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Falleció Alejandro Sabella, quien fué vecino de Villa Pueyrredón
Futbolista exquisito, entrenador brillante y ser humano de generosidad inagotable según quienes los conocieron, Alejandro Sabella murió éste martes a los 66 años luego de dos semanas de internación en el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires.
El extécnico de la Selección Argentina falleció como consecuencia de una “miocardiopatía dilatada secundaria enfermedad coronaria y cardiotoxicidad de larga data”, de acuerdo con un comunicado del Instituto Cardiovascular del barrio de Belgrano ubicado en la calle Blanco Encalada 1543, donde estaba internado.
El DT subcampeón del mundo en Brasil 2014 venía evolucionando favorablemente desde el viernes al tratamiento por su dolencia cardíaca, pero en las últimas horas sufrió una complicación respiratoria en la clínica a la que había ingresado el 25 de noviembre pasado.
El ex mediocampista de Estudiantes, River y Ferro había ingresado al Instituto con un shock cardiológico e infección previa producto de una «cardiopatía dilatada secundaria a enfermedad coronaria y cardiotoxicidad», según había informado el centro médico.
«El ICBA Instituto Cardiovascular lamenta informar que el paciente Alejandro Sabella (…) falleció a las 15.30 del día de la fecha como consecuencia de su diagnóstico de cardiopatía dilatada secundaria a enfermedad coronaria y cardiotoxicidad de larga data. Las autoridades y el personal del ICBA acompañan a sus familiares y amigos en este doloroso momento», comunicó hoy la clínica.
Lo que muchos no saben, es que Alejandro Sabella vivió en Villa Pueyrredón a principio de los 80′; residió en el Pasaje Joaquín Castellanos, entre Griveo y Ladines. «Exelente vecino jugaba a la pelota con mis hermanos … vivió años en el pasaje castellanos entre, Griveo y Ladines, me acuerdo de jugar hasta tarde en esa cuadra con sus hijas Vanesa y Flavia, que eran chicas. Iban al club 17 de agosto», relata una vecina.
Fuertemente identificado con Estudiantes de La Plata, una comunión que comenzó cuando vistió la camiseta con 28 años y se prolongó en su etapa de entrenador, su ciclo en el seleccionado argentino tuvo un peso específico y un significado profundo con solo tres años de gestión.
En una de las dos oportunidades en que el seleccionado estuvo más cerca de obtener el tercer Mundial, el director técnico fue una persona racional, analítica, con un agudo sentido de la observación como paso previo ineludible a la toma de decisiones.
Siendo eso un rasgo distintivo, el liderazgo de Sabella no era exclusivamente cerebral. Lo dotó con un profundo contenido humano, transmitía emociones y sensibilidad social. Comprometía a los jugadores con sus fundamentos teóricos y la pasión contagiosa para abrazar una causa. Una vez comentó que el oficio de entrenador se apoyaba en tres patas, a las que identificó con letras: «a) que sabés de qué se trata; b) que le dedicás tiempo al trabajo, y c) que sos confiable como ser humano. Si alguna de esas tres patas se resquebraja, ahí mismo se rompe la confianza del jugador. El entrenador debe infundir respeto».
Como futbolista brilló en River (tricampeón local) y Estudiantes (bicampeón local), a la vez que se destacó en el fútbol inglés y brasileño. Volante de vocación ofensiva, «Pachorra» se destacó por su clase, creatividad e inteligencia. Llegó a jugar en la Selección (ocho partidos entre 1983 y 1984) de la mano de Carlos Bilardo, su DT en Estudiantes, pero se quedó en las puertas de integrar el plantel que luego fue campeón en México 1986.