Sobre la Avenida 9 de julio, a una cuadra de la escuela 41, vive Enzo Orrillo, de 11 años. Acaba de llegar del hospital porque ayer estuvo adentro del micro que se accidentó en la ruta 2. Él solo se lastimó la muñeca. Ahora anda descalzo y camina por el patio delantero de su casa. Su testimonio va en línea con lo que declaró Alberto Maldonado, el chofer del ómnibus. Ambos dijeron haber sentido un pequeño salto antes del vuelco.
«Soy Enzo, por Francescoli. Yo iba adentro del micro junto a mis compañeros rumbo a Mundo Marino. Estoy bien de ánimo, no estoy asustado. Del accidente me acuerdo que agarramos como una lomita al tomar la curva, el colectivo derrapó un poco y luego agarró otro desnivel y volcamos», dijo.
Mientras que el conductor declaró frente al fiscal Jonatan Robert que él no venía usando celular, ni tomando mate. Dijo que no se quedó dormido y que cumplió con las normas de seguridad. Culpó al mal estado de la ruta y admitió que, tras tomar un salto, sintió una explosión de un neumático y «el volante quedó loco».
Declaración
De acuerdo a su declaración: «Antes de llegar al kilómetro 141 de la ruta dos, hay como un puentecito y yo siempre lo paso del lado izquierdo, porque tiene como un salto, hay un desnivel de la ruta en ese lugar. Si paso por ahí el neumático golpea y los pasajeros se despiertan».
Mercedes Talavera, de 42 años, es la madre de Enzo. Ella agradece que él esté bien, aunque dice no tener consuelo por lo que sucedió con las dos chicas fallecidas y el resto de los compañeros que aún están en grave estado.
«Solo tiene un hematoma por suerte. Yo me enteré por el grupo de WhatsApp, fui con el auto de otra mamá y no teníamos el dato de que Enzo estaba bien. Por suerte él pudo pedir un celular y llamarme. Pero las madres de mujeres estaban desesperadas porque habían dicho que las fallecidas eran niñas. No hay consuelo», dice Talavera.
En el Hospital Municipal de Chascomús hay cinco menores que habían quedado en observación y serán dados de alta hoy. En el Hospital Eva Perón de San Martín, queda internada una niña en terapia intensiva, a quien le amputaron una pierna. En tanto, en el Hospital Ludovica de La Plata, donde había internados tres menores, el niño que ingresó con traumatismos graves en ambos brazos se encuentra estable y lúcido. De las niñas en ese hospital, una ingresó con traumatismo encefalocraneano moderado y ya se encuentra lúcida en una sala de terapia Intermedia. La otra sufrió un traumatismo de cráneo moderado. En Hospital El Cruce, de Florencio Varela, permanecen internados un menor y un adulto, y habrá novedades acerca de su estado después del mediodía. Los tres niños que habían llegado hasta el Hospital Materno Infantil de Tigre evolucionan favorablemente.
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Villa Urquiza tendrá un nuevo espacio verde público junto al principal nodo de transporte de la zona. El Gobierno de la Ciudad presentó el proyecto para transformar el antiguo predio ferroviario ubicado entre las avenidas Triunvirato y Franklin D. Roosevelt, las vías del ferrocarril Mitre y la estación Juan Manuel de Rosas de la línea B.
La intervención contempla la incorporación de 5.920 metros cuadrados de superficie verde y una renovación de más de 9.700 metros cuadrados de espacio público. Según la Ciudad, la obra beneficiará de manera directa a más de 50 mil vecinos y personas que circulan diariamente por este punto de Villa Urquiza.
Uno de los objetivos principales es que el nuevo parque no quede aislado, sino que se conecte con la cercana Plaza Casal y forme un corredor verde dentro del barrio. Para eso se ampliarán veredas, se mejorarán los recorridos peatonales y se trabajará sobre la accesibilidad en un área por la que pasan miles de pasajeros del subte y del tren.
Árboles, sombra y espacios para quedarse
El proyecto prevé conservar los árboles existentes y sumar nuevas especies. También habrá sectores de sombra, bancos, cestos y postas aeróbicas para quienes quieran utilizar el lugar para descansar o hacer actividad física.
En la esquina de Triunvirato y Roosevelt se demolerán las actuales estructuras de hormigón para liberar el terreno y darle lugar al parque. Además, se colocarán nuevas farolas peatonales destinadas a mejorar la iluminación de los caminos y aportar mayor seguridad durante el uso cotidiano del espacio.
El diseño también incorpora sectores preparados para ferias barriales y actividades culturales, una posibilidad que puede darle al lugar un uso comunitario más allá del paso hacia el subte o el ferrocarril.
Otro aspecto previsto es el manejo del agua de lluvia. El parque tendrá un sistema de drenaje urbano pensado para favorecer la absorción del agua y reducir la acumulación durante las precipitaciones.
Un parque conectado con el tren y el subte
Para los vecinos que utilizan el transporte público, uno de los cambios más visibles estará en las conexiones peatonales. El nuevo espacio quedará integrado con la estación Juan Manuel de Rosas de la línea B y con la estación Villa Urquiza del ferrocarril Mitre, formando un recorrido más continuo entre ambos medios de transporte.
La propuesta, además, busca conservar parte de la historia del lugar. La identidad ferroviaria del predio será incorporada al diseño mediante la preservación de elementos estructurales vinculados con su pasado.
Según informó el Gobierno porteño, el proyecto fue discutido en tres encuentros participativos con vecinos de la Comuna 12. Allí se recibieron propuestas que, de acuerdo con la Ciudad, fueron incorporadas a la versión final.
Para Villa Urquiza, la transformación de este terreno ferroviario representa así la aparición de un nuevo espacio público en una zona de enorme movimiento cotidiano, con más verde, lugares para permanecer y una conexión directa con la Plaza Casal, el subte y el tren.
En Saavedra hay una panadería que lleva el nombre del barrio mucho más lejos de sus calles. Se trata de Artiaga, el tradicional comercio de Zapiola 4782, que acaba de ser distinguido internacionalmente por su trayectoria y por la elaboración artesanal de sus productos.
La revista británica LUXlife le otorgó el premio “Heritage Craft Bakery of the Year 2026 – Argentina”, un reconocimiento que pone en valor la historia, la elaboración tradicional y el trabajo sostenido de la familia detrás del negocio.
La historia de Artiaga está ligada al barrio desde hace décadas. El horno que todavía forma parte de la producción fue fabricado en 1931, mientras que en los años 80 Antonio Rodríguez y su esposa Alba, inmigrantes que apostaron por el comercio de cercanía, adquirieron el local. Hoy la tercera generación continúa al frente.
De Saavedra a los grandes escenarios de la panadería mundial
El reconocimiento británico se suma a una trayectoria que ya tuvo capítulos importantes fuera del país. En 2025, el equipo argentino consiguió el subcampeonato en el Mundial de Panettone de Italia, realizado entre Verona y Milán.
Además, el grupo obtuvo nueve premios internacionales en esa edición y acumuló 15 reconocimientos internacionales relacionados con este producto.
Entre las especialidades de Artiaga aparecen los panettones preparados con masa madre y fermentaciones largas, además de productos que forman parte de la identidad propia de la casa. Uno de los más curiosos es “la paracaidista”, una factura que nació, justamente, a partir de un error al cortar la masa de las medialunas.
También recibió reconocimientos nacionales como Mejor Panadería Clásica Argentina en los Premios Clarín durante 2022, 2023 y 2024, y el premio al Mejor Panettone de Argentina 2021.
Para los vecinos de Saavedra, el dato tiene un sabor especial: detrás de una panadería que conserva recetas, técnicas y un horno de otra época, hay un negocio nacido y sostenido en el barrio que logró llevar la tradición argentina de la panadería hasta el podio internacional.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.