Saavedra
Avanza la lucha vecinal para regular el uso del Parque Sarmiento
El Parque Sarmiento, uno de los pulmones verdes más relevantes de la Ciudad de Buenos Aires y referencia para los barrios de Saavedra, Villa Urquiza y toda la Comuna 12, vuelve a estar en el centro de un reclamo vecinal.
Cansados del deterioro, la falta de controles y el avance del negocio privado en un predio que debería ser plenamente comunitario, los vecinos y vecinas se organizaron para presentar un nuevo proyecto de ley en la Legislatura porteña. Esta iniciativa busca poner freno al uso desmedido de los sectores concesionados y garantizar horarios más amplios, justos y uniformes para el público general.
Una disputa de larga data: el Parque Sarmiento y su constante maltrato
Hace años que vecinos agrupados denuncian el paulatino vaciamiento del uso comunitario del Parque Sarmiento. Si bien está catalogado oficialmente como Urbanización Parque (UP), más del 15% de su superficie se encuentra hoy en manos privadas, administrada por concesionarias que explotan canchas, predios deportivos y espacios cerrados que funcionan con horarios y reglas propias, muchas veces por fuera del horario establecido para el ingreso público.
Para quienes viven en los barrios linderos, esta situación representa un retroceso enorme en la función esencial del parque: ser un espacio de naturaleza, descanso, recreación y vida comunitaria. “No tendrían que cobrar ni un peso porque es un espacio de todos”, repiten desde el colectivo vecinal que viene denunciando desde hace tiempo el avance del negocio inmobiliario y deportivo dentro del predio.
Un parque enrejado y con tarifa de ingreso
Actualmente, el acceso tiene un costo de mil pesos diarios, una medida que profundizó el malestar entre los vecinos, especialmente en un contexto donde los espacios verdes públicos deberían funcionar como lugares abiertos y accesibles para toda la comunidad.
El GCBA fijó un horario de ingreso de 8 a 19 horas, independientemente de la época del año. Sin embargo, los vecinos denuncian que los sectores concesionados funcionan con un régimen propio que ignora por completo esas restricciones.
Uno de los ejemplos más mencionados es el de las canchas concesionadas al exfutbolista Sebastián Battaglia, que permanecen abiertas hasta las 24 horas, generando ruidos, luces y movimientos por fuera de lo permitido para el resto del público. Ésta desigualdad es la prueba más clara de que el predio se usa como un negocio privado y no como un parque público.
El nuevo proyecto de ley: ordenar horarios y cuidar el ambiente
La reciente propuesta presentada en la Legislatura porteña tiene un objetivo concreto: regular y ampliar los horarios de ingreso, equilibrando el uso del parque y evitando que los sectores concesionados funcionen con privilegios especiales.
Los vecinos piden:
- Primavera y verano: ingreso de 8 a 20 horas y permanencia hasta las 21.
- Otoño e invierno: ingreso de 8 a 19 horas y permanencia hasta las 20.
El espíritu del proyecto es claro: si el parque se cierra para el público a una hora determinada, ningún espacio privado debería operar por fuera de ese límite.
Un parque que también necesita silencio: el impacto sobre la fauna
Entre los fundamentos, el colectivo vecinal destacó un punto central que pocas veces se atiende: el efecto del ruido y la actividad nocturna sobre la fauna del parque. En el predio habitan cientos de aves, especialmente en las zonas de reserva ecológica y en el reconocido lechuzario, un sector muy valorado por organizaciones ambientalistas y amantes de la naturaleza.
Los gritos, silbatos, bocinas y, en algunos eventos, el uso de pirotecnia o bombas de estruendo, modifican gravemente los ciclos de descanso de las aves, afectando su comportamiento y su supervivencia. A esto se suman los perjuicios que sufren los vecinos linderos y sus mascotas durante las noches en las que las actividades privadas continúan sin control.
Esta no es la primera vez que los vecinos de Saavedra y alrededores se organizan en defensa del Parque Sarmiento. Ya habían presentado un proyecto más amplio para recuperar los espacios concesionados y evitar la realización de festivales y recitales de gran magnitud que alteran la vida cotidiana del barrio.
Sin embargo, entienden que la regulación de los horarios es un paso urgente para ordenar el uso del parque y comenzar a limitar el accionar de las concesionarias.