La tragedia que ha golpeado a la ciudad de Bahía Blanca a raíz de las recientes inundaciones ha dejado a miles de personas en una situación crítica. Las aguas han devastado barrios enteros, afectando hogares y negocios, y han puesto a la ciudad en un estado de emergencia.
Ante esta situación, la solidaridad de los argentinos se ha puesto en marcha, y en todo el país se están organizando eventos para recaudar fondos y reunir insumos que permitan asistir a los damnificados.
En el barrio de Saavedra se llevará a cabo un evento especial que reunirá a algunos de los chefs más reconocidos del país, quienes cocinarán para recaudar fondos y ayudar a los habitantes de Bahía Blanca.
El evento, denominado «Cocinamos para Bahía», será una feria gastronómica al aire libre con formato de picnic, donde los asistentes podrán disfrutar de más de 40 opciones de platos elaborados por reconocidos chefs. Este encuentro solidario se llevará a cabo en el complejo El Abierto, ubicado en Av. Triunvirato 6385, el domingo 30 de marzo entre las 12 y las 18 horas.
¿Cómo participar en el evento solidario?
La entrada al evento será colaborar con un artículo de limpieza. Además habrá cuatro cajas en el ingreso: dos para pagos en efectivo y dos para transferencias bancarias. En el evento, se venderán tickets que podrán canjearse en los distintos stands de comida.
Los valores serán de $6.000, $8.000 y $15.000, dependiendo de la opción gastronómica elegida. Todo lo recaudado será destinado a la Fundación Sí, una organización que trabaja en la inclusión social de los sectores más vulnerables de Argentina, mediante asistencia, capacitación y promoción de la educación y cultura del trabajo.
Grandes chefs al servicio de una causa solidaria
Este evento solidario contará con la participación de 25 stands atendidos por 40 chefs de renombre, quienes se han unido para ofrecer sus habilidades culinarias en apoyo a Bahía Blanca.
Figuras destacadas de la gastronomía como Damián Betular, Donato de Santis, Narda Lepes, Maru Botana, Christophe Krywonis, Dolli Irigoyen y Roberto Petersen estarán presentes, ofreciendo sus platos más emblemáticos. Cada uno de ellos ha donado no solo su tiempo, sino también la materia prima para hacer realidad este evento solidario.
La iniciativa nació de la chef Julieta Caruso, quien tiene familiares viviendo en Bahía Blanca y, al ver la devastación causada por las inundaciones, sintió la necesidad de hacer algo para ayudar. Contactó a sus colegas y la respuesta fue inmediata: todos se sumaron a esta causa, conscientes de la importancia de tender una mano a quienes más lo necesitan.
Opciones Gastronómicas para Todos los Gustos
El evento ofrecerá una gran variedad de platos diseñados para disfrutarse en un entorno distendido y al aire libre. Dolli Irigoyen presentará una fresca causa limeña, mientras que Narda Lepes ofrecerá un irresistible sándwich de provoleta y palta. Para los amantes de la carne, Roberto Petersen preparará un sándwich de ojo de bife, y la famosa parrilla Don Julio estará presente con sus tradicionales empanadas.
Para quienes prefieran algo diferente, el chef Pedro Bargero cocinará unarroz meloso con hongos y chorizo, mientras que Julio Báez, de los restaurantes Franca y Julia, servirá un delicioso bife de chorizo. Los amantes de la comida rápida no se quedarán atrás, ya que el maestro charcutero José Juarroz estará presente con sus famosos panchos de salchichas artesanales.
Para los más golosos, el evento contará con la participación de grandes referentes de la pastelería. Damián Betular, uno de los pasteleros más populares del país, presentará sus codiciadas cookies, mientras que Julieta Caruso ofrecerá la famosa torta Bruce, una delicia de chocolate que será difícil de resistir.
Este evento es una oportunidad perfecta para compartir una jornada en familia, disfrutar de exquisitas propuestas gastronómicas y, sobre todo, aportar un granito de arena para ayudar a quienes más lo necesitan.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.
En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.
La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.
Tecnología pensada desde el barrio
El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.
Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.
Pero la propuesta fue más allá de la tecnología
Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.
Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.
Una escuela muy ligada a la comunidad
El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.
“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.
En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.
La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.
Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.
Una obra que también construyen los vecinos
Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.
Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.
La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.
Saavedra tiene su propio museo tecnológico
Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.
El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.
Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.