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Descubriendo el Legado de Ricardo Zemborain del Museo Saavedra

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En el Histórico Museo “Cornelio De Saavedra”, situado en Crisólogo Larralde 6309 en nuestra Comuna 12, muestra a los pocos metros que entramos una placa de agradecimiento al legado de Ricardo Zemborain, lo que despierta la curiosidad de los visitantes. A través de este artículo, te invitamos a conocer la historia detrás de este filántropo y su invaluable contribución a la cultura y la memoria de Argentina.

El Museo Saavedra se puede visitar los días Lunes, miércoles, jueves y viernes de 11 a 19 h. Sábados, domingos y feriados de 11 a 20 h.

Un coleccionista con propósito

Un coleccionista es un cuidador de tesoros y memorias. Ricardo Zemborain, uno de los más grandes coleccionistas en la historia argentina, donó su tesoro de más de 24.300 objetos para que las generaciones futuras lo apreciaran. Su colección diversa y rica se convirtió en el núcleo del Museo Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, conocido como el “Museo Saavedra”.

Un legado que atraviesa la historia

La colección de Zemborain ofrece una oportunidad única para reflexionar sobre la historia, política, economía y sociedad argentina. El museo alberga tesoros que invitan a sumergirse en el pasado del país. Zemborain, nacido en 1871, fue un hombre cuyo interés por las antigüedades y el coleccionismo lo llevó a acumular una asombrosa variedad de objetos a lo largo de su vida.

Un matrimonio y un legado

Zemborain contrajo matrimonio con Ema Frers en 1895, pero la unión no fue exitosa y terminó en divorcio en 1909. Tras años de situaciones conflictivas, Zemborain redactó su testamento, en el que legó su colección y sus pertenencias a la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de la exclusión de su ex esposa, su legado trascendería a través del Museo Saavedra.

El Museo Municipal General Don Cornelio de Saavedra

En 1921, el Museo Municipal fue fundado gracias a los objetos donados por Zemborain. Su primera sede se encontraba en Corrientes 939, y luego se trasladó varias veces antes de establecerse en su ubicación actual. En honor a Cornelio de Saavedra, una figura importante en la historia argentina, el museo adoptó su nombre en 1941.

Explorando la colección de Zemborain

Las salas del museo albergan más de 24.300 objetos, que permiten a los visitantes explorar la historia, política y cultura de Argentina. Desde platería y mobiliario hasta vestimenta y objetos de arte, cada pieza cuenta una historia única. La sala “Ricardo Zemborain” muestra su colección de platería urbana, mientras que otras salas presentan muebles y objetos que eran parte de la vida cotidiana de la burguesía porteña en el siglo XIX. En ella se pueden apreciar desde teteras, soperas, cucharones, candelabros y una extensa colección de mates. Entre ellos, se destaca un cofre plateado y labrado que es una yerbera.

Un homenaje permanente a un filántropo

El legado de Ricardo Zemborain sigue vivo en el Museo Municipal General Don Cornelio de Saavedra. Su generosidad y pasión por el coleccionismo han enriquecido la cultura y la historia de Argentina. Cada objeto en exhibición es un testimonio de su compromiso de preservar el pasado para las generaciones venideras.

Entra al Museo Saavedra y adéntrate en la historia que Zemborain dejó como legado, un tesoro que nos conecta con las raíces y la evolución de Argentina.

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Saavedra celebra la continuidad de un espacio querido por los adultos mayores

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Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.

La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.

Un lugar para encontrarse y disfrutar

El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.

Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.

En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.

Una continuidad que llevó varios pasos

La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.

El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.

El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.

Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.

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Escuela Angelelli de Saavedra: estudiantes crean tecnología para combatir el ruido

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En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.

La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.

Tecnología pensada desde el barrio

El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.

Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.

Pero la propuesta fue más allá de la tecnología

Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.

Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.

Una escuela muy ligada a la comunidad

El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.

“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.

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Un rincón único de Saavedra: Casa Obopop fue declarada de Interés Cultural

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En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.

La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.

Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.

Una obra que también construyen los vecinos

Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.

Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.

La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.

Saavedra tiene su propio museo tecnológico

Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.

El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.

Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.

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