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Saavedra

Crisis en el Club Estudiantes del Norte

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El Club Estudiantes del Norte, una institución histórica del barrio de Saavedra, se encuentra atravesando una de las situaciones más críticas de su larga historia. Esta entidad, que ha sido un pilar fundamental para la comunidad, está en riesgo de desaparecer debido a una compleja situación económica derivada de un juicio laboral. La demanda, interpuesta por un exprofesor de fútbol, ha puesto en peligro el futuro del club, y ahora sus socios y vecinos luchan unidos para salvarlo.

Un juicio laboral que amenaza al club

Todo comenzó cuando un fallo judicial obligó al Club Estudiantes del Norte a pagar 1.900.000 pesos a un exprofesor que había trabajado en la institución. Sin embargo, lo que parecía ser un problema manejable para el club pronto se transformó en una pesadilla. El demandante, alegando ajustes por inflación y otras consideraciones legales, solicitó una nueva revisión del monto adeudado, que fue incrementado a 12 millones de pesos.

Pero el conflicto no terminó ahí. El demandante solicitó un nuevo ajuste que, sorprendentemente, fue aprobado en tiempo récord por el juzgado. El monto total de la deuda ahora alcanza la abrumadora cifra de 47 millones de pesos, una cantidad desmesurada que pone en riesgo la existencia misma de la institución. Este número es prácticamente imposible de cubrir para un club barrial que ha sido sostenido principalmente por el esfuerzo y el amor de sus socios.

El inmueble en riesgo de remate

La situación se agrava aún más con la reciente noticia de que el abogado del demandante ha solicitado el remate del inmueble donde opera el club. Esto significaría no solo la pérdida de un edificio, sino el cierre definitivo de un espacio que ha sido un lugar de encuentro, formación y recreación para generaciones de vecinos. Estudiantes del Norte no es simplemente una estructura de ladrillos; es un símbolo de la identidad del barrio, un lugar donde se han tejido lazos comunitarios irrompibles a lo largo de los años.

El club, ubicado en la Avenida Parque Roberto Goyeneche 4051, ha sido testigo de innumerables momentos de alegría, de esfuerzo, de vecinos practicando deportes y encuentros. Desde los entrenamientos de los más pequeños hasta las reuniones de socios, este espacio ha sido fundamental para el desarrollo social del barrio Ahora, su futuro pende de un hilo, y la comunidad se ha movilizado para evitar su desaparición.

Ante esta angustiosa situación, los socios del club han decidido no quedarse de brazos cruzados. En una reciente reunión, varios de ellos propusieron diversas acciones para recaudar fondos que permitan hacer frente a la deuda. Se habló de la organización de eventos deportivos y sociales, rifas, y la implementación de diversas formas de colaboración económica. Sin embargo, la ayuda de los vecinos es fundamental para que estas iniciativas tengan éxito.

Cómo colaborar

El Club Estudiantes del Norte ha lanzado una campaña de recolección de fondos para poder seguir adelante y evitar el remate de su inmueble. Bajo el lema “¡Nuestro club nos necesita!”, invitan a todos los vecinos y socios a aportar lo que esté a su alcance para salvar esta institución. Se pueden realizar donaciones al CVU 0000318400000002040835 o acercarse personalmente al club para conocer otras formas de colaborar.

Cada pequeño aporte suma para defender este espacio. El club ha sido un lugar donde las generaciones han crecido, jugado y aprendido valores fundamentales. En cada partido, en cada aplauso, en cada risa de los niños que corren por la cancha, se refleja la esencia de lo que representa esta institución para el barrio.

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Saavedra celebra la continuidad de un espacio querido por los adultos mayores

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Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.

La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.

Un lugar para encontrarse y disfrutar

El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.

Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.

En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.

Una continuidad que llevó varios pasos

La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.

El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.

El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.

Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.

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Saavedra

Escuela Angelelli de Saavedra: estudiantes crean tecnología para combatir el ruido

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En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.

La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.

Tecnología pensada desde el barrio

El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.

Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.

Pero la propuesta fue más allá de la tecnología

Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.

Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.

Una escuela muy ligada a la comunidad

El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.

“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.

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Un rincón único de Saavedra: Casa Obopop fue declarada de Interés Cultural

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En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.

La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.

Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.

Una obra que también construyen los vecinos

Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.

Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.

La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.

Saavedra tiene su propio museo tecnológico

Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.

El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.

Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.

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