Connect with us

Sin categoría

El anfitrión

Publicado

on

En 2008 fui invitado por la Universidad de Berkeley, en California, a compartir con los alumnos la lectura de mi cuento A cajón cerrado, en el contexto de la publicación de mi novela Tres Mosqueteros en Norteamérica.

Mientras hacía tiempo, en el parque universitario, antes de entrar al aula para el evento, me sorprendió la profusa cantidad de alumnos asiáticos. El mismo océano Pacífico que -por entonces hacía menos de 70 años- había enfrentado a Japón y USA, ahora traía oleadas de estudiantes de toda el Asia a la costa californiana: el triunfo americano en la Segunda Guerra Mundial, había sido también la victoria del intercambio pacífico del conocimiento.

Mi charla era en español con traducción simultánea y a los alumnos les interesó en particular la variada demografía del barrio de Once, donde sucedía mi relato. Cuando acabó el encuentro, uno de los profesores me comentó que dentro de dos días era Rosh Hashaná, el año nuevo judío, y que uno de los alumnos le había sugerido invitarme a su casa. Por supuesto acepté.

San Francisco, donde yo estaba parando, era una ciudad encantadora, pero con demasiados altibajos para poder caminarla, como a mí me gusta en cualquier lugar que visito. Me quedaba sin aire. Vi gente trotando, y me pregunté cómo hacían. De todos modos llegué caminando hasta el puerto, frente a la abandonada cárcel de Alcatraz: comí cangrejo en la calle y presencié la pelea tribal de los lobos marinos. Por la tarde del día siguiente, los organizadores se encargaron de venir a buscarme para llevarme a la cena de Rosh Hashaná.

El dueño de casa, mi anfitrión, se llamaba Loan, y era asiático. Vietnamita, me aclaró muy pronto. Había comenzado a estudiar Letras a los 56 años, luego de toda una vida como ingeniero químico. La mesa estaba servida con todos los rudimentos de la celebración: el jalá (el pan trenzado), la manzana con miel y el gefilt gefish. También había pastrón y pepinos para picar. Loan me aclaró que era un kosher simple, sin supervisión. Le respondí con una sonrisa que yo no notaba la diferencia. Pero el rasgo de humor se perdió con mi inglés.

Nos acompañaba una pareja de judíos norteamericanos que vivían cerca; hablaban algo de español. Hicieron las veces de traductores, pero el chiste que yo había hecho no se podía explicar, ni tampoco valía especialmente la pena. Finalmente apareció la esposa de Loan, Chi, también vietnamita. Se habían conocido en California más de veinte años atrás. No tenían hijos. Loan repartió kipots (los solideos que usamos los judíos en el templo o ceremonias) y rezó rápidamente, en la modalidad reformista (no ortodoxa). Logré acompañar murmurando en algunos párrafos. Loan guiñaba a menudo un ojo, mientras el otro permanecía inamovible.

Finalmente, cuando sobrevenía el segundo plato, sabiendo que me arriesgaba a un momento políticamente incorrecto (no sería el primero ni el último de mi azarosa existencia), le pregunté a Loan cómo había llegado a ocurrir su judaísmo.

-Yo soy judío desde el año 68 -me respondió Loan-. Señaló a su esposa y agregó:- Ella se convirtió por mí, en el 88.

-¿Usted nació en Vietnam?-consulté-.

Loan asintió, y dijo: -Y también morí en Vietnam, en la jungla, en las afueras de Saigón.

-Si fuera Pésaj -dije-, estaríamos contando la historia de nuestra salida de Egipto: aprovechemos que es Rosh Hashaná para que me cuente su propia historia.

No lo dije, pero supe, que precisamente contarme su historia era el motivo central de mi presencia en esa casa.

-Cuando cumplí 16 años – comenzó Loan-, la guerra civil era rampante en mi país. Yo vivía en una aldea del Delta de Mekong. Me debatía entre huir y sumarme al bando de los resistentes del Sur, contra el vietcong y los comunistas norvietnamitas. Mi utopía, en cualquier caso, ya era llegar a América. Que Dios me perdone, pero yo no quería disparar ni que me mataran. No obstante, cuando los vietcongs atacaban la aldea, mi padre resistía, y a mí me escondían en el gallinero. Pero dentro de un año ya no sería demasiado joven como para tomar un arma. Los acontecimientos se desencadenaron, sin dejarme tomar decisión alguna. Una noche, efectivos del Ejército de Vietnam del Norte… no sé si sabe cuál es la diferencia con el Viet Cong -interrumpió-.

– El Viet Cong eran los sudvietnamitas armados a favor de los comunistas de Vietnam del Norte -recité-. Y el Ejército de Vietnam del Norte era eso.

Loan pareció abrir aún más el ojo que guiñaba, y continuó: -A mí me secuestraron los efectivos del Ejército de Vietnam del Norte, y me obligaron a sumarme a sus filas. Me entrenaron y me adoctrinaron, simultáneamente. Ninguno de los dos intentos tuvo efecto. Pero un mes más tarde, en septiembre de 1966, tuve que salir a matar, con ellos. No duré nada: esa misma noche una bala americana me arrancó este ojo (se señaló el ojo inmóvil) y morí.

Aunque habíamos estado escuchando en cerrado silencio, el mismo silencio se hizo ahora sepulcral. Igual que no pude explicar mi chiste en inglés, tampoco puedo ahora explicar cómo el silencio pasó de un nivel a otro. Chi apoyó la palma de su mano en el dorso de la de su marido.

-Pasaron no sé cuántas horas. Y de pronto llegó un grupo de soldados americanos, acompañados de un hombre con acento, sin un ojo.

-¿Cómo pudo distinguir el acento y la falta de un ojo? -pregunté, no incrédulo, sino absorto-.

-Yo me había criado entre los soldados americanos de mi aldea, podía distinguir incluso el acento de sus diferentes regiones. Este hombre no era americano. Tenía un parche. Era calvo.

No sé qué premonición o deja vu me asaltó, pero murmuré lo que Loan pronunció en voz alta: -Era Moshé Dayán-dijo-.

Efectivamente, pensé sin decirlo, diez años después de la Guerra del Sinaí, y apenas un año antes de la de los Seis Días, Dayán, retirado del ejército, visitó Vietnam como corresponsal, acompañando a un regimiento americano de combate. Yo recordaba la escena, en su autobiografía, donde contaba que había encontrado en la jungla a tres vietcongs muertos, con sus túnicas negras y descalzos. Y paradójicamente había descubierto, en ese instante, que el esfuerzo bélico norteamericano en Vietnam estaba destinado al fracaso.

-Resucité en su presencia -siguió Loan-. Aunque en los registros oficiales de Vietnam, y en la autobiografía de Dayán, estoy muerto. No me interesa remediar esa circunstancia. En el hospital de Saigón, Dayan me dijo: “Para lo que hay que ver en este mundo, con un ojo alcanza”. Las circunstancias de mi viaje a Israel con Dayán deben permanecer en secreto, lo lamento. Pero tardé dos años en hacer la conversión al judaísmo, aprobada por los rabinos de Israel. Luego cumplí con mi sueño: vivir en América.

Levanté mi copa y propuse: -Lejaim.

Loan golpeó la copa el primero conmigo, se hizo eco, dejó pasar un instante, y dijo en un acento universal: -Shaná tová.

Seguir leyendo
Publicidad

Sin categoría

Parque Sarmiento bajo la polémica: vecinos denuncian ruidos hasta la medianoche

Publicado

on

La convivencia entre los espacios recreativos y el descanso de los vecinos vuelve a estar en el centro de la discusión en el barrio de Saavedra. En los últimos días, la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra volvió a visibilizar una serie de reclamos relacionados con los ruidos que se generan en sectores concesionados del Parque Sarmiento, especialmente durante la noche y fuera del horario habitual de cierre del predio.

Según denunciaron desde la entidad vecinal, las actividades desarrolladas en un espacio privado ubicado dentro del parque, frente a la calle Andonaegui, se extenderían de manera frecuente más allá de las 20 horas, horario establecido para el cierre del tradicional pulmón verde de la Comuna 12.

Las quejas se multiplicaron luego de la difusión de imágenes registradas cerca de las 22.20 horas, donde se observan actividades que, según los vecinos, generan gritos, bombos, silbatos, bocinas y otros ruidos que afectan la tranquilidad de quienes viven en las inmediaciones.

Un reclamo que suma cada vez más voces

Desde la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra sostienen que la problemática no se limita a hechos aislados, sino que se repite de lunes a lunes y en algunos casos se prolonga hasta pasada la medianoche.

Los vecinos aseguran que la situación impacta directamente en la calidad de vida de las familias de la zona, especialmente de adultos mayores, personas que trabajan al día siguiente, niños y también de las mascotas que suelen verse afectadas por los ruidos intensos.

A su vez, remarcan que el Parque Sarmiento es uno de los espacios verdes más importantes de la Ciudad de Buenos Aires y que debería preservarse como un lugar de recreación, deporte y contacto con la naturaleza, respetando las normas vigentes y el descanso de la comunidad.

Pedido de controles y cumplimiento de las normas

Entre los principales reclamos aparece la exigencia de mayores controles por parte de las autoridades y el cumplimiento efectivo de las regulaciones relacionadas con horarios y niveles de ruido.

Los vecinos también cuestionan aspectos vinculados al funcionamiento de algunas concesiones privadas dentro del predio y reclaman mayor transparencia respecto de los servicios utilizados y las condiciones bajo las cuales se desarrollan determinadas actividades.

Un debate que vuelve a instalarse en la Comuna 12

La discusión sobre el uso de los espacios públicos y las concesiones dentro de parques porteños no es nueva. Sin embargo, el reclamo surgido en Saavedra vuelve a poner sobre la mesa el equilibrio que debe existir entre las actividades recreativas, los emprendimientos privados y el derecho al descanso de quienes viven en los alrededores.

Mientras los vecinos continúan difundiendo imágenes y testimonios para visibilizar la problemática, esperan respuestas concretas que permitan recuperar la tranquilidad en uno de los espacios verdes más emblemáticos de la zona norte de la Ciudad.

Seguir leyendo

Sin categoría

Gratis y en Villa Urquiza: gran show de tango en el CC 25 de Mayo

Publicado

on

El tango vuelve a tomar protagonismo en la agenda cultural porteña con una propuesta imperdible para los vecinos de la Comuna 12. El próximo viernes 8 de mayo a las 20 horas, la reconocida Orquesta del Tango de Buenos Aires se presentará en el histórico Centro Cultural 25 de Mayo, en el barrio de Villa Urquiza, con entrada gratuita y reserva previa.

Bajo la dirección del maestro Néstor Marconi, uno de los grandes referentes del género, el concierto contará con la participación especial del cantor Esteban Riera, quien aportará su impronta interpretativa a una noche cargada de emoción y tradición.

Un recorrido por los grandes clásicos

El espectáculo propone un viaje por algunas de las piezas más emblemáticas del repertorio tanguero, con arreglos especialmente pensados para esta formación. Entre los temas destacados se encuentran obras inolvidables como “Balada para un loco”, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer; “Sus ojos se cerraron”, de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera; y “Pa’ que bailen los muchachos”, del legendario Aníbal Troilo.

La propuesta también incluirá composiciones propias del director, como “L’Atelier” y “A la alta escuela”, además de una selección de obras de grandes referentes del género, consolidando un repertorio que combina tradición y actualidad.ImagenSube un archivo de imagen, elige uno de tu biblioteca de medios o añade uno con una URL.SubirBiblioteca de mediosInsertar desde una URL

Una orquesta con historia y prestigio

La Orquesta del Tango de Buenos Aires, creada en 1980, es un organismo estable dependiente de la Dirección General de Música del Gobierno de la Ciudad. A lo largo de su trayectoria, ha compartido escenario con figuras históricas como Roberto Goyeneche, Susana Rinaldi y Raúl Lavié, entre muchos otros.

Su calidad artística fue reconocida con importantes distinciones, entre ellas el Premio Konex de Platino y un Latin Grammy al mejor álbum de tango, consolidándola como una de las agrupaciones más destacadas del género en las últimas décadas.

Seguir leyendo

Sin categoría

Emprendedores en el Colegio Cristo Rey con entrada gratuita

Publicado

on

El barrio de Villa Urquiza vivirá una jornada especial este sábado 13 de septiembre, cuando el Colegio Cristo Rey, ubicado en Quesada 5228, abra sus puertas para recibir a vecinos, vecinas y visitantes en una nueva edición de la Feria de Emprendedores.

El encuentro tendrá lugar de 12 a 18:30 horas, con entrada libre y gratuita, y busca ser una tarde llena de creatividad, productos únicos y el entusiasmo característico de los emprendedores barriales.

Un espacio de encuentro para la comunidad

Las ferias barriales se han consolidado en los últimos años como verdaderos motores de la vida comunitaria. En este caso, el Colegio Cristo Rey será el espacio donde los vecinos podrán recorrer stands con artesanías, manualidades, productos innovadores y propuestas originales, además de disfrutar de un clima familiar y amigable que fomenta la interacción social.

“Será una jornada especial para compartir en comunidad y apoyar a quienes todos los días ponen esfuerzo y pasión en sus proyectos”, señalaron los organizadores de la feria, que invitan a acercarse con amigos y familia para disfrutar de una propuesta diferente en Villa Urquiza.

Beneficios para emprendedores y artesanos

Este tipo de ferias cumplen un rol fundamental en la economía de los feriantes y artesanos, ya que ofrecen un canal de venta directo, permitiéndoles dar visibilidad a sus productos y fortalecer sus marcas frente a un público diverso.
Entre los principales beneficios se destacan:

  • Visibilidad y ventas: la posibilidad de exhibir creaciones directamente al consumidor, generando ingresos inmediatos.
  • Retroalimentación: un espacio ideal para recibir opiniones y comentarios que ayudan a mejorar la calidad de los productos.
  • Conexiones estratégicas: la oportunidad de vincularse con otros emprendedores y generar futuras colaboraciones.
  • Refuerzo de marca: una plataforma para consolidar la identidad y dar a conocer las propuestas a un público más amplio.

Y más allá del aspecto económico, las ferias de emprendedores también cumplen una función clave en la construcción de identidad barrial, en este sentido, la feria del Colegio Cristo Rey se presenta como una herramienta de integración y desarrollo local, con beneficios concretos:

  • Identidad local: refleja el talento, la creatividad y el espíritu de trabajo de los vecinos de Villa Urquiza.
  • Promoción cultural: rescata el valor de lo artesanal y lo hecho a mano, promoviendo la cultura de cada puestero que participa.
  • Atracción de visitantes: abre la puerta a que personas de otros barrios se acerquen y participen.
  • Lazos comunitarios: fomenta el encuentro, el intercambio y la colaboración entre vecinos.

Seguir leyendo

Editor Responsable: Diego Barattucci - Domicilio legal: Llavallol 2983, CABA - Teléfono: 11.5982.9757 - Correo electrónico: diegobara1010@gmail.com - Registro Naciónal de Propiedad Intelectual N°: RE-2026-53329681-APN-DNDA#MJ - Integrante de la Asoc. Civil Medios Vecinales - Integrante del Reg. de Medios Vecinales CABA - Visitas del último mes: 38.429