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El aliado

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Los motivos por los cuales tuve que transportar un canguro, hace ya más de veinte años, desde el zoológico porteño hasta la calle Tucumán del Once, con el correspondiente permiso municipal y sanitario, serían materia de otro relato. Hoy solo quiero ceñirme a la muy desventurada ocurrencia del chofer de aquel malhadado flete pagado por una productora cinematográfica.

Si mal no recuerdo esto era previo a la aparición del celular como soberano omnímodo de nuestras vidas, de modo que seguramente yo iba leyendo el diario en el asiento junto al chofer: en lugar de distraerse con el celular como hacen tantos conductores contemporáneos, arriesgando sus vidas y las nuestras, me hablaba. ¿De qué? No creo que del canguro, porque ya habíamos agotado el tema al encontrarnos en la puerta del zoológico. Supongo que de un River-Boca del cual yo aún conocía uno o dos jugadores, o alguna pista del resultado. Pero por el rabillo del ojo, atisbando entre la página de los chistes y las de espectáculos, notaba que el conductor no ponía especial reparo en respetar las normas viales.

En un momento le sugerí que bajara la velocidad, y chistó como si yo fuera un inspector de la ley seca. También le exigí que cruzara cuando el semáforo le indicara el verde, no en amarillo. Respondió que si me sentía tan molesto, me bajara, con el canguro incluido. Expliqué la imposibilidad de semejante maniobra: agregué que si no desistía de sus transgresiones, notificaría a la compañía. Contestó muy campante: “Soy el dueño”. En medio de una risotada de entre patotero y malevo, se cruzó injustificadamente delante de un colectivo y el colectivero apenas si pudo frenar. El resultado fue un impacto amortiguado, que no obstante dejó un bollo en la parte delantera del flete. Escuché al canguro saltar dentro de su jaula, en la parte trasera del vehículo, inquieto y cautivo, y por primera vez desde que lo habíamos subido a bordo me pregunté si habría nacido en Australia o en su celda porteña. El fletero abrió la puerta, se arremangó como para pelear, y me dijo: -Vení conmigo-.

-¿A dónde? -consulté-.

-A romperle la cara a este hijo de mil…

-Pero… – contrapuse-. Desde mi punto de vista, toda la culpa es suya. El colectivero se desplazaba razonablemente; usted, no.

-¿Arrugás?

A todo esto, el colectivero había juntado, no vi de dónde, lo que parecían ser todos los papeles del auto, y aguardaba, apoltronado sobre el volante, con una birome en la mano, a que el fletero a su vez presentara sus papeles. Había abierto las puertas traseras y delanteras, y los pasajeros bajaban, molestos, pero calmos. En esa instancia noté que el parabrisas trasero del colectivo, fileteado, lo presentaba al mundo como El Katanga. Por algún motivo, intuí que semejante apodo escondía un hueso duro de roer.

-No tengo ocasión de arrugar -respondí-. Bajo ningún concepto me pelearía con nadie en la calle. Pero muchísimo menos en estas circunstancias.

-¿De qué hablás? – me increpó el fletero-. ¡Estamos juntos en esta!

Veníamos en mí camión. Yo te llevaba. ¡Nos chocaron! Somos aliados. ¡Sos un cobarde! ¿Somos argentinos o no somos argentinos? ¡Estabas al lado mío, en mi mismo asiento, en mi camión! Estamos en el mismo bando.

En rigor, no usó la palabra cobarde, sino su sinónimo grosero. Pero con exactamente el mismo sentido.

Con aparente calma, insistí: -No estamos en el mismo bote.

Para mi gran sorpresa, el fletero sabía perfectamente de qué le estaba hablando.

-En 1941, cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor, Roosevelt le dijo a Churchill: ahora estamos en el mismo bote. Eso es lo que espero de vos ahora.

-Pues, no; pues, no – insistí-. La referencia es correcta. Pero la circunstancia histórica es completamente distinta. De hecho, usted se parece mucho más a los japoneses que atacaron Pearl Harbor que a Roosevelt o a Churchill.

-¡Claro que sí!- porfió el fletero-. Por supuesto. ¡Siempre a favor de quienes combaten contra el Imperio! ¡Siempre contra los yanquis, estén donde estén! ¡Pero eso no quita que sos mi aliado! Podemos pensar distinto, pero tenemos que pelear juntos. Cuando subiste al camión, yo te pregunté: qué hacés, como andás. Bien, me dijiste. ¡Eso es un pacto de sangre: somos camaradas en armas!

-Pensamos distinto- repetí-. Pero no vamos a pelear juntos, ni separados. De todos modos, quiero aclararle: Estados Unidos no era un Imperio. El Japón, por entonces, se autodefinía como tal. En cualquier caso, aquí termina nuestra travesía conjunta: voy a hablar con la policía para ver cómo transporto el canguro.

-¡Buchón!

-No, es un canguro- especifiqué-. Y no precisamente el boxitracio.

Por fin el colectivero se acercó con los papeles y la birome, con una templanza que no era habitual para mí encontrar en la calle. Su apodo El Katanga escondía un sentido más sutil que el deducido a primera vista.

El fletero, sin siquiera buscar sus datos, se puso en posición de riña.

-No te hagas el loquito, porque estoy preparado para quebrarte el cuello antes de que puedas cerrar un ojo -le advirtió el colectivero-.

Curiosamente, estas palabras morigeraron la furia del fletero. El Katanga fue capaz de disuadir al patotero sin pasar siquiera por la violencia.

-Sos un cobarde -musitó contra mí el fletero, mientras abría la guantera, buscaba los papeles del seguro y la cédula verde-. Me dejaste en banda. No tenes códigos. No sos del barrio.

El mismo fletero, con el camión abollado, terminó de depositar al canguro, y a mí, en el sitio preciso. Pero la historia continuó. Un tiempo después llegó a la productora una carta a mi nombre, escrita de puño y letra por el fletero. En ella ratificaba que habíamos compartido el viaje, que ambos habíamos sido chocados por el colectivero, y que mi actitud había sido rastrera y desleal. Lo había dejado en la estacada en el momento de emergencia. Nunca había conocido semejante canalla. ¿Viajaba cómodo cuando todo salía bien, pero huía ante la menor señal de peligro? Si alguna vez me volvía a encontrar, yo no saldría ileso. Durante muchos años permanecí reflexionando sobre la llamada a las armas del fletero. Y en cada una de esas remembranzas, sin sentido ni moraleja, se me aparecía el canguro saltando en la cajuela del flete, bajo el toldo verde. Como toda respuesta. Como la única conclusión. El viaje insólito de la existencia, sin principio evidente y con final incierto. Pero final.

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Parque Sarmiento bajo la polémica: vecinos denuncian ruidos hasta la medianoche

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La convivencia entre los espacios recreativos y el descanso de los vecinos vuelve a estar en el centro de la discusión en el barrio de Saavedra. En los últimos días, la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra volvió a visibilizar una serie de reclamos relacionados con los ruidos que se generan en sectores concesionados del Parque Sarmiento, especialmente durante la noche y fuera del horario habitual de cierre del predio.

Según denunciaron desde la entidad vecinal, las actividades desarrolladas en un espacio privado ubicado dentro del parque, frente a la calle Andonaegui, se extenderían de manera frecuente más allá de las 20 horas, horario establecido para el cierre del tradicional pulmón verde de la Comuna 12.

Las quejas se multiplicaron luego de la difusión de imágenes registradas cerca de las 22.20 horas, donde se observan actividades que, según los vecinos, generan gritos, bombos, silbatos, bocinas y otros ruidos que afectan la tranquilidad de quienes viven en las inmediaciones.

Un reclamo que suma cada vez más voces

Desde la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra sostienen que la problemática no se limita a hechos aislados, sino que se repite de lunes a lunes y en algunos casos se prolonga hasta pasada la medianoche.

Los vecinos aseguran que la situación impacta directamente en la calidad de vida de las familias de la zona, especialmente de adultos mayores, personas que trabajan al día siguiente, niños y también de las mascotas que suelen verse afectadas por los ruidos intensos.

A su vez, remarcan que el Parque Sarmiento es uno de los espacios verdes más importantes de la Ciudad de Buenos Aires y que debería preservarse como un lugar de recreación, deporte y contacto con la naturaleza, respetando las normas vigentes y el descanso de la comunidad.

Pedido de controles y cumplimiento de las normas

Entre los principales reclamos aparece la exigencia de mayores controles por parte de las autoridades y el cumplimiento efectivo de las regulaciones relacionadas con horarios y niveles de ruido.

Los vecinos también cuestionan aspectos vinculados al funcionamiento de algunas concesiones privadas dentro del predio y reclaman mayor transparencia respecto de los servicios utilizados y las condiciones bajo las cuales se desarrollan determinadas actividades.

Un debate que vuelve a instalarse en la Comuna 12

La discusión sobre el uso de los espacios públicos y las concesiones dentro de parques porteños no es nueva. Sin embargo, el reclamo surgido en Saavedra vuelve a poner sobre la mesa el equilibrio que debe existir entre las actividades recreativas, los emprendimientos privados y el derecho al descanso de quienes viven en los alrededores.

Mientras los vecinos continúan difundiendo imágenes y testimonios para visibilizar la problemática, esperan respuestas concretas que permitan recuperar la tranquilidad en uno de los espacios verdes más emblemáticos de la zona norte de la Ciudad.

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Gratis y en Villa Urquiza: gran show de tango en el CC 25 de Mayo

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El tango vuelve a tomar protagonismo en la agenda cultural porteña con una propuesta imperdible para los vecinos de la Comuna 12. El próximo viernes 8 de mayo a las 20 horas, la reconocida Orquesta del Tango de Buenos Aires se presentará en el histórico Centro Cultural 25 de Mayo, en el barrio de Villa Urquiza, con entrada gratuita y reserva previa.

Bajo la dirección del maestro Néstor Marconi, uno de los grandes referentes del género, el concierto contará con la participación especial del cantor Esteban Riera, quien aportará su impronta interpretativa a una noche cargada de emoción y tradición.

Un recorrido por los grandes clásicos

El espectáculo propone un viaje por algunas de las piezas más emblemáticas del repertorio tanguero, con arreglos especialmente pensados para esta formación. Entre los temas destacados se encuentran obras inolvidables como “Balada para un loco”, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer; “Sus ojos se cerraron”, de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera; y “Pa’ que bailen los muchachos”, del legendario Aníbal Troilo.

La propuesta también incluirá composiciones propias del director, como “L’Atelier” y “A la alta escuela”, además de una selección de obras de grandes referentes del género, consolidando un repertorio que combina tradición y actualidad.ImagenSube un archivo de imagen, elige uno de tu biblioteca de medios o añade uno con una URL.SubirBiblioteca de mediosInsertar desde una URL

Una orquesta con historia y prestigio

La Orquesta del Tango de Buenos Aires, creada en 1980, es un organismo estable dependiente de la Dirección General de Música del Gobierno de la Ciudad. A lo largo de su trayectoria, ha compartido escenario con figuras históricas como Roberto Goyeneche, Susana Rinaldi y Raúl Lavié, entre muchos otros.

Su calidad artística fue reconocida con importantes distinciones, entre ellas el Premio Konex de Platino y un Latin Grammy al mejor álbum de tango, consolidándola como una de las agrupaciones más destacadas del género en las últimas décadas.

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Emprendedores en el Colegio Cristo Rey con entrada gratuita

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El barrio de Villa Urquiza vivirá una jornada especial este sábado 13 de septiembre, cuando el Colegio Cristo Rey, ubicado en Quesada 5228, abra sus puertas para recibir a vecinos, vecinas y visitantes en una nueva edición de la Feria de Emprendedores.

El encuentro tendrá lugar de 12 a 18:30 horas, con entrada libre y gratuita, y busca ser una tarde llena de creatividad, productos únicos y el entusiasmo característico de los emprendedores barriales.

Un espacio de encuentro para la comunidad

Las ferias barriales se han consolidado en los últimos años como verdaderos motores de la vida comunitaria. En este caso, el Colegio Cristo Rey será el espacio donde los vecinos podrán recorrer stands con artesanías, manualidades, productos innovadores y propuestas originales, además de disfrutar de un clima familiar y amigable que fomenta la interacción social.

“Será una jornada especial para compartir en comunidad y apoyar a quienes todos los días ponen esfuerzo y pasión en sus proyectos”, señalaron los organizadores de la feria, que invitan a acercarse con amigos y familia para disfrutar de una propuesta diferente en Villa Urquiza.

Beneficios para emprendedores y artesanos

Este tipo de ferias cumplen un rol fundamental en la economía de los feriantes y artesanos, ya que ofrecen un canal de venta directo, permitiéndoles dar visibilidad a sus productos y fortalecer sus marcas frente a un público diverso.
Entre los principales beneficios se destacan:

  • Visibilidad y ventas: la posibilidad de exhibir creaciones directamente al consumidor, generando ingresos inmediatos.
  • Retroalimentación: un espacio ideal para recibir opiniones y comentarios que ayudan a mejorar la calidad de los productos.
  • Conexiones estratégicas: la oportunidad de vincularse con otros emprendedores y generar futuras colaboraciones.
  • Refuerzo de marca: una plataforma para consolidar la identidad y dar a conocer las propuestas a un público más amplio.

Y más allá del aspecto económico, las ferias de emprendedores también cumplen una función clave en la construcción de identidad barrial, en este sentido, la feria del Colegio Cristo Rey se presenta como una herramienta de integración y desarrollo local, con beneficios concretos:

  • Identidad local: refleja el talento, la creatividad y el espíritu de trabajo de los vecinos de Villa Urquiza.
  • Promoción cultural: rescata el valor de lo artesanal y lo hecho a mano, promoviendo la cultura de cada puestero que participa.
  • Atracción de visitantes: abre la puerta a que personas de otros barrios se acerquen y participen.
  • Lazos comunitarios: fomenta el encuentro, el intercambio y la colaboración entre vecinos.

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