A partir de la confirmación de la presencia de asbesto en coches del subte porteño y de que varios trabajadores presentaron síntomas compatibles a enfermedades provocadas por ello, el gobierno de la Ciudad puso en marcha un operativo para eliminar de las unidades este material cuya manipulación daña a los pulmones y causa cáncer.
El asbesto, también conocido como amianto, es de origen mineral y se emplea en distintas industrias. Se compone por fibras largas, resistentes y flexibles capaces de entrelazarse para conformar tipos de estructuras. Debido a su condición de material aislante y su tejido incombustible, se utiliza comúnmente en la construcción, en la fabricación de automóviles, techos, losas, piezas que entran en contacto con la electricidad o con estructuras protectoras. La exposición al amianto se produce a través de la inhalación de fibras que se encuentran en el aire del lugar de trabajo.
En Argentina, la utilización de ese material está prohibida desde 2001. El problema surge con los coches y algunas estructuras que fueron fabricados antes de esa fecha o en otros países, y que lo contienen, como es el caso de los modelos CAF 5000 comprados al Metro de Madrid, formaciones que se utilizaban en la Línea B del subterráneo.
La compra de esa flota, que incluyó a casi 100 formaciones, se realizó entre septiembre de 2011 y noviembre de 2012. Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE) supo de que piezas contenían amianto en febrero de 2018. Inmediatamente, todos los coches implicados fueron retirados de circulación de forma preventiva. Hoy, esos vagones están en proceso de desasbestización, en el marco del Plan de Gestión Segura del Asbesto.
El primer paso de este plan es identificar las piezas contaminadas mediante un análisis completo de las formaciones. Se revisa pieza por pieza hasta que se determina la presencia o no de asbesto en cada una. Una vez superada esa instancia, intercede la empresa Borg, que fue contratada por Metrovías para retirar de manera segura todos aquellos elementos que contengan el mineral cancerígeno.
Los trabajos se llevan a cabo en un área especialmente montada dentro de las instalaciones del taller ferroviario Rancagua, ubicado bajo el Parque Los Andes del barrio de Chacarita, donde se reparan vagones. Infobae visitó el lugar, que está especialmente acondicionado bajo estándares internacionales.
Se trata de un espacio hermético, un túnel de 60 metros de largo, sellado por paredes de placas de yeso revestidas con polietileno de 200 micrones y conectada a dos grandes depresores que producen cinco pascales de presión negativa en el lugar. De tal modo, las partículas se mantienen en el interior y al ser depuradas por filtros, el aire sale al exterior limpio.
Allí ingresó en la mañana del jueves una tripla (tres vagones) de coches marca Mitsubishi y se reposó sobre una estructura metálica. Luego, se selló ese acceso y se extrajo la presión del túnel. “Después del proceso de vacío, a estos trenes se les van a hacer trabajos dentro del salón de pasajeros, de la cabina del motorman y, sobre todo, es la zona exterior que está debajo”, detalló Aníbal Rojas, responsable técnico de Borg.
Las piezas extraídas son componentes del sistema eléctrico o de aislación térmica (cajas, apagachispas, tapas, entre otras) que se concentran en un 90 por ciento en la zona baja de los vagones. “Un ejemplo es la aislación que está sobre el techo del motorman. Ahí se condensa el frío. Estas aislaciones se colocaron porque estas formaciones son diseños para lugares con temperaturas bajas”, apuntó Rojas.
Seis operarios especializados en sustancias contaminantes se turnan durante el día, en jornadas de trabajo que se extienden por ocho horas. Deben trabajar vestidos con trajes descartables (unos mamelucos blancos) y máscaras de protección, con válvulas de exhalación que facilitan la respiración. Guantes y botas completan el equipamiento de seguridad.
El proceso de desasbestización está coordinado y supervisado por una comisión con especialistas y representantes de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, la Agencia de Protección Ambiental (APRA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), los gremios, SBASE, la Subsecretaría de Trabajo de la Ciudad y Metrovías.