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Entre el argumento oficial y la indignación vecinal: el debate por la demolición en Parque Saavedra

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El reciente operativo de demolición del centro de jubilados y la cancha de tejo en Parque Saavedra, llevado adelante por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el pasado martes a la madrugada, generó un fuerte revuelo en el barrio de Saavedra.

Mientras desde el oficialismo defienden la medida alegando que se trataba de una construcción irregular con múltiples denuncias, vecinos autoconvocados y organizaciones barriales expresaron su repudio ante lo que consideran una acción arbitraria, desproporcionada y profundamente regresiva para la comunidad del barrio de Saavedra.

Una madrugada de topadoras y vallados

Todo ocurrió en la madrugada del martes, cuando personal del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, junto con un numeroso operativo de la Policía de la Ciudad, se presentó en el sector del parque ubicado en García del Río entre Conde y Freire.

Sin previo aviso, se procedió a desalojar el predio y demoler una edificación que, desde hace décadas, funcionaba como sede del Centro de Jubilados y Pensionados Unión Recreativa del Parque Saavedra, junto a una cancha de tejo utilizada por adultos mayores y vecinos del barrio.

La sorpresa fue total para quienes por años participaron de este espacio. La demolición incluyó maquinaria pesada y la remoción de siete camiones cargados de escombros. Tras el operativo, se colocaron vallas y la zona permanece bajo custodia policial.

La versión oficial: ocupación del espacio público y denuncias

Desde el Gobierno de la Ciudad sostienen que la intervención respondió a una ocupación indebida del espacio público. Según explicaron fuentes de Espacio Urbano, la estructura demolida era una “construcción de mampostería que se presentaba como centro de jubilados”, pero que no contaba con habilitación legal ni permiso de uso del terreno.

“La convivencia requiere reglas claras y respeto. No vamos a permitir situaciones de ocupación permanente del espacio público, que obligan a los vecinos a vivir situaciones que no eligieron”, aseguró el ministro Ignacio Baistrocchi. Además, funcionarios informaron que desde hace tiempo existían denuncias por parte de vecinos que alertaban sobre hechos de violencia, amenazas, y obras realizadas sin autorización.

También recordaron que a fines de 2024 ya se había intimado a los ocupantes y se habían secuestrado materiales de construcción que eran utilizados para reacondicionar el predio. “El espacio público es de todos, tiene que ser compartido, no tomado”, remarcaron.

La otra cara: un espacio con historia y función comunitaria

Sin embargo, desde el tejido social barrial, la interpretación es radicalmente distinta. Para quienes formaban parte del centro, la demolición no solo fue inesperada y violenta, sino también injusta. “Este lugar tenía permisos actualizados en el Registro de Organizaciones de Acción Comunitaria (ROAC).

Teníamos habilitación hasta 2027. Todo estaba en regla”, expresaron integrantes del Club de Amigos del Parque Saavedra, quienes también vieron cómo se incautaron materiales donados por la comunidad y destinados a arreglos en la cancha de tejo.

Vecinos como Marta, docente jubilada, mostraron su indignación: “Esto no era una fachada. Acá había actividades culturales, talleres, clases de folklore, se hacían encuentros intergeneracionales. Iba a traer libros para donar. No podemos entender lo que pasó”. Otro vecino fue contundente: “Esto era el alma del barrio. Lo destruyeron sin pensar en nosotros. Quemaron un libro de historia, esto era todo para muchos jubilados”.

Desde la Asamblea Parque Saavedra emitieron un comunicado tajante: “Repudiamos el accionar violento, ilegal y absurdo del GCBA. Vinieron de madrugada, sin orden judicial, y arrasaron con un espacio con historia, que funcionaba desde hace más de 30 años y estaba en regla. Se llevaron las pertenencias de las personas que trabajaban allí, incluidos puestos de feria del parque. Si tocan el club, nos tocan a todes”.

Pedido de informes y reclamos políticos

La reacción también tuvo eco en el plano institucional. El comunero Pablo Ortiz Maldonado (Unión por la Patria) y la legisladora Berenice Iañez presentarán pedidos de informes tanto en la Comuna 12 como en la Legislatura de la Ciudad para esclarecer las motivaciones y legalidad del operativo.

Entre los puntos a investigar se destacan:

  • Si existía una orden judicial o administrativa que avalara la demolición.
  • Por qué se llevó a cabo de madrugada y sin aviso previo.
  • Qué destino tuvieron las pertenencias y materiales retirados.
  • Si se contempla la restitución del espacio o una propuesta alternativa para los adultos mayores.

¿Espacio público o espacio comunitario?

La tensión de fondo gira en torno a una pregunta clave: ¿qué significa y a quién pertenece el espacio público? Mientras el oficialismo insiste en que debe estar libre de ocupaciones fijas y ser usado de forma compartida, las organizaciones barriales advierten sobre una tendencia creciente a vaciar de contenido social los espacios verdes, avanzando hacia su “gentrificación” o su uso comercial con grandes eventos y privatizaciones encubiertas.

Parque Saavedra no es un caso aislado. En los últimos años, ha sido foco de protestas por obras inconsultas, eventos masivos cercanos a la reserva ecológica y remodelaciones que no siempre consideraron la opinión de los vecinos. La reciente demolición reaviva este debate, con un saldo doloroso: un centro de jubilados reducido a escombros, sin una propuesta clara de reemplazo.

Lo que quedó en pie tras la demolición no es solo el vallado y el cemento roto, sino la voluntad de cientos de vecinos de defender su derecho a construir comunidad. Aunque desde el Gobierno se intente justificar la medida con argumentos legales, lo cierto es que el modo y la forma de ejecución refuerzan la percepción de que los lazos sociales —especialmente aquellos que se tejen entre los más vulnerables— están siendo desatendidos.

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Saavedra celebra la continuidad de un espacio querido por los adultos mayores

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Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.

La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.

Un lugar para encontrarse y disfrutar

El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.

Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.

En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.

Una continuidad que llevó varios pasos

La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.

El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.

El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.

Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.

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Escuela Angelelli de Saavedra: estudiantes crean tecnología para combatir el ruido

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En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.

La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.

Tecnología pensada desde el barrio

El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.

Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.

Pero la propuesta fue más allá de la tecnología

Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.

Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.

Una escuela muy ligada a la comunidad

El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.

“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.

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Un rincón único de Saavedra: Casa Obopop fue declarada de Interés Cultural

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En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.

La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.

Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.

Una obra que también construyen los vecinos

Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.

Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.

La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.

Saavedra tiene su propio museo tecnológico

Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.

El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.

Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.

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