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A Platense se le escapa la final, pero no queda nada por reprochar
En un duelo inolvidable que resonará por generaciones, Platense se despidió de la final de la Copa de la Liga con la frente en alto, aunque la victoria se escapara de sus manos. En el escenario del Estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, los corazones latieron al ritmo de un partido que no defraudó en emoción ni entrega.
El encuentro, marcado por la entrega incansable del equipo dirigido por Martín Palermo, fue un testimonio vivo de valentía y estrategia. El planteamiento táctico del 4-4-2, con Russo y Ocampo desplegados en los costados, y la dinámica ofensiva liderada por Pellegrino y Martínez, reflejaron la determinación de un «Calamar» dispuesto a dejarlo todo en el campo.
El primer tiempo asistió al dominio palpable del Platense, con posesión de balón y una estrategia inteligente que mantuvo el equilibrio entre el ataque y la defensa. Sin embargo, el destino jugó una carta decisiva a los 40 minutos, cuando Lovera, con una buena jugada individual, desarticuló la sólida defensa y marcó el único tanto del encuentro para Rosario Central.
Ese gol, un quiebre inesperado, cambió el rumbo del enfrentamiento. El segundo tiempo vio al Platense luchando por recuperar el protagonismo perdido, con un ímpetu arrollador que se reflejó en desbordes constantes y peligrosos envíos al área rival.
Incluso con la expulsión de Suso, el equipo no claudicó en su empeño. Los minutos finales fueron un torbellino de esfuerzo y garra, llevando al rival a defenderse con uñas y dientes. En un momento de agónica añadidura, un episodio desafortunado, un cabezazo no sancionado, dejó en el aire una sensación de oportunidad desvanecida.
El partido culminó, pero éste torneo será recordado como la epopeya de un grupo de jugadores que entregó su alma en cada minuto de juego. La tercera final en la historia del club es un testimonio vivo del compromiso, la pasión y el sacrificio que cada integrante del equipo y cuerpo técnico depositó en la cancha.
A pesar del resultado final, los hinchas estan orgullosos, sabedores de que este equipo, marcado por su entrega inquebrantable, ha dejado una huella imborrable en la historia del club. La hinchada, un pilar fundamental, se hizo sentir con su apoyo incondicional, transformando las tribunas en un himno de aliento inquebrantable.
Así se sella este capítulo, con un adiós lleno de dignidad y reconocimiento. Platense, un equipo que dejó todo en el campo, merece el aplauso eterno.