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El Premio a la Excelencia Judicial 2019 fue para Mólica Lourido y su equipo

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Otorgado por dos organizaciones de la sociedad civil, la titular del Juzgado n.° 20 en lo Contencioso Administrativo y Tributario y su equipo de trabajo, fueron los protagonistas de la noche en la city porteña

En la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la magistrada recibió el miércoles 20, el premio de manos de las autoridades del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (FORES) y del Instituto para el desarrollo empresarial de la Argentina (Idea).

Junto a Mólica Lourido, fueron ternadas sus colegas, Alejandra Petrella y Andrea Danas. Y en los tres casos, la distinción se hizo extensiva a todo el equipo de colaboradores de cada uno de los juzgados.

Consultada por iJudicial, Danas reconoció que la terna es en sí misma, un premio. Y completó, «es un premio a la justicia de la Ciudad y en especial al fuero Contencioso Administrativo y Tributario». «Esto visibiliza y reconoce nuestro trabajo, y a su vez, lo destaca para exigir -como nunca en tantos años de demora- la plena vigencia de la autonomía, y la concreción del traspaso de las competencias, mal llamadas nacionales, a la órbita de la Ciudad», recalcó. También reflexionó acerca de la condición pública de todo aquello que se hace desde cada juzgado, y recordó que «está siendo visto por la ciudadanía, a quien le debemos nuestro cargo y nuestra labor».

Por su parte, la titular del juzgado n.° 12, Alejandra Petrella, felicitó a sus colegas y destacó que «estar ternados fue un aliciente para seguir trabajando como lo hacemos». Además de agradecer a ambas entidades por el reconocimiento, sostuvo que «estar en la terna representó un premio al laburo de todo un equipo de un juzgado que tiene más de 19 años».

A continuación, el discurso completo de la titular del juzgado n.° 20, Cecilia Mólica Lourido:

«Buenas tardes a todos y a todas. En primer lugar, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las autoridades de Fores y de Idea por esta distinción que nos llena de orgullo a mi equipo de trabajo y a mí. Pero principalmente quiero agradecerles por darme la oportunidad de estar compartiendo este momento, con las personas con las que trabajo todos los días.

Este premio es sin dudas un reconocimiento al Poder Judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya que lo coloca en un lugar de notoriedad ganado a fuerza del trabajo de veinte años. Digo que el reconocimiento trasciende a mi juzgado y lo hago sin temor a equivocarme porque pude ver la genuina alegría de todos los que en estos días se acercaron a felicitarnos. La sensación que percibí fue la de un logro compartido; un logro del que todos se saben parte.

Como ustedes sabrán, el Poder Judicial de la Ciudad es un poder judicial muy nuevo en comparación con los años que lleva, por ejemplo, el de la Nación. Y dentro del Poder Judicial de la Ciudad, nuestro juzgado, el número 20, es de los más nuevos: llevamos en funcionamiento apenas algo más de seis años.

En estos días no pude evitar recordar cómo fue nuestro comienzo como juzgado. Porque hoy lo que se ve es un juzgado funcionando pero no fue una tarea fácil: había mucho trabajo y pocas personas con experiencia en la labor judicial y en la profesión. Recuerdo que por esos días, junto con mis colaboradores más cercanos y con los colegas que estaban en la misma situación, compartíamos una preocupación: ¿seríamos capaces de transmitir nuestro ideal del servicio de administración de Justicia? Subrayábamos servicio cada vez que podíamos. En este punto, esta distinción que hoy nos toca recibir me da una cierta tranquilidad, ya que me permite pensar que, como grupo, en mayor o en menor medida, con aciertos y con errores, estamos pudiendo cumplir con las expectativas de los distintos actores jurídicos y no jurídicos. El hecho de que el jurado que otorga este premio esté integrado también por personas que no provienen del ámbito jurídico, en mi visión, lo hace más valioso, ya que los operadores jurídicos tenemos la responsabilidad de que el servicio de justicia se preste adecuadamente, pero el servicio de justicia no nos pertenece. Es de la sociedad en su conjunto.

Si de ser justa se trata, debo decir que hoy, seis años después de haber asumido como jueza, tengo el orgullo de contar con un equipo de trabajo que, bajo mi dirección, trabaja a diario en la construcción del resultado más justo para aquellas personas que se encuentran detrás de los papeles, buscando del Estado una respuesta a sus problemas. Hablo, desde luego, de los integrantes del juzgado a mi cargo, desde quienes atienden en la mesa de entradas hasta los secretarios, donde cada uno, comprendiendo la importancia de su rol aporta lo propio para que estos momentos sucedan. Les agradezco personalmente a cada uno de ustedes.

Qué decir del nombre del premio. El premio que entregan Fores e Idea premia la excelencia judicial. Entonces me pregunto: ¿acaso es excelente nuestra labor? Si tengo que dar una respuesta honesta, lo cierto es que no, no lo es. A veces nos equivocamos y otras  simplemente “aprobamos”. Digo esto no por ser poco empática con el esfuerzo de mi equipo y con el propio, sino porque creo que este premio que nos toca hoy recibir nos distingue por querer ser excelentes, a pesar de que no lo somos.

Incluyo entonces como merecedores de la distinción, como no puede ser de otra manera, a mis colegas, especialmente a las Dras. Alejandra Petrella y Andrea Danas, y todos quienes trabajamos en el poder judicial poniendo lo mejor de cada uno, aún relegando lo personal, al servicio de un poder judicial que en su complejidad nos exige siempre más tiempo, profesionalización, paciencia, estudio, comprensión y dedicación.

 Por último, quiero destacar que esta distinción llega en un momento en el que la visión que la sociedad tiene del Poder Judicial dista de ser la mejor. Justas o no, las críticas existen y pesan sobre todos los que integramos el poder judicial. Nuestro deber es, entonces, revertirlas con hechos. El poder judicial tiene que ser el lugar donde la ciudadanía se sienta respaldada; un otro imparcial a quien acudir para solucionar sus problemas.

Hay una historia o leyenda que me gusta mucho y que sirve para graficar lo que quiero decir. La historia dice que Federico de Prusia construyó un palacio y que en las afueras había un molino que era muy ruidoso y arruinaba el paisaje. El rey entonces ofreció al molinero una suma de dinero importante  a cambio del molino para poder destruirlo, pero éste la rechazó. Ante una nueva oferta, la volvió a rechazar. Cuando finalmente el rey le dijo que si no aceptaba su oferta, él podía expropiar el molino, el molinero, se mantuvo firme y con seguridad respondió al rey: ‘Señor, todavía hay jueces en Berlín’. Dicen que incluso al rey le gustó la confianza que tenían sus súbditos en la justicia y que todavía hoy puede verse el molino.

Esa confianza en la justicia es la que tenemos que recuperar. Y por recuperarla  me refiero a que los litigantes se lleven la certeza de que alguien los escuchó, analizó su caso y lo resolvió con un genuino ánimo de justicia. Muchas gracias».

Entre el numeroso público que colmó la sala, se encontraban, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Carlos Rosenkratz; el consejero porteño y camarista en lo Penal, Contravencional y de Faltas, Marcelo Vázquez; y el titular del Juzgado n.° 5 en lo Contencioso Administrativo y Tributario, Martín Converset.-

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Saavedra

Una huerta de Saavedra que cosecha reconocimiento internacional

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En medio del movimiento cotidiano de Saavedra, entre canchas de tenis, pádel y espacios deportivos, en la calle Galván 3920 existe un rincón verde que logró trascender las fronteras del barrio. Se trata de una huerta urbana de casi mil metros cuadrados que, por su propuesta y forma de trabajo, llamó la atención de uno de los medios periodísticos más importantes de España.

El diario El País publicó en septiembre un artículo sobre esta experiencia impulsada por el Grupo Mezcla, la empresa gastronómica responsable de los restaurantes Casa Cavia, Asadero y Orno. La iniciativa comenzó en 2020, cuando un terreno que hasta entonces permanecía como un espacio de césped sin utilizar fue transformado en un lugar de producción agroecológica.

Allí se cultivan distintas variedades de verduras, hortalizas y hierbas aromáticas que luego recorren unos pocos kilómetros hasta las cocinas de los restaurantes. Tomates de árbol, puerros, lechugas, kale, remolachas y hasta cucamelones forman parte de una producción que busca incorporar ingredientes diferentes y aprovechar los alimentos propios de cada estación.

Saavedra y una huerta que conecta la tierra con la gastronomía

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que no se limita a producir alimentos. La huerta funciona como un espacio de intercambio entre ingenieros agrónomos y cocineros, que participan en la planificación de cada temporada, proponen cultivos y experimentan con nuevos productos.

Marcela Harris y Christian Krizaj, ingenieros agrónomos vinculados al proyecto desde sus comienzos, acompañan el desarrollo de los cultivos y trabajan junto a los equipos gastronómicos para definir qué sembrar y cómo aprovechar cada cosecha.

Para los chefs, tener los ingredientes a pocos metros de distancia permite conocer de primera mano sus características, respetar los tiempos naturales de producción y diseñar platos de acuerdo con la disponibilidad de cada temporada.

La experiencia también deja una enseñanza que va más allá de la gastronomía: conocer el origen de los alimentos, comprender cómo se producen y valorar el trabajo que existe detrás de cada ingrediente.

Más espacios verdes y agricultura dentro de la Ciudad

La publicación de El País vuelve a poner en escena una experiencia que tiene como protagonista a Saavedra y que demuestra que la agricultura también puede encontrar su lugar dentro de una gran ciudad.

En Buenos Aires, las huertas urbanas y comunitarias vienen ganando espacio como alternativas para recuperar el contacto con la naturaleza, promover prácticas sustentables y generar nuevas formas de relacionarse con el entorno.

Para los vecinos de la Comuna 12, esta experiencia es un ejemplo interesante de cómo un espacio urbano puede transformarse y adquirir una nueva función. En una ciudad donde cada metro verde tiene un valor especial, iniciativas como la de Saavedra permiten imaginar otras maneras de aprovechar la tierra, producir alim

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Coghlan

Coghlan recibe a más de 200 jóvenes de 20 países para el Congreso Internacional Ana Frank

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El barrio de Coghlan tendrá durante varios días una importante presencia internacional. Más de 200 jóvenes provenientes de distintos puntos del mundo llegarán a Buenos Aires para participar de la tercera edición del Congreso Internacional Ana Frank de Jóvenes para Jóvenes, una propuesta que encuentra en la memoria histórica una herramienta para pensar el presente y construir un futuro con mayor respeto por las diferencias.

La sede principal será el Centro Ana Frank Argentina para América Latina, ubicado en Superí 2647, una institución que desde su inauguración en 2009 trabaja para mantener vigente la historia de Ana Frank y promover la educación en derechos humanos, la inclusión y la prevención de la discriminación y la violencia.

Éste encuentro para los vecinos representa también una oportunidad para reconocer la importancia de contar con una institución de estas características en el barrio, que recibe visitantes, estudiantes y delegaciones de distintos lugares para transmitir una historia que la humanidad no debería olvidar.

Memoria, derechos humanos y participación juvenil

La programación, que se extenderá hasta el 7 de noviembre, estará organizada alrededor de siete grandes ejes. Entre ellos se encuentran la memoria del Holocausto, otros genocidios y las dictaduras; el arte como forma de resistencia; la convivencia y la cultura de paz; los derechos de las mujeres y las diversidades; la participación juvenil frente a los desafíos ambientales y la inclusión social y educativa.

También habrá espacio para discutir el papel de la inteligencia artificial en la educación, la comunicación y el futuro laboral, una temática que atraviesa especialmente a las nuevas generaciones.

La apertura oficial está prevista para el miércoles 4 de noviembre a las 8.45 en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, ubicado en Viamonte 1549. Participarán autoridades nacionales e internacionales y se entregará el Premio Ana Frank a Ronald Leopold, director de la Anne Frank House de Ámsterdam. Además, se firmarán acuerdos de cooperación con Uruguay y la provincia de Misiones.

Un espacio de Coghlan que mantiene viva la historia

El Centro Ana Frank Argentina representa en América Latina a la institución de Ámsterdam dedicada a preservar la memoria de la joven que murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen, después de permanecer escondida junto a su familia durante la persecución nazi.

Su historia, conocida mundialmente a través de su diario, sigue siendo una referencia para reflexionar sobre el odio, la intolerancia, la persecución y las consecuencias de la discriminación.

Que más de 200 jóvenes de 20 países se reúnan alrededor de estos valores en el corazón de Coghlan no es un dato menor. En tiempos en los que la violencia, los discursos de odio y las divisiones sociales siguen presentes, estos espacios educativos y de intercambio recuerdan que la memoria no debe quedar encerrada en los libros: necesita transmitirse, discutirse y mantenerse viva entre las nuevas generaciones.

Desde la Comuna 12, la presencia de este centro constituye un motivo para valorar una institución que, desde el barrio, trabaja todos los días para que una de las etapas más oscuras de la humanidad nunca sea olvidada.

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Comuna 12

Semana del Patrimonio 2026: actividades gratuitas en Saavedra y Coghlan

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La historia de los barrios también se conserva en los libros que pasaron por las escuelas, las caricaturas que reflejaron la política de otras épocas y las estaciones ferroviarias que acompañaron el crecimiento de Buenos Aires. Con esa mirada, la tercera edición de la Semana del Patrimonio ofrecerá actividades gratuitas para acercar a los vecinos a los espacios y relatos que forman parte de la identidad porteña.

En la Comuna 12, las propuestas se concentrarán en Saavedra y Coghlan, con encuentros que invitan a mirar el pasado desde lugares conocidos y reconocer el valor cultural que permanece cerca de casa.

Museo Saavedra: libros escolares y caricaturas políticas

El Museo Histórico Cornelio de Saavedra, ubicado en avenida Crisólogo Larralde 6309, será una de las paradas de la programación.

El miércoles 4 de noviembre, a las 17, se realizará la charla “Libros y lecturas escolares de un siglo a otro”, un recorrido por los textos utilizados en la escuela primaria argentina desde mediados del siglo XIX hasta fines del siglo XX. La propuesta permitirá conocer cómo cambiaron los contenidos, los materiales y las formas de enseñar a lo largo de las generaciones.

El viernes 6, también a las 17, llegará “Algo más que risas: caricatura, política y prensa en la Buenos Aires del siglo XIX”. A cargo de Claudia Román, doctora en Letras de la UBA, la actividad analizará el papel de las caricaturas en los medios de comunicación de aquella época y su influencia en la formación de la opinión pública.

Coghlan: una búsqueda entre el pasado y el presente

La estación de Coghlan, uno de los lugares más hermoso y emblemático del barrio, será escenario de una experiencia participativa organizada por la Asociación Amigos de la Estación Coghlan, con sede en Estomba 2649.

Bajo el nombre “La búsqueda de Coghlan en el tiempo”, la propuesta invita a descubrir historias y secretos del patrimonio ferroviario y relacionarlos con la identidad actual de la zona.

Habrá dos oportunidades para participar: el viernes 6 de noviembre, a las 14.30, y el sábado 7, a las 16.

Una oportunidad para valorar el patrimonio barrial

La Semana del Patrimonio se desarrollará en distintos puntos de la Ciudad, con visitas guiadas, talleres, charlas y recorridos por edificios históricos. La mayoría de las actividades serán gratuitas, aunque algunas requieren inscripción previa.

Para los vecinos la agenda representa una oportunidad para conocer mejor el lugar donde viven y reconocer que el patrimonio no está solamente en los grandes monumentos: también permanece en las instituciones, los espacios ferroviarios, los documentos y las historias transmitidas de generación en generación.

Participar de estas propuestas permite mantener viva la memoria de los barrios y comprender por qué conservar su historia resulta fundamental para las próximas generaciones.

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