La Parroquia San Isidro Labrador es una iglesia católica que se encuentra en el barrio de Saavedra, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Esta iglesia es una construcción histórica y emblemática del barrio y es considerada uno de los lugares más importantes de culto religioso de la zona.
En esta ocasión, vamos a enfocarnos en la historia de la Parroquia San Isidro Labrador, con el objetivo de conocer más sobre su pasado, su arquitectura y su relevancia cultural en el barrio de Saavedra y en la ciudad de Buenos Aires.
A lo largo del tiempo, la iglesia ha sido testigo de importantes eventos históricos y culturales, y ha sido un punto de encuentro y referencia para la comunidad católica y para los habitantes del barrio. A través de la historia, la Parroquia San Isidro Labrador ha sido un espacio de fe y esperanza para muchas personas, y ha sido cuidada y preservada por generaciones.
Dirección:
Av. San Isidro Labrador 4630, Saavedra, Comuna 12.
Misas
Lunes a Sábado: 19.00 hs. y Domingos: 10.00 hs, 11.30 hs y 19.30 hs.
Secretaría parroquial:
De lunes a viernes de 17.00 hs a 20.00 hs.
Confesiones:
Durante la Semana, pedirle al Sacerdote al finalizar la Misa. Los Domingos, hay confesiones durante todas las Misas.
Un poco de historia
San Isidro Labrador se erigió en un terreno donado por la familia Martínez Justo. Su construcción se hizo con el apoyo económico de Concepción Unzué. En memoria de su esposo Carlos Casares, que había sido gobernador bonaerense.
La piedra fundamental se colocó el 15 de mayo de 1930. El 15 de diciembre del año siguiente Monseñor Santiago Copello la erigió canónicamente como parroquia. El diseño del templo estuvo a cargo del arquitecto Carlos Massa. Quien junto a Copello son responsables de la construcción de muchas Iglesias de la Ciudad. En la ciudad de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, hay un templo de iguales características. Financiado por la misma Unzué y realizado también por Massa en 1941. Nueve años después que esta parroquia. Ambos son idénticos en su proyecto aunque los sufrieron remodelaciones con posterioridad.
La estructura del edificio es monumental: mide 47 metros de largo por 20 de ancho. Además, como el antiguo nivel de la calle fue bajado tres metros, la iglesia quedó en una posición elevada. Esto le agrega majestuosidad.
La fachada de San Isidro Labrado
Su fachada presenta un estilo que muchos arquitectos definen como neocolonial ortodoxo. Nos remite a las obras más citadas de Martín Noel, Mario Buschiazzo y Vicente Nadal Mora. Mezcla de arte español e indígena. A su izquierda, se puede ver la torre campanario con reloj. Remata con una pequeña cúpula de características neobizantinas. Está revestida en cerámicos polícromos (estos detalles no son comunes en las obras de Massa), culminando en una cruz de hierro.
Se distingue el doble portón de madera y el balcón en la parte superior. Que aparece como bajorrelieve en la fachada, con columnas adosadas al muro que enmarcan la entrada.
Pero lo que más impacta de su imagen externa es ser una réplica casi exacta del templo de la vieja Universidad de San Francisco Xavier, en la ciudad boliviana de Chuquisaca, actualmente Sucre. Ese templo data de marzo de 1624. La diferencia es que aquella tiene dos torres. Aprovechamos para recordar que en esa universidad se formaron hombres de Mayo, como Mariano Moreno, Bernardo de Monteagudo o Juan José Castelli.
Detalles
Al ingresar en el Atrio, predominan hermosos vitral de su puerta intermedia. Su interior es de planta de cruz latina y sin ningún revestimiento en los muros. Solamente pequeñas cerámicas, que representan las estaciones del Vía Crucis. Presenta una nave principal y dos laterales, el techo, con forma de bóveda de cañón, presenta, un corte con una cúpula hexagonal.
En 1971 el retablo que imitaban muebles coloniales se reemplazó por un gran mural. Sus medidas impactan, 8 metros de alto por 5 de ancho. Su autor es el artista argentino Raúl Soldi. La obra representa al niño Jesús sostenido por dos ángeles, y está compuesta por aproximadamente 300 baldosines cerámicos. El autor además realizó un collage que representa a un ángel con trompeta que puede apreciarse en la base del ambón. La más llamativa es la ubicada en el bautisterio, a la derecha del atrio. Junto a la pila bautismal se ve un óleo representando a San Miguel Arcángel en lucha contra dos demonios.
Pegado al Templo, el edificio del Colegio parroquial, conforman una hermosa postal colonial. La avenida donde se encuentra tiene la particularidad de ser la única, en toda la Ciudad de Buenos Aires, que comienza y termina en una misma arteria, la avenida Cabildo. Nace en su intersección con Paroissien y finaliza en Cabildo y Vedia, 10 cuadras después.
Quien fue San Isidro Labrador
Por su humilde origen y su condición de sencillo labrador, no se conocen particularidades de su niñez. Pero la santidad de su vida y los prodigios obrados por Dios en su persona lo hicieron ampliamente conocido. Contrajo matrimonio con Santa María de la Cabeza, con quien tuvo un hijo. Murió en 1130 y fue canonizado por Gregorio XV el 12 de marzo de 1621, juntamente con San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri. San Isidro es el patrono de los labradores y agricultores.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.
En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.
La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.
Tecnología pensada desde el barrio
El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.
Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.
Pero la propuesta fue más allá de la tecnología
Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.
Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.
Una escuela muy ligada a la comunidad
El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.
“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.
En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.
La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.
Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.
Una obra que también construyen los vecinos
Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.
Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.
La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.
Saavedra tiene su propio museo tecnológico
Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.
El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.
Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.