuya me perdí el desayuno’, y amaga con darme con coscorrón en broma», dice Tomás.

¿Si recuerda algo más? «Para cerrar, Perón dice: ‘Señores, les presento al que me va a envenenar’. Y me mira: ‘¿Me vas a envenenar?’. ‘Cómo lo voy a envenenar, señor’, atiné a decir y todos reían. Yo te aseguro que, estas medialunas, él las comía directo no se las probaba nadie», cierra el hombre.

Unos años después, Tomás Matamalas dejó Flores Porteñas para entrar a la policía y tuvo un capítulo más junto a Perón: «El día de su caída yo estaba bajo bandera y me tocó escoltarlo antes de que se fuera al Paraguay. Nos dio la mano y nos agradeció a todos: ‘Esta es la Policía soñada'», recuerda entre lágrimas Matamalas.

Aquel día de septiembre del 55, Perón no sabía que le estaba estrechando la mano a su panadero amigo, el que le llevaba sus medialunas preferidas.

«Hay que ganar en la compra, no en la venta»

Son las siete de la tarde y Leonardo Messina sigue atrás del mostrador. Mientras habla con Infobae, cobra los pedidos: «Ochenta», le dice el cliente que se acerca con el paquete. Y él cobra. Messina no nos va a revelar los secretos de su pan dulce, sus sfogliatelle o sus medialunas. Pero nos tira un tip anticrisis: «¿Sabés cuál es mi secreto en estas épocas? Vos tenés que ganar en la compra, no trasladarle el precio en la venta a la gente».

Entonces cuenta que las cajas de grasa que algunos pagan más de 1.000 pesos él las ha rebajado en más de un 30 por ciento: «El año pasado compré las frutas de los pan dulces varios meses antes: cuando me las entregaron estaban un 40 por ciento más caras».

Leonardo tomó el oficio de su padre, Salvador. A los 5 años ya estaba en la cuadra haciendo medialunas. «Y a los 13 le dije a mi mamá que no quería estudiar más: al otro día mi viejo me levantó a las cinco y empezamos a cocinar. Tengo más de 40 años de de panadero», dice.

Arrancaron en Tablada pero después se fueron a Nueva York donde abrieron Ricci Bakery: «La sfogliatella la aprendí a hacer allá, con un panadero napolitano. Habíamos abierto un local gigante pero mi vieja no se adaptó a la ciudad y nos volvimos».

El papá de Leonardo, Salvador, falleció en 1993. Y hasta hace un año su mamá María se encargaba de la caja. pero hoy con 83 años prefiere que se quede en casa. «Este es un negocio que tenés que estar: yo me levanto a las cuatro y media y a las cinco y cuarto ya estoy en el negocio», cuenta Messina que tiene abierto su negocio de 6 a 21 los 365 días del año.»Bueno, el 25 de diciembre abrimos un poquito más tarde», se sincera.

Mientras los estantes se vacían de pan, del otro lado del ventanal la ciudad empieza a apagarse. Como si sonara ese tango de Carlos Gardel que dice «con un café con leche y una ensaimada/Rematás esa noche de bacanal»… Y hasta parecería inspirado en Flores Porteñas, la primera panadería de Buenos Aires.

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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