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Coronavirus en Argentina: el tortuoso ritual de ir a hacer las compras durante la cuarentena

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​Era un acto cotidiano, ordinario. Pero durante la cuarentena por el coronavirus, ir a hacer las compras se transformó en una tortuosa aventura que incluye miradas desconfiadas, cierta dosis de paranoia y una alta cuota de ansiedad y nerviosismo. Y todo se exacerba al regresar al hogar, donde se desarrollan rituales dignos de un trastorno obsesivo compulsivo. Se trata del gran ballet de la desinfección. Así, lo que alguna vez fue una tarea anodina, ahora se vive como una acción tan extraordinaria como agotadora.

«Comprar en el súper hoy es una danza. Cambiaron el ritmo, los caminos, los cuidados. Tratamos de adivinar cuál será el trayecto del otro para no pasar cerca. Si aparece alguien de repente, nos alejamos rápido. Si sabemos que un pasillo tendrá gente, tomamos el siguiente. Algunos pedimos permiso, otros piden perdón. Todos están apurados para terminar la compra y así darle espacio a quienes esperan afuera. Este nuevo baile, sin embargo, lleva como una paradoja a tardar más de la cuenta», describe Melisa, una vecina de Colegiales.

Mariela y Pablo viven en Villa Lugano. Ella se ocupa de hacer las compras, porque él es diabético y acumula algunos stents en sus arterias. No puede arriesgarse al contagio. Como todos, Mariela tuvo que acostumbrarse a cajeros con barbijos, distancia con los demás, y hasta a esa pizca de poder del empleado de seguridad del supermercado, que le cierra la puerta en la cara y la hace esperar 20 minutos más para ingresar. «El otro día tosí en la cola y se dieron vuelta todos como diciendo ‘quién es esta loca que está tosiendo’. Hay mucha desconfianza«

Mariela dice que ella fue «creciendo en el miedo y también en el aprendizaje». Aprendió a preparar agua con lavandina para lavar todo lo que compra, algo que hasta hace poco no hacía. Y un día en que se vio obligada a tomar un colectivo, se asustó tanto que cuando volvió a su casa se sacó toda la ropa y la puso a lavar. «Antes no estaba tan segura de que se pegara el virus en la ropa. Pero bueno, escuché que lo mejor es lavarla enseguida. Y sí, tengo miedo».

Pedro González es odontólogo y cirujano maxilofacial. «Tengo hábito quirúrgico, para mí las medidas de higiene son automáticas. No tengo miedo, pero me cuido de las negligencias ajenas. La gente no se lava las manos tanto como dice. Cuando entro a casa lavo las mías y toda mi ropa va al lavarropas. También le paso un trapo con lavandina a las plantas de los zapatos. El coronavirus no es algo vivo, es muy livianito, se pega y la gente lo traslada. Pero el agua y jabón lo eliminan».

Pedro, que sale a diario porque trabaja en un hospital público, vive en Palermo y  hace las compras en un supermercado tradicional del barrio. «Salgo con barbijo a la hora de la siesta, con DNI porque la Policía suele pedirlo. Hago la cola respetando la distancia y cuando ingresás te tiran alcohol al 70% en las manos. Compro sobre todo frutas y verduras, que después me envían embolsadas. Tenemos un whatsapp del consorcio para avisarnos si escasea algo o qué apareció en las góndolas».

En cuarentena en su departamento de Almagro, Mirta vive la situación con angustia. «Estoy muy tensa cuando voy a hacer las compras, es muy estresante. Hay gente que no toma conciencia de que no puede tocar todos los productos. El otro día un señor mayor toqueteaba todos los paquetes de fideos y los dejaba. Esto te altera los nervios y en estos días estoy muy malhumorada», reconoce.

Como muchos otros, Mirta elige los comercios chicos para evitar las colas eternas de los supermercados. No sólo hace sus compras, sino las de su mamá, que tiene un problema de salud y está aislada en su propia casa. «La única persona que podría contagiarla soy yo, y eso es una gran mochila para mí», confiesa. Y detalla: «Entre las compras y sacar a Flopi, mi perra, salgo tres veces por día. Ella ya aprendió que, cuando volvemos a casa, tiene que esperar en el pasillo hasta que yo me cambie los zapatos, me lave las manos y busque toallitas húmedas para bebé para limpiarle las patas».

Una vez adentro, Mirta sumerge todos los productos en un balde de agua con algunas gotas de lavandina, producto que también usa para desinfectar pisos, mesadas y otras superficies. «Ya tengo un montón de ropa con manchitas de lavandina», se ríe.

Leticia, que vive en Olivos, cumple la cuarentena a rajatabla. Cuando no le quedó otra que salir a hacer algunas compras, sintió emoción. «Era un súper plan ir a la verdulería. Se extraña salir», comenta. Ella también elige a pequeños comerciantes y su circuito incluye además un almacén y la panadería. «En todos lados hay que hacer cola afuera. La mayoría respeta la distancia recomendada por propia iniciativa. Es una regla tácita. Eso sí, hay que armarse de paciencia, porque la espera es larga».

No sólo la espera requiere paciencia. «La mayoría de la gente está en estado de alerta, se percibe mucho nerviosismo -observa Leticia-. Algunos llevan guantes, otros barbijos, y el otro día había una señora con una protección de plástico en la cara hecha por ella. Yo no estoy nerviosa, pero trato de tomar todos los recaudos para no contagiarme y, sobre todo, para no contagiar si tengo algo. No me apoyo en ningún lado, trato de tocar lo mínimo y necesario y hago control mental para no llevarme las manos a la cara. En casa, desinfecto todos los productos y pongo mi ropa a lavar».

Sol Cortés tuvo que aprender a la fuerza lo que significa «distanciamiento social» hace un par de días, cuando salió por primera vez desde que empezó la cuarentena. «Dudé si ir a un supermercado grande o al chino, porque sabía que los productos que iba a encontrar eran distintos. Pero la cola del súper era demencial, así que fui al chino, donde dejan entrar de a cinco personas. Me paré entre dos que estaban afuera y se me quedaron mirando como si fuera una inadaptada social. Les conté que era la primera vez que salía y me indicaron dónde podía pararme y a qué distancia». En su casa, como desinfectante usa alcohol al 70%, que rocía sobre todo. «Además, el que llega deja las zapatillas en la puerta, sobre un trapo con lavandina».

Rosana Poggio es médica cardióloga y ama el deporte. Su gran desafío en esta cuarentena es no poder ir a jugar al vóley o a entrenar en bicicleta, porque dice que el ejercicio es la «polipíldora de la vida», que beneficia tanto a la salud física como a la psico-emocional. En cambio, desinfectarlo todo no es un desafío para ella. Junto a la puerta de entrada tiene un trapo, un rociador y un balde, todo con agua con lavandina. «Le tengo más confianza a la lavandina que al alcohol como desinfectante», explica. Además, recortó unos guantes de lavar los platos «para que no sean tan aparatosos». Los usa cuando sale a la calle y para manipular los objetos que trae.

«En la calle la gente tiene mucho temor. Yo siempre respeto la distancia reglamentaria, pero siempre hay algún desubicado que se desconcentra y se acerca un poco de más. Pero yo no tengo miedo. Como médica tuve que lidiar con gérmenes complicados. Además, mantengo una actitud positiva y siento que no me va a pasar nada. Eso no quita que tomo todas las precauciones», dice. Por ejemplo, cuando llega sumerge sus manos en el balde con agua con lavandina. «Así las tengo, destrozadas», suspira. Además, rocía todo con el aspersor y, si volvió de pasear a su perro, le limpia las patitas.

Viviana Neiman hace las compras a metros de su departamento. Pero esta semana se aventuró a ir a una dietética que queda a una cuadra. Y confiesa que se vistió especialmente para la ocasión. «Nunca disfruté tanto salir a hacer compras -cuenta-. Afuera me doy cuenta de lo encerrada que estoy, de lo alejada que estoy de la realidad de la calle. Una realidad que, en verdad, es horrible. Todo es muy triste».

Para salir usa un único par de zapatillas, que después limpia con agua y lavandina y deja junto a la puerta. Siempre lleva un spray con alcohol al 70%. «Me rocío las manos cada vez que toco algo, lo mismo en el súper. Y guardo distancia con los demás. Es tremenda la sensación de que la gente evita el roce y yo los evito a los demás. Todo el tiempo me parece estar viviendo la peor escena de una película futurista«, reflexiona. Cuando vuelve, Viviana pone a lavar todas las bolsas que usó para traer sus compras.

Como psicoanalista, Viviana piensa mucho en el impacto emocional que provoca esta pandemia. «Uno puede cambiar sus hábitos por una motivación, por ejemplo, para llevar una vida más saludable. Pero ahora, detrás del cambio de rutinas está el estrés, el miedo a contagiarse, la desolación de la calle. Hay poca esperanza de que algo pueda mejorar en lo inmediato. Todos esos sentimientos son los que hacen que todo tenga un sabor tan amargo. Nos estamos privando de salir con amigos, de pedalear al aire libre. Y no queda otra, porque uno se tiene que proteger contra un enemigo invisible«.

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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