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Emprendedores de Triple Impacto en el Parque Mugica de Saavedra

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En un llamado a la travesía de la imaginación emprendedora, el grupo Emprendedores de Triple Impacto (ETI) está orquestando un evento que promete buenas propuestas a todos los asistentes. Bajo la consigna «Vení a descubrir el talento local», el Parque Carlos Mugica, situado en la intersección de las calles Rogelio Yrurtia y Carlos Pellegrini, en nuestra Comuna 12, será el lugar donde estos emprendedores expondrám el próximo sábado 9 de septiembre, desde las 12 hasta las 18 horas.

La organización, inmersa en la creación de esta experiencia única, nos anticipa: «Nos preparamos para celebrar la llegada de la temporada pre primaveral con un evento para todos los vecinos.»

Emprendedores de Triple Impacto (ETI)

Desde su génesis en 2017, Emprendedores de Triple Impacto (ETI) ha demostrado ser un faro de creatividad y cambio en la comunidad. Su misión se centra en la organización de eventos de vanguardia que reúnen a emprendedores y en la facilitación de sesiones de formación para empoderar a las próximas generaciónes. Durante el año pasado, sus actividades se extendieron por lugares como el Parque Mugica, el Parque Saavedra y el Centro de Jubilados y Pensionados Unión Recreativa, en García del Río 3369.

Pero, ¿quiénes son realmente estos emprendedores de triple impacto?

Estos emprendedores no buscan solamente el éxito económico; tienen un compromiso inquebrantable con la generación de un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

Los emprendedores de triple impacto fusionan tres dimensiones vitales: impacto social, impacto ambiental y sustentabilidad económica. En otras palabras, sus emprendimientos no solo persiguen la rentabilidad, sino que también abrazan la responsabilidad social y el compromiso medioambiental.

Estos visionarios sustentables se esmeran por elevar la calidad de vida de la sociedad a través de sus productos y servicios. En eventos como la feria que se avecina en el Parque Mugica, demuestran que su objetivo es trascender el simple lucro; desean ser catalizadores del cambio en el mundo.

La filosofía del triple impacto (social, ambiental y económico) establece un nuevo paradigma empresarial basado en soluciones sociales y medioambientales. Se basan en el firme compromiso de cuidar el medio ambiente, utilizando materiales reciclables, gestionando eficientemente la energía y empoderando a los clientes para reducir la contaminación sin sacrificar la calidad de los productos.

Este movimiento también se refleja en la creciente demanda de productos sustentables. Grandes cadenas de comercialización y pequeños negocios están siguiendo la corriente, ofreciendo a los consumidores una gama cada vez más amplia de opciones que contribuyen positivamente al mundo.

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Saavedra celebra la continuidad de un espacio querido por los adultos mayores

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Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.

La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.

Un lugar para encontrarse y disfrutar

El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.

Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.

En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.

Una continuidad que llevó varios pasos

La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.

El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.

El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.

Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.

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Escuela Angelelli de Saavedra: estudiantes crean tecnología para combatir el ruido

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En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.

La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.

Tecnología pensada desde el barrio

El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.

Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.

Pero la propuesta fue más allá de la tecnología

Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.

Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.

Una escuela muy ligada a la comunidad

El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.

“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.

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Un rincón único de Saavedra: Casa Obopop fue declarada de Interés Cultural

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En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.

La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.

Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.

Una obra que también construyen los vecinos

Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.

Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.

La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.

Saavedra tiene su propio museo tecnológico

Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.

El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.

Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.

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