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"En Estonia declaré mis impuestos en 18 segundos y en Buenos Aires tardé una hora en Migraciones"

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«Este año declaré mis impuestos en 18 segundos en Estonia y cuando aterricé en Buenos Aires pasé una hora en la fila de Migraciones» dijo Marten Kaevatz e hizo estallar de risa al auditorio de la Usina del Arte. Invitado especial de Deep Digital, una jornada intensiva sobre transformación digital que se realizó el miércoles pasado por primera vez el en el país, en apenas dos segundos mostró el largo camino que hay que recorrer si queremos parecernos al país europeo.

Marten tiene 34 años y es asesor digital del país más digital del mundo. De traje, pelos parados y unos inusuales zapatos con espacio para cada dedo del pie, explicó que en Estonia las tres únicas cosas que no se pueden hacer de forma online son casarse, divorciarse y comprar una casa. Solo desde el teléfono se puede votar, presentar impuestos, crear compañías y sacar turno en el hospital. ¿El objetivo nacional? Reducir al máximo posible la burocracia.

Un ejemplo sencillo de cómo funcionan las cosas en Estonia se da en el nacimiento de un bebé. Apenas nace en el hospital, se le asigna un número que dispara automáticamente una catarata de servicios. Los padres reciben un mail de felicitación en el que pueden ingresar el nombre elegido y que detalla la ayuda económica estatal que recibirán. En el mismo correo electrónico también se informa la guardería que el gobierno preseleccionó para el bebé, y que se puede cambiar siguiendo un link.

«Los servicios que prestamos desde el Estado son invisibles y están completamente automatizados. La idea es que si alguien tiene derecho a obtener algo del gobierno, se le provee automáticamente sin que tenga que solicitarlo», explica Marten.

-¿En Estonia no contratan contadores para declarar impuestos?

-(Se sorprende) ¡Nonono! De ninguna manera, lo puedo hacer sólo y en 18 segundos. Creo que en toda mi vida nunca me tomó más de 15 minutos presentarlos. Ahora mismo estamos probando un sistema llamado «impuestos 3.0» para que las pequeñas y medianas empresas nunca tengan que contratar un contador. Al menos no tendrían que declarar impuestos manualmente, porque todo se hará de forma automática.

-¿Y no necesitan abogados para registrar compañías?

-¡No! En Estonia podés abrir una empresa en 10 minutos de forma online. Solo tenés que saber el nombre de la empresa y la dirección.

-En Argentina acabamos de lanzar el DNI digital (En Estonia se aplicó en el 2002). ¿Estamos no menos de 20 años atrasados en digitalización?

-Sí, pero más que nada porque esto se trata de un cambio cultural. Uno puede comprar tecnología y aplicarla rápidamente. Pero cambiar la cultura toma tiempo, especialmente la mentalidad propia de los aparatos burocráticos. No lo sé, ¿la gente aquí entiende el sentido de la urgencia y la necesidad de cambios? Probablemente no. Eso es lo que tiene que cambiar y eso es lo más difícil.

-Si puedo comenzar un trámite de forma online, pero en algún momento tengo que acercar un papel físico a una dependencia oficial. ¿Es un fracaso digital?

-Si, hablamos de algo digital cuando podemos confiar en que la fuente de la información esté en un dominio digital. Y el motivo por el que muchas veces la gente tiende a necesitar ver los papeles impresos es porque confían en que eso es lo seguro. Los estonios ya no confiamos en las firmas en papel, ahora solo las usamos cuando queremos falsear un documento. Por ejemplo, los impuestos se presentan el 20 de cada mes. La única razón por la que querría presentarla en papel es si me paso de la fecha, lo entrego el 24 y firmo como si fuera el 20. Si lo hiciera en digital no puedo mentir. Nuestra cultura ya cambió y ahora no confiamos en los documentos firmados en papel.

-¿Es costoso rediseñar digitalmente todo un Estado?

-No, en absoluto, es muy barato. Básicamente, porque los sistemas basados en papel son muy ineficientes. Si tomás buenas medidas de seguridad y rediseñás completamente el sistema (simplemente transformar un papel en un correo electrónico no cuenta como rediseñar el sistema), es barato. El único motivo por el que comenzamos la digitalización en Estonia es porque no teníamos el dinero para construir el aparato burocrático que tienen la mayor parte de los países, donde hay muchos papeles y mucha gente tomando café todo el día. Somos una nación pequeña de 1.3 millones de personas que tiene que mantener un sistema educativo, uno de salud, un ejército. Tenemos un incentivo muy grande para hacer las cosas eficientes y baratas, en el que ser digital pareció la única opción.

-¿Es posible digitalizar un país en el que gran parte de la economía se mueve en negro?

-En un punto Estonia hizo obligatorio que todos los salarios se pagaran en cuentas bancarias, así que desde entonces básicamente cada ciudadano tiene una. Eso hizo que disminuyera muchísimo la economía en negro. De hecho hoy tenemos el menor porcentaje de informalidad de todos los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Estamos basados en la transparencia: todo lo que pueda serlo, lo es. Y volviendo a los impuestos, pasa lo siguiente: es tan fácil hacerlo por internet que ¿por qué no lo harías? Luego como todos los sistemas son transparentes, si querés esconder algo probablemente se haga público en algún momento.

-¿Cómo se ve en la vida cotidiana que internet se considera «un derecho humano» en Estonia? ¿Es público y gratuito?

-No es gratis, pero hay cobertura en todas partes, diría que hay internet en el 99.9% del territorio. Tenemos bosques enormes y un montón de islas en las que no vive nadie, pero ahí también hay 4G

-Imagino que el camino de la digitalización comenzó con muchos otros derechos humanos ya cubiertos

-La base siempre es la educación. Cuando comenzamos con la digitalización en los noventas éramos realmente pobres, porque habíamos recién recuperado nuestra independencia de la Union Sovietica. Nuestra economía estaba basada en la agricultura y nuestro principal comprador había desaparecido. La gente no tenía nada de plata. En ese momento una de las primeras cosas que hicimos fue llevar internet de cable a las escuelas para empezar con la educación digital. Y esto fue la clave, básicamente educamos a los pobres y a los viejos en términos de lograr que la gente usara las computadoras ya en los noventas. Y esto creó un sentido de confianza hacia la tecnología, en el sentido en que la gente comenzó a usarla.

-¿Cómo se protege la información en el mundo digital?

-Tratamos de no poner todos los huevos en la misma canasta y usar un mismo servidor para todo, porque si hay un problema perdés todo. En Estonia utilizamos una arquitectura distribuida: el sistema tiene 651 organizaciones que comparten una sola infraestructura para intercambiar información. Cada uno tiene una pequeña parte de la data de la que es responsable. La oficina de tránsito nada más sabe mi número de documento, que tengo una licencia tipo B y que tengo un auto. Pero no sabe mi nombre, dirección y estado civil. Cuando quiero renovar la licencia le pregunta al registro de la población mi data personal, al de salud si estoy apto para manejar y la aplicación para renovar la licencia ya me viene prellenada por mail, solo completo dos cosas y ya está. Esto es más un cambio cultural que uno tecnológico. Un principio muy importante de la arquitectura es que si ya di parte de mi perfil personal al gobierno, ellos no deberían pedirme la información de vuelta.

-Mucha gente tiende a ver con temor la relación entre la información que tiene el gobierno y el control. ¿Cómo se combate esto?

-Nuestra diferencia con los sistemas del estilo Gran Hermano como el que se aplica en China es que aquel está basado en el control, el nuestro está basado en la confianza. Te diría que los estonios no confían en los políticos, pero sí lo hacen en el sistema. Porque la digitalización fue hecha por ciudadanos civiles, los políticos van y vienen. Y es muy importante que los planes estratégicos y las implementaciones no cambien: no se puede construir una cultura digital si el próximo tipo destruye todo lo anterior. Entonces se trata de que Argentina decida qué tipo de leyes de privacidad quiere tener. Todos juntos, la izquierda, la derecha y todos los partidos tienen que decidir quién es el dueño de la data: si las personas, el gobierno o las corporaciones. En Estonia creemos que cada humano es dueño de su información. Luego en cuanto a lo tecnológico utilizamos blockchain (un registro compartido por todos los habitantes), de manera que todos los ciudadanos pueden ver quién miró su información, por qué y para qué. Esto nos da transparencia, algo que no podés hacer en un mundo de papel. El blockchain mantiene la integridad de la información.

-Aparte del costo, ¿cuál es el objetivo de reducir al máximo la burocracia?

-Que básicamente no deberíamos hacer a la gente competir con máquinas o robots que pueden hacer algunas cosas mucho mejor. Deberíamos enseñarles otras cosas en las que los humanos son buenos -como la creatividad, enseñar, actividades sociales- porque el sentido del trabajo está cambiando muy rápidamente. Todos los taxistas de Buenos Aires van a estar desempleados en 10 o 15 años con los vehículos autónomos de todas formas. ¿Por qué no aprender algo nuevo en vez de luchar? El problema con los gobiernos y la digitalización es que hay demasiada gente que trabaja en el estado y esa gente tiene miedo de que sus empleos desaparezcan. La cuestión es si va a haber empleados estatales en la calle ahora o si la Argentina va a desaparecer en 20 años. Bueno, no desaparecer, pero cuando nuestros hijos tengan 20 años no van a aceptar pararse en una fila para esperar algo, porque las expectativas ciudadanas van cambiando. Y si para entonces hay que esperar 50 minutos en la cola de Migraciones, lo lamento, pero harán sus transacciones de negocios a través de sitios web y en otros países más fáciles para ellos.

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Saavedra

Una huerta de Saavedra que cosecha reconocimiento internacional

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En medio del movimiento cotidiano de Saavedra, entre canchas de tenis, pádel y espacios deportivos, en la calle Galván 3920 existe un rincón verde que logró trascender las fronteras del barrio. Se trata de una huerta urbana de casi mil metros cuadrados que, por su propuesta y forma de trabajo, llamó la atención de uno de los medios periodísticos más importantes de España.

El diario El País publicó en septiembre un artículo sobre esta experiencia impulsada por el Grupo Mezcla, la empresa gastronómica responsable de los restaurantes Casa Cavia, Asadero y Orno. La iniciativa comenzó en 2020, cuando un terreno que hasta entonces permanecía como un espacio de césped sin utilizar fue transformado en un lugar de producción agroecológica.

Allí se cultivan distintas variedades de verduras, hortalizas y hierbas aromáticas que luego recorren unos pocos kilómetros hasta las cocinas de los restaurantes. Tomates de árbol, puerros, lechugas, kale, remolachas y hasta cucamelones forman parte de una producción que busca incorporar ingredientes diferentes y aprovechar los alimentos propios de cada estación.

Saavedra y una huerta que conecta la tierra con la gastronomía

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que no se limita a producir alimentos. La huerta funciona como un espacio de intercambio entre ingenieros agrónomos y cocineros, que participan en la planificación de cada temporada, proponen cultivos y experimentan con nuevos productos.

Marcela Harris y Christian Krizaj, ingenieros agrónomos vinculados al proyecto desde sus comienzos, acompañan el desarrollo de los cultivos y trabajan junto a los equipos gastronómicos para definir qué sembrar y cómo aprovechar cada cosecha.

Para los chefs, tener los ingredientes a pocos metros de distancia permite conocer de primera mano sus características, respetar los tiempos naturales de producción y diseñar platos de acuerdo con la disponibilidad de cada temporada.

La experiencia también deja una enseñanza que va más allá de la gastronomía: conocer el origen de los alimentos, comprender cómo se producen y valorar el trabajo que existe detrás de cada ingrediente.

Más espacios verdes y agricultura dentro de la Ciudad

La publicación de El País vuelve a poner en escena una experiencia que tiene como protagonista a Saavedra y que demuestra que la agricultura también puede encontrar su lugar dentro de una gran ciudad.

En Buenos Aires, las huertas urbanas y comunitarias vienen ganando espacio como alternativas para recuperar el contacto con la naturaleza, promover prácticas sustentables y generar nuevas formas de relacionarse con el entorno.

Para los vecinos de la Comuna 12, esta experiencia es un ejemplo interesante de cómo un espacio urbano puede transformarse y adquirir una nueva función. En una ciudad donde cada metro verde tiene un valor especial, iniciativas como la de Saavedra permiten imaginar otras maneras de aprovechar la tierra, producir alim

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Coghlan

Coghlan recibe a más de 200 jóvenes de 20 países para el Congreso Internacional Ana Frank

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El barrio de Coghlan tendrá durante varios días una importante presencia internacional. Más de 200 jóvenes provenientes de distintos puntos del mundo llegarán a Buenos Aires para participar de la tercera edición del Congreso Internacional Ana Frank de Jóvenes para Jóvenes, una propuesta que encuentra en la memoria histórica una herramienta para pensar el presente y construir un futuro con mayor respeto por las diferencias.

La sede principal será el Centro Ana Frank Argentina para América Latina, ubicado en Superí 2647, una institución que desde su inauguración en 2009 trabaja para mantener vigente la historia de Ana Frank y promover la educación en derechos humanos, la inclusión y la prevención de la discriminación y la violencia.

Éste encuentro para los vecinos representa también una oportunidad para reconocer la importancia de contar con una institución de estas características en el barrio, que recibe visitantes, estudiantes y delegaciones de distintos lugares para transmitir una historia que la humanidad no debería olvidar.

Memoria, derechos humanos y participación juvenil

La programación, que se extenderá hasta el 7 de noviembre, estará organizada alrededor de siete grandes ejes. Entre ellos se encuentran la memoria del Holocausto, otros genocidios y las dictaduras; el arte como forma de resistencia; la convivencia y la cultura de paz; los derechos de las mujeres y las diversidades; la participación juvenil frente a los desafíos ambientales y la inclusión social y educativa.

También habrá espacio para discutir el papel de la inteligencia artificial en la educación, la comunicación y el futuro laboral, una temática que atraviesa especialmente a las nuevas generaciones.

La apertura oficial está prevista para el miércoles 4 de noviembre a las 8.45 en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, ubicado en Viamonte 1549. Participarán autoridades nacionales e internacionales y se entregará el Premio Ana Frank a Ronald Leopold, director de la Anne Frank House de Ámsterdam. Además, se firmarán acuerdos de cooperación con Uruguay y la provincia de Misiones.

Un espacio de Coghlan que mantiene viva la historia

El Centro Ana Frank Argentina representa en América Latina a la institución de Ámsterdam dedicada a preservar la memoria de la joven que murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen, después de permanecer escondida junto a su familia durante la persecución nazi.

Su historia, conocida mundialmente a través de su diario, sigue siendo una referencia para reflexionar sobre el odio, la intolerancia, la persecución y las consecuencias de la discriminación.

Que más de 200 jóvenes de 20 países se reúnan alrededor de estos valores en el corazón de Coghlan no es un dato menor. En tiempos en los que la violencia, los discursos de odio y las divisiones sociales siguen presentes, estos espacios educativos y de intercambio recuerdan que la memoria no debe quedar encerrada en los libros: necesita transmitirse, discutirse y mantenerse viva entre las nuevas generaciones.

Desde la Comuna 12, la presencia de este centro constituye un motivo para valorar una institución que, desde el barrio, trabaja todos los días para que una de las etapas más oscuras de la humanidad nunca sea olvidada.

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Comuna 12

Semana del Patrimonio 2026: actividades gratuitas en Saavedra y Coghlan

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La historia de los barrios también se conserva en los libros que pasaron por las escuelas, las caricaturas que reflejaron la política de otras épocas y las estaciones ferroviarias que acompañaron el crecimiento de Buenos Aires. Con esa mirada, la tercera edición de la Semana del Patrimonio ofrecerá actividades gratuitas para acercar a los vecinos a los espacios y relatos que forman parte de la identidad porteña.

En la Comuna 12, las propuestas se concentrarán en Saavedra y Coghlan, con encuentros que invitan a mirar el pasado desde lugares conocidos y reconocer el valor cultural que permanece cerca de casa.

Museo Saavedra: libros escolares y caricaturas políticas

El Museo Histórico Cornelio de Saavedra, ubicado en avenida Crisólogo Larralde 6309, será una de las paradas de la programación.

El miércoles 4 de noviembre, a las 17, se realizará la charla “Libros y lecturas escolares de un siglo a otro”, un recorrido por los textos utilizados en la escuela primaria argentina desde mediados del siglo XIX hasta fines del siglo XX. La propuesta permitirá conocer cómo cambiaron los contenidos, los materiales y las formas de enseñar a lo largo de las generaciones.

El viernes 6, también a las 17, llegará “Algo más que risas: caricatura, política y prensa en la Buenos Aires del siglo XIX”. A cargo de Claudia Román, doctora en Letras de la UBA, la actividad analizará el papel de las caricaturas en los medios de comunicación de aquella época y su influencia en la formación de la opinión pública.

Coghlan: una búsqueda entre el pasado y el presente

La estación de Coghlan, uno de los lugares más hermoso y emblemático del barrio, será escenario de una experiencia participativa organizada por la Asociación Amigos de la Estación Coghlan, con sede en Estomba 2649.

Bajo el nombre “La búsqueda de Coghlan en el tiempo”, la propuesta invita a descubrir historias y secretos del patrimonio ferroviario y relacionarlos con la identidad actual de la zona.

Habrá dos oportunidades para participar: el viernes 6 de noviembre, a las 14.30, y el sábado 7, a las 16.

Una oportunidad para valorar el patrimonio barrial

La Semana del Patrimonio se desarrollará en distintos puntos de la Ciudad, con visitas guiadas, talleres, charlas y recorridos por edificios históricos. La mayoría de las actividades serán gratuitas, aunque algunas requieren inscripción previa.

Para los vecinos la agenda representa una oportunidad para conocer mejor el lugar donde viven y reconocer que el patrimonio no está solamente en los grandes monumentos: también permanece en las instituciones, los espacios ferroviarios, los documentos y las historias transmitidas de generación en generación.

Participar de estas propuestas permite mantener viva la memoria de los barrios y comprender por qué conservar su historia resulta fundamental para las próximas generaciones.

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