Conozcamos más sobre la tranquila calle Cochrane en Villa Pueyrredón, de nuestra Comuna 12, que se extiende por solamente 12 cuadras, y que comienza a la altura del 2200 en la intersección de la avenida Constituyentes (del otro lado se convierte en la reconocida avenida Congreso), y la sigue Zamudio y Artigas donde está ubicada la plaza Leandro N. Alem, Bolivia, Condarco, Terrada, la avenida Nazca, Argerich, pasando por debajo de las vías del tren Mitre a la altura de la huerta vecinal de Villa Pueyrredón, Helguera, Cuenca, Estanislao Zeballos, Campana, Llavallol y se corta a la altura del 3499 con la calle Concordia y la avenida General Paz.
Es la típica calle tranquila de Villa Pueyrredón, con un ambiente sereno y silencioso, con poco tráfico, algún comercio chico de barrio y personas paseando tranquilamente por la calle. Por lo que particularmente amo transitar sus veredas para pasear con mi mascota y relajarme.
Pero ¿Quién fue Thomas Alexander Cochrane?
Fue un almirante británico que tuvo una destacada carrera militar basada en su valentía, patriotismo y talento. Nacido en Annsfield en 1775, Cochrane era hijo de Archibald Cochrane, conde de Dundonald, y comenzó su carrera en la Armada británica en 1793, sirviendo en un navío comandado por su tío Alexander Cochrane.
Durante las guerras napoleónicas, se le confió el mando de la pequeña embarcación Speedy, y se convirtió en el terror de los barcos de los puertos de Francia y España. En sólo diez meses capturó 33 buques, con un total de 533 tripulantes. Sin embargo, en 1802 fue apresado por la Armada francesa y canjeado por el gobierno británico. A su regreso, se le concedió el grado de capitán y el mando de dos navíos, pero la paz de Amiens interrumpió la guerra.
Luego de seguir cursos universitarios en Edimburgo, Cochrane ingresó en el parlamento en 1803. En 1806, con la declaración de guerra con Francia, se le encargó recorrer las riberas galas, misión en la que destacó. Sin embargo, su temperamento irascible lo llevó a acusar a su superior, el almirante lord Gambier, ante el parlamento, lo que resultó en una corte marcial y su expulsión de la Armada.
A partir de ese momento, Cochrane se dedicó a la política y, en 1814, fue condenado por su participación en un fraude a la bolsa de valores de Londres. Su nombre fue borrado del escalafón de la Armada británica, pero la multa se pagó por suscripción popular y fue reelegido miembro del parlamento. A pesar de ello, el escándalo alcanzó resonancia mundial.
En mayo de 1817, aceptó la invitación del gobierno chileno para comandar la Escuadra Nacional en la guerra por la emancipación. Arribó a Chile en noviembre de 1818 y, tras recibir de Bernardo O’Higgins su nombramiento como vicealmirante y comandante en jefe de la escuadra, tuvo su primera contienda en el puerto de El Callao (Perú), sin obtener logros significativos. Más tarde ejecutó exitosamente la difícil toma de Corral y Valdivia (1820) y participó en la Expedición Libertadora del Perú (1820-1823), comandada por el general José de San Martín. En el ingenioso bloqueo a El Callao, capturó la fragata Esmeralda (1820).
Entre 1823 y 1825, Cochrane entró al servicio del Brasil en su guerra contra Portugal, y más tarde, a su regreso a Europa en 1825, participó en la independencia de Grecia contra los turcos (1827-1828). En 1832 fue restablecido en la marina inglesa, y un año antes, el fallecimiento de su padre lo convirtió en conde de Dundonald.
Entre 1848 y 1851, comandó la estación naval de América y las Indias Occidentales. En 1851 se le otorgó el rango de almirante. En Chile fue reincorporado a la Armada por ley, y desde entonces figuró encabezando el escalafón de oficiales hasta su muerte. Sus restos descansan hoy en la abadía de Westminster. Fue autor de Autobiografía de un marino y Narración de los servicios en la liberación de Chile, Perú y Brasil.
Mientras celulares, tablets y videojuegos concentran buena parte de la atención de las nuevas generaciones, en Villa Pueyrredón un grupo de vecinos, organizaciones e instituciones vuelve a impulsar una propuesta que invita a mirar hacia otro lado: el de la calle, la plaza y los vínculos construidos cara a cara.
Se trata de la CUJUCA (Cumbre de Juegos Callejeros), una iniciativa comunitaria que desde hace años promueve la recuperación de los juegos tradicionales y las actividades recreativas como herramientas para fortalecer los lazos sociales en los barrios.
Con ese objetivo, los organizadores convocan a vecinos, familias, docentes, artistas y referentes comunitarios a participar de una reunión abierta para comenzar a planificar la próxima edición del evento.
El encuentro se realizará el sábado 11 de julio a las 10 de la mañana en la plaza ubicada junto a la estación de Villa Pueyrredón, del lado de Suárez.
Volver a jugar, volver a encontrarse
La propuesta nace de una preocupación compartida por muchas familias: la pérdida progresiva de espacios de juego colectivo y de encuentro entre vecinos.
Durante décadas, las veredas, plazas y calles tranquilas fueron escenarios naturales para la rayuela, los trompos, las escondidas, las rondas, el tejo, los avioncitos dibujados con tiza y tantos otros juegos que atravesaron generaciones.
Hoy, en un contexto donde gran parte de la socialización infantil ocurre frente a una pantalla, la CUJUCA propone recuperar esas experiencias simples que permiten aprender a convivir, cooperar, imaginar y compartir.
La iniciativa sostiene que jugar no es solamente una forma de entretenimiento, sino también una herramienta que favorece la integración, fortalece vínculos y ayuda a construir comunidad.
Un barrio que se organiza desde la creatividad
La Cumbre de Juegos Callejeros reúne habitualmente a organizaciones sociales, instituciones educativas, colectivos culturales y vecinos que trabajan de manera colaborativa para generar actividades abiertas y gratuitas.
La propuesta incluye juegos tradicionales, talleres, rincones de lectura, expresiones artísticas, intervenciones culturales y espacios recreativos pensados para todas las edades.
El objetivo no es solamente organizar una jornada festiva, sino también crear oportunidades para que personas que quizás nunca se cruzarían en otros ámbitos puedan compartir un mismo espacio, intercambiar experiencias y reconocerse como parte de una misma comunidad.
Villa Pueyrredón vuelve a abrir esa puerta, invitando a los vecinos a ser protagonistas de una experiencia que busca que las calles, las plazas y los juegos sigan formando parte de la identidad del barrio.
En una nueva propuesta cultural con fuerte anclaje barrial, vecinos de la Comuna 12 volverán a encontrarse este lunes 29 de junio en Villa Pueyrredón para participar de una jornada de cine debate gratuita en el marco del ciclo “La memoria es futuro”, una iniciativa que busca poner en valor el cine nacional, abrir espacios de reflexión colectiva y fortalecer la organización comunitaria.
La actividad tendrá lugar desde las 18 horas en el Teatro El Alambique, ubicado en Griveo 2350, y contará con la proyección de “Belén”, una de las películas argentinas más destacadas de los últimos tiempos por su fuerte contenido social y su recorrido internacional
Una película para debatir sobre derechos y memoria
La elección de Belén no es casual. En el contexto del mes de Ni Una Menos, la proyección busca visibilizar debates vinculados al derecho a decidir, la violencia institucional y el rol de la justicia frente a situaciones de vulnerabilidad.
La película, dirigida por Dolores Fonzi, está inspirada en hechos reales y narra la historia de una joven acusada tras sufrir un aborto espontáneo, mientras una abogada enfrenta al sistema judicial para demostrar su inocencia.
El film fue reconocido internacionalmente, representó a la Argentina en la carrera hacia los Premios Óscar y obtuvo importantes premios en el exterior, consolidándose como una de las producciones nacionales más relevantes de los últimos años.
Defender la cultura desde el barrio
Desde la organización remarcaron que el objetivo central del ciclo es recuperar el valor del cine argentino como parte de la identidad cultural y como herramienta de construcción colectiva.
En un contexto de recortes y dificultades para la industria audiovisual, la propuesta busca generar un espacio donde vecinos, familias y amigos puedan reunirse no solo a ver una película, sino también a compartir miradas, debatir y sostener la importancia del arte nacional.
Bajo la consigna “La memoria es futuro”, el encuentro plantea que la defensa de los derechos humanos, la memoria histórica y la cultura popular son parte de una misma lucha cotidiana.
Entrada libre y colecta solidaria para comedores del barrio
Además de la proyección y el debate posterior, la jornada tendrá un componente solidario. Si bien la entrada será gratuita, quienes puedan colaborar podrán acercar alimentos no perecederos que serán destinados a comedores comunitarios de la zona.
La iniciativa refuerza una lógica cada vez más presente en los espacios culturales barriales: combinar arte, reflexión y solidaridad en un mismo encuentro.
En tiempos donde la cultura muchas veces encuentra dificultades para sostenerse, propuestas como esta en Villa Pueyrredón vuelven a mostrar cómo los barrios siguen siendo espacios vivos de encuentro, memoria y participación comunitaria.
En medio de la enorme cobertura que realizan los medios argentinos sobre el Mundial 2026, una historia publicada por el diario deportivo Olé y relatada por el periodista Nico Berardo puso el foco en un protagonista distinto. No es jugador, ni dirigente, ni periodista. Es un pibe de Villa Pueyrredón, de apenas 19 años, que decidió transformar un sueño en objetivo y trabajó durante años para hacerlo realidad.
Su nombre es Joaquín y su historia rápidamente empezó a llamar la atención porque representa algo que muchas veces nace en los barrios: el esfuerzo silencioso, la perseverancia y esas ganas de ir detrás de lo que uno desea, incluso cuando parece lejano.
Desde la Comuna 12 hasta Estados Unidos, con una máquina de cortar pelo en la valija y mucha ilusión encima, hoy está viviendo desde adentro la Copa del Mundo.
De las calles de Villa Pueyrredón al Mundial
Todo empezó cuando todavía cursaba la secundaria en el barrio. Mientras muchos sueñan con viajar a un Mundial, Joaquín decidió ponerle fecha y empezar a construirlo.
Aprendió barbería a los 15 años y desde entonces convirtió cada corte de pelo en un pequeño paso hacia su meta.
Durante más de tres años ahorró peso por peso, transformando ese trabajo cotidiano en el combustible de un sueño enorme: estar presente siguiendo a la Selección Argentina.
Hoy, instalado en Estados Unidos, lleva 25 días recorriendo ciudades mundialistas y viviendo una experiencia que hasta hace poco parecía imposible.
El vecino de Villa Pueyrredón que terminó cortándole el pelo a la familia del Dibu Martínez
Lo más llamativo de su historia es que, incluso ya estando en el Mundial, Joaquín no dejó su oficio.
En el hostel donde se hospeda siguió cortando el pelo, esta vez de manera solidaria y ad honorem, algo que lo acercó a personajes inesperados.
Entre ellos, nada menos que familiares de Emiliano “Dibu” Martínez.
Según contó en la entrevista, atendió al padre y al hermano del arquero campeón del mundo, además de periodistas argentinos que cubren la competencia.
Una escena que parece sacada de una película pero que nació desde un barrio porteño, con una tijera y mucha constancia.
Un ejemplo para los pibes del barrio que tienen sueños pendientes
Historias como la de Joaquín no son solamente curiosidades mundialistas. También funcionan como espejo para muchos chicos y vecinos que quizás tienen proyectos, ideas o sueños guardados, pero todavía no se animan a dar el primer paso.
Desde Villa Pueyrredón, un barrio de perfil tranquilo y trabajador, este joven demostró que muchas veces el camino no aparece de golpe: se construye.
Con sacrificio, con oficio y con paciencia.
Y eso, en tiempos donde todo parece inmediato, tiene un valor enorme.
Porque no se trata solamente de haber llegado al Mundial, sino de haber encontrado una manera propia de hacerlo.
El sueño sigue: ahora espera por Miami y más partidos de la Selección
Después de haber conseguido entradas para las primeras fases gracias a vínculos que fue generando durante el viaje, Joaquín ahora proyecta seguir acompañando a la Selección en las próximas instancias.
Mientras tanto, vive cada jornada con intensidad, recorriendo fan fest, cruzándose con hinchas argentinos y soñando con algo todavía más grande: poder cortarle el pelo a algún jugador del plantel.
Y si pudiera elegir, lo tiene claro.
Messi encabeza la lista.
Pero también bromea con que le alcanzaría con cualquiera que esté cerca de la Selección: desde De Paul hasta el utilero.
Una historia que vuelve a demostrar que los barrios siguen siendo cuna de sueños
Villa Pueyrredón suma así una historia distinta para contar.
Una de esas que no salen todos los días, pero que representan mucho.
Porque entre tantas noticias, problemas y urgencias cotidianas, también aparecen relatos que recuerdan que desde cualquier rincón del barrio puede nacer algo grande.
Joaquín es hoy uno de esos ejemplos.
Un pibe común, con un oficio, una meta y la decisión de no quedarse esperando.
Y esa quizás sea la enseñanza más importante para muchos vecinos: que los sueños no siempre llegan solos, pero cuando se los persigue en serio, a veces terminan cumpliéndose.