El barrio de Saavedra se prepara para vivir un domingo donde la naturaleza será protagonista. Con propuestas abiertas a toda la comunidad, vecinos y vecinas podrán disfrutar de caminatas, observación de aves y actividades ecológicas en el Parque Cornelio de Saavedra, en una iniciativa que combina aprendizaje, recreación y conciencia ambiental.
La jornada tendrá dos momentos destacados el domingo 26 de abril, con actividades pensadas tanto para quienes ya practican la observación de aves como para quienes quieran dar sus primeros pasos en este fascinante mundo.
Una mañana para descubrir las aves urbanas
Desde las 9:00 horas, se realizará una salida de observación de aves, con punto de encuentro en Av. García del Río y Pinto. La actividad, organizada por el grupo Coa Taguató, propone recorrer el parque con una mirada distinta: identificar especies autóctonas, reconocer sus cantos y comprender su rol en el ecosistema urbano.
La propuesta está orientada a todo público y no requiere experiencia previa. Se recomienda asistir con ropa cómoda, binoculares, libreta de campo, agua y protección solar. Además, quienes lo deseen podrán llevar algo para compartir durante el recorrido.
Este tipo de encuentros promueve el contacto con la naturaleza y también contribuye a la divulgación del valor de las aves nativas, muchas veces invisibilizadas en el ritmo cotidiano de la ciudad.
Tarde de celebración y compromiso ambiental
Por la tarde, desde las 15:30 horas, tendrá lugar el 24° aniversario de la Agrupación Vecinos por la Ecología, también en el Parque Saavedra. El punto de encuentro será la rotonda del Cedro, a pocos metros de García del Río y Roque Pérez.
El festejo incluirá distintas propuestas participativas, entre ellas la entrega de semillas de plantas nativas, una charla sobre el proyecto de corredor verde y la reposición de un retoño del Timbó notable, un árbol emblemático que forma parte del patrimonio natural del parque.
La actividad busca no solo celebrar el trabajo sostenido de la agrupación, sino también concientizar sobre la importancia de preservar los espacios verdes y la biodiversidad urbana.
Naturaleza y comunidad: una combinación que crece
En una ciudad cada vez más urbanizada, iniciativas como estas permiten reconectar con el entorno natural y comprender la riqueza que aún habita en parques y plazas. Las aves, en particular, cumplen un rol clave como indicadores de la salud ambiental y como puente para despertar el interés por el cuidado del ambiente.
Además, estas salidas fomentan el encuentro entre vecinos, generando espacios de intercambio y aprendizaje colectivo en un contexto relajado y accesible.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.
En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.
La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.
Tecnología pensada desde el barrio
El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.
Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.
Pero la propuesta fue más allá de la tecnología
Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.
Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.
Una escuela muy ligada a la comunidad
El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.
“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.
En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.
La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.
Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.
Una obra que también construyen los vecinos
Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.
Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.
La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.
Saavedra tiene su propio museo tecnológico
Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.
El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.
Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.