Cultura

A 26 años de su muerte, el recuerdo al gran Polaco Goyeneche, ícono del Barrio de Saavedra

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Trascender. A 94 años de su nacimiento y al cumplirse hoy 26 de su partida, su voz aún se alza como un barco trasatlántico que invita a navegar, a saltar olas y hasta naufragar y chocar contra cada iceberg que entona y deshace en cada nota. Si hay algo que caracterizó al «Polaco», y que lo hizo grande, fue su decir y dejar en cada interpretación absolutamente todo.

Habitante del imaginario de la bohemia del tango, el «Polaco» nació en el barrio de Saavedra el 26 de enero de 1926 y murió, producto de una insuficiencia cardíaca y renal, el 27 de agosto de 1994, a los 68 años. Fue un apasionado del fútbol (hincha de Platense), comenzó a cantar tango en la adolescencia y a los 18 años participó de un concurso de nuevas voces. Encaminado en la música, pero necesitando de un sustento fijo para vivir trabajó como chófer de colectivos (manejó la línea 219, actual 19), fue taxista y mecánico.

En 1944 integró la primera orquesta y acompañó a Raúl Kaplún, pero el reconocimiento total le llegó en 1952 cuando Horacio Salgán lo convocó para reemplazar a su cantor y le puso el apodo con el que pasó a la inmortalidad, «Polaco» por su porte.

 Desde que pisó el primer escenario dejó sello indiscutido y puso en claro que no llegaba para imitar a nadie sino para hacer su propia escuela. Eso lo hizo trascender y romper las fronteras impuestas por algunos ortodoxos.

 En el camino sin retorno a la consagración, Goyeneche avanzó sin tropiezos y 4 años más tarde pasó a ser la voz de la orquesta de Anibal Troilo, con quien tuvo una entrañable amistad y acompañó hasta 1963. La voz del Polaco estaba en su máximo esplendor y lo demuestran las 26 canciones que grabaron, fue por eso que «Pichuco» lo alentó para seguir solo.

De la mano de su estilo, se apropió de algún modo de tangos que, hasta su consagración, estaban asociados a otras enormes voces como las de Edmundo Rivero («La última curda»), Floreal Ruiz («Naranjo en flor») y Francisco Fiorentino («Gricel» y «Garúa»).

Su camino a la gloria lo llevó a su carrera solista desde la que inmortalizó tangos de Homero Expósito y Atilio Stampone. En 1968 y 1971 volvió a grabar con Troilo un excelente trabajo que se resume en «¿Te acordás polaco?». Goyeneche no dejaba de brillar. Cantó como sólo él podría hacerlo los clásicos de Gardel. Partió a los EE.UU donde además de tangos interpretó temas de Atahualpa Yupanqui con arreglos de jazz y todo.

También se le animó al maestro del compás, Osvaldo Pugliese, con quien grabó «El motivo» y en 1969 le puso voz a una de las interpretaciones más veneradas de su historia: Balada para un loco, con letra de Horacio Ferrer junto al exigente bandoneón de Astor Piazzolla. Ese trabajo lo acercó a la nueva generación tanguera y de esa manera llegó a vincularse con los músicos de rock del momento, pasó por el cine (en octubre de 1987, cantó y actúo en Sur, de Pino Solanas) y participó de un programa humorístico de Jorge Porcel donde interpretaba a un hincha de Platense que cantaba tangos, quizás emulando algún destino sin varita mágica. De todos fue el favorito y todos lo querían.

En 1985 recibió el Premio Konex como uno de los mejores cantantes de tango de la historia en Argentina y hacia el final de la década grabó sus últimos discos con Raúl Garello y Néstor Marconi, quien se convirtió en su habitual acompañante en vivo. En 1989, fue justamente en compañía de Marconi que se presentó con gran éxito en Japón, en el que fue su último recital internacional.

En 1993, el sello Melopea registró Amigos, su último álbum. Lo acompañaron en la ocasión Néstor Marconi, Litto Nebbia, Esteban Morgado, Walter Ríos, el Sexteto de Carlos Buono y Adriana Varela, de quien fue padrino artístico. Finalmente, sus últimas grabaciones fueron un dúo con Mercedes Sosa en el tango «Los Mareados» y una colaboración con el violinista Antonio Agri y el guitarrista Esteban Morgado en el tango «Viejo ciego».

El 27 de agosto de 1994, el cielo de Buenos Aires recibió al Polaco. El tango se había quedado sin uno de sus hijos pródigos. 

En su homenaje, una avenida del barrio de Saavedra lleva su nombre, al igual que la tribuna popular del Estadio Ciudad de Vicente López. Asimismo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires nombró al paso bajo nivel ubicado en la Av. Balbín como «Goyeneche-Gatica» y se colocó una estatua suya justo enfrente a la entrada al «Parque Sarmiento». Por su parte, el cantautor Cacho Castaña compuso en su honor Garganta con arena. 

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