El futuro del Instituto Duayén, ubicado sobre la calle Ballivián al 2200, en Villa Ortúzar y a pocos metros del límite con Villa Urquiza, genera una profunda preocupación entre familias, docentes, ex alumnos y vecinos. Durante años, esta institución educativa fue una opción elegida por numerosas familias de la Comuna 12, pero hoy atraviesa una de las etapas más difíciles de su historia.
La delicada situación tomó mayor visibilidad luego de una investigación realizada por el periodista Gonzalo Herman, del diario Clarín, que expuso públicamente una realidad que muchos vecinos ya venían comentando desde hacía meses.
Según denuncian familias y docentes, desde que el establecimiento cambió de propietarios hace aproximadamente un año y medio comenzaron a multiplicarse los problemas. La falta de pago de salarios habría provocado la renuncia de numerosos maestros y profesores, mientras que la incertidumbre derivó en una importante salida de alumnos hacia otras escuelas de la zona.
Quienes conocen la historia del Duayén recuerdan una institución con aulas completas, reconocida por su nivel académico, la enseñanza de inglés, las actividades deportivas y la cercanía con las familias. Hoy, según los testimonios difundidos, la matrícula se redujo drásticamente y algunos cursos cuentan con muy pocos estudiantes.
La preocupación también alcanza a quienes aún permanecen en el colegio. Padres y madres aseguran que todavía esperan respuestas claras sobre el futuro de la institución, mientras docentes y personal educativo continúan atravesando una situación de gran incertidumbre.
Para muchos vecinos de Villa Urquiza, la noticia tiene un fuerte impacto emocional. Durante décadas, cientos de chicos del barrio cruzaron diariamente hacia Villa Ortúzar para estudiar en el Duayén, formando parte de una comunidad educativa que trascendía los límites entre ambos barrios.
Aunque desde la institución trascendió que el colegio seguiría funcionando, las familias sostienen que la crisis todavía no encuentra una solución definitiva y que la incertidumbre continúa marcando el presente de la escuela.
La esperanza de la comunidad educativa es que la situación pueda encaminarse y que un establecimiento con más de tres décadas de historia logre superar este difícil momento. Para vecinos, ex alumnos y docentes, preservar un espacio educativo con tanto arraigo significa también cuidar parte de la identidad de esta zona de la Ciudad.