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De la AMIA a Bataclan: una muestra de fotos para recordar el atentado en Buenos Aires llegó a París con una conmovedora imagen extra

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Mariana no podía estar ahí. Una persona de seguridad le permitió quedarse en un sitio prohibido porque la vio sola e inofensiva. Ramón no debería haber estado ahí: con su metro noventa de altura él suele presenciar los recitales desde lejos. Pero se sentía con la obligación de acompañar a una amiga a quien le gusta ver los shows de cerca. Daniel tampoco tendría que haber estado ahí, a doce pasos del interior del edificio: un señor lo había invitado a una reunión. A disgusto -él prefería ir a tomar un café- aceptó la cita que le salvó la vida. A los tres los une la experiencia de haber estado en un lugar que se rompió, sin preludios, ni avisos, de haber vivido un tiempo histórico bisagra. Son tres sobrevivientes designados por el azar.

Se encontraron por primera vez en la Embajada de la Argentina en París. Mariana Mirabile es argentina, Ramón González es español. Son novios y viven en la capital francesa. Daniel Pomerantz es argentino y vive en Buenos Aires. Juntos posaron ante la lente del artista Julio Menajovsky, uno de los primeros reporteros gráficos en llegar a Pasteur 633, la sede porteña de la AMIA, minutos después de las 9.53 del 18 de junio de 1994. La imagen completará la muestra fotográfica “Veinticinco”, una exposición que hasta el momento se nutría de 19 historias y 38 postales porteñas.

“Veinticinco” debería llamarse esta vez “Veintiséis”. La exhibición en conmemoración a los 25 años del atentado ya se presentó en Nueva York y en Buenos Aires. Su lanzamiento en París sucede un día después del cuarto aniversario de los atentados terroristas en la capital francesa: el 13 de noviembre de 2015 tres comandos yihadistas del Estado Islámico sembraron el pánico y el caos con seis ataques sincronizados en terrazas, en los alrededores del Estadio de Francia y en la sala de conciertos el Bataclán. Murieron 130 personas y más de 400 resultaron heridas.

Mariana y Ramón sobrevivieron a la masacre. Fueron invitados a compartir su historia para anexarla a la muestra. El propósito: construir un puente simbólico entre el dolor y la experiencia de ambas tragedias. El encuentro lo organizó Pomerantz, director ejecutivo de la AMIA, también sobreviviente. Aquella fatídica mañana de julio, él estaba a cargo del área de administración de la mutual judía. Recuerda que un día antes se había jugado la final del Mundial de Fútbol en Estados Unidos y que ese lunes estaba habituándose sus nuevas oficinas. Un hombre mayor había insistido en invitarlo a una reunión. A su encuentro fue minutos antes de las diez de la mañana. Se dirigieron hacia un recinto en la otra punta del edificio, en el segundo piso, a doce pasos del interior del mismo. En medio de la charla, el estallido. Su oficina quedó reducida a escombros. Un encuentro al que se había resistido le había salvado la vida.

Desde ese lugar de sobreviviente bajo designio azaroso, mantuvo una charla con los novios. Los escuchó. Cada uno construyó su relato. Mariana había comprado tickets de campo para ver la banda de rock estadounidense Eagles of Death Metal en el Teatro Bataclán la noche del viernes 13. Asistieron ella, su pareja y dos amigos: “Yo me fui simplemente hacia adelante en una parte más elevada, sobre el lateral derecho. Realmente muy cerca del escenario. Era una zona en donde no podía estar. Cuando llego hasta ahí, muy cerca de la puerta del camerino, el guarda me mira, yo lo miro y le digo ‘¿me puedo quedar?’. No me dijo nada. Estaba cerca del escenario y separada de ellos”.

Sonaba el tema Kiss the Devil, que empieza diciendo “¿Quién amará al diablo? ¿Quién cantará su canción?”, cuando ingresaron los terroristas. “Yo no los veo, escucho ruidos, no entiendo qué es, miro al escenario, veo que los músicos se van y pienso que yo también debería hacer algo al respecto. En mi cabeza era alguien, un hombre, con una pistola. En mi cabeza pensaba cuántos tiros tendrá esa pistola, me decía que ya se van a acabar. Fui una de las primeras en subir al camerino porque estaba muy cerca. Subí, me escondí y me metí abajo de una mesa, por las dudas”.

Ramón está a diez centímetros de medir dos metros. “Mi cuerpo, en general, molesta”, entiende. Por eso habitualmente en los conciertos se queda detrás de la multitud. Pero ese día no había ido solo. A una amiga suya le gusta presenciar de cerca los espectáculos. Lo salvó esa sencilla decisión, porque “cuando entraron los terroristas, murieron primero los que estaban atrás”. En un momento, se desconectó del concierto: fue a la barra a comprar una cerveza para él y un vino para su novia, que estaba apostada del lado derecho del teatro. “Le pregunté si quería venir con nosotros y me dijo que estaba bien ahí. Volví con mis dos amigos y tres, cuatro o cinco minutos después fue cuando entraron los terroristas”, retrató.

“Hay una parte de negación del cerebro que nos dice que eran petardos en vez de disparos. Nos tiramos todos al suelo de manera instintiva. Yo pienso que son petardos. ‘No os preocupéis son petardos’, me dijo uno a mi lado. Otro le contesta que no, que son disparos. En los dos minutos que estuve en el suelo con los ojos cerrados escuchando ese tableteo, ese ‘pa-pa-pa-pa’. llegué a pensar que formaba parte del espectáculo”. Recordó que la canción One de Metallica empieza con estallidos de bombas y que empezó a preocuparse al escuchar los gritos de terror que aparecieron cuando los estallidos se detuvieron: “Ahí es cuando me levanto, miro y veo a estos tres terroristas”.

Lo describió como una imagen apocalíptica: “Alguien había encendido la luz así que una luz cenital cae sobre ellos que están en el centro y elevados, de las balas sale un efecto, los palcos eran rojos. Es una imagen muy potente”. Le bastó un segundo para contemplar esa postal y correr: “Esta huida fue instinto porque no utilicé la razón. Nuestro amigo se quedó en el suelo y miraba a los terroristas para ver en qué momento huir, cuando estuvieran cargando las armas. Yo no, me levanté y me eché a correr en medio de las balas. Y terminé llegando a la habitación”.

En su testimonio dice que corría encogido: “Mi cuerpo parecía haber encontrado por sí solo una posición que le permitía avanzar y al mismo tiempo resguardarse lo máximo posible”. De casualidad divisó una puerta por donde escapar. Cuando entró al camarín, volvió a razonar y dejó de moverse por impulsos. Empezó a preguntarse dónde estaban Mariana y sus amigos. En un arrebato, pensó en ir a buscarla a la sala. Desistió rápido. “En un momento dado pierdo un poco el temple y empiezo a gritar ‘Mariana, Mariana’. Ella, que estaba debajo de la mesa, sacó un brazo, me agarró el pie y me dijo ‘estoy aquí’”.

Sesenta personas se recluyeron en esa habitación. Debajo de la mesa, él lloraba mientras ella asumía el rol protector. Estuvieron más de dos horas en silencio, sin saber lo que pasaba afuera. Ramón escribió una crónica de ese día que tituló Paz, amor y death metal. Lo hizo para exorcizar su carga traumática. A diferencia de su novia, lo contó y lo escribió muchas veces. “Cuando lo recuerdo no vuelvo al 13 de noviembre, vuelvo a lo que ya he escrito o he dicho. Se produjo en mí una especie de separación del evento tan fuerte que a veces me parece que no lo viví. Me cuesta conectar con ello. Hablo casi de memoria, como si fuese un actor. Me emociono con testimonios de otros sobrevivientes, no con el mío. Me cuesta saber quién fui yo esa noche”.

La foto es un instante de un encuentro que duró dos horas. La idea fue de Elio Kapszuk, director de Arte y Producción de la AMIA y curador de la muestra. “De la misma manera que queríamos contarle a los parisinos lo que había pasado hace 25 años en Buenos Aires, no podíamos ser ciegos de su propia conmemoración. Por eso quisimos hacer una acción conjunta. Siempre decimos es no solo trabajamos por la memoria y el reclamo de justicia del atentado a la AMIA, sino que trabajamos para combatir a aquellos detractores de la memoria y promotores del olvido y por el pedido de justicia de todos los casos impunes en el mundo”, expresó.

Elio le propuso la iniciativa a Daniel, quien al principio, tal vez por pudor, tuvo reparos con la idea. “Fue un encuentro conmovedor. La imagen del final es la conclusión de dos horas conservando sobre nuestras experiencias. Descubrí que hay ciertos códigos que tienen que ver con el horror que se repiten sin importar lugar ni nacionalidad. Nos contamos qué nos pasó durante y cómo después pudimos convivir con lo que nos sucedió. Fue un intercambio”, explicó. Destacó dos conceptos de la visita: la hermandad de personas que no se conocen y que convivieron con el horror y la vocación de seguir viviendo.

Desde el 14 de noviembre hasta mediados de diciembre, en la Galería Argentina, un anexo de la Embajada en París destinada a la promoción de las artes audiovisuales, la muestra fotográfica “Veinticinco” contará 25 retratos de estudio de personas atravesadas por el atentado a la AMIA -sobrevivientes y familiares de víctimas- y una historia extra, anclada en la coyuntura local. “El olvido no necesita ayuda, en cambio la memoria necesita trabajo. Es una decisión. Somos los que elegimos recordar”, apuntó Elio Kapszuk.

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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