Casi dos años después del brutal intento de femicidio ocurrido en la calle Superí al 4200, en el barrio porteño de Saavedra, la Justicia condenó a 19 años de prisión a Julián Alberto Reina. El hecho, que quedó registrado por cámaras de seguridad y fue detenido por la intervención clave de un policía, representa un caso paradigmático de violencia de género en la Ciudad de Buenos Aires.
El ataque ocurrió en julio de 2023 y sacudió a los vecinos de Saavedra. La víctima, Dana Pontoriero, fue sorprendida en plena vía pública por su ex pareja, quien la persiguió armado con un revólver y la apuntó a la cabeza con intención de asesinarla.
La rápida actuación de un agente de la Policía de la Ciudad evitó que el intento de femicidio se concretara. A casi dos años del episodio, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°30 dictó una sentencia ejemplar: 19 años de prisión para el agresor.
Un hecho aberrante que quedó grabado
La escena fue registrada por una cámara de seguridad ubicada sobre la calle Superí, de nuesrta Comuna 12. En las imágenes se ve a Julián Reina, de 41 años, caminando con determinación detrás de Dana, sin que ella lo note. La víctima venía del gimnasio, con auriculares puestos. Reina se le acercó por la espalda, la interceptó junto a un paredón y le apuntó directamente a la cabeza.
Fue entonces cuando un patrullero de la División de Intervenciones Rápidas (DIR) apareció en el lugar. El oficial descendió rápidamente, dio la voz de alto y, al ver que Reina mantenía el arma apuntando a la mujer, disparó tres veces para reducirlo. Uno de los tiros impactó en el glúteo del agresor, otro en la pierna y un tercero en el brazo derecho. Reina cayó al suelo y fue detenido en el acto. Desde ese momento permanece privado de su libertad.
Una condena ejemplar y necesaria
El fallo fue unánime. Los jueces Guillermo Enrique Friele, Sergio Adrián Paduczak y Gustavo Goerner lo encontraron culpable de “tentativa de homicidio agravado por el vínculo, por haber sido cometido con alevosía y con violencia de género, y por el uso de arma de fuego, en concurso real con portación ilegítima de arma de fuego de uso civil”.
Durante el juicio, la querella —representada por el Servicio de Patrocinio Jurídico Penal Gratuito de la Dirección General de Asistencia a la Víctima, dependiente del Ministerio de Justicia de la Ciudad— había solicitado una pena de 19 años, mientras que la fiscalía pidió 17. El tribunal finalmente adoptó la condena más elevada.
La sentencia fue celebrada por organizaciones sociales, colectivos feministas y vecinos del barrio, que recordaron con angustia aquella mañana en el que la violencia machista casi se cobra una nueva víctima fatal en plena calle.
Una historia marcada por el control y los celos
La relación entre Reina y Pontoriero comenzó en mayo de 2022, tras retomar contacto por redes sociales. Se conocían desde la infancia, ya que Dana viajaba desde Esquel a visitar a su familia en Saavedra. Lo que comenzó como un vínculo afectivo a distancia rápidamente se transformó en una relación tóxica, según relataría más tarde la víctima.
En marzo de 2023, Dana decidió terminar la relación debido a los comportamientos cada vez más controladores y violentos de Reina. Cuando él descubrió que ella había comenzado un nuevo vínculo con otra persona del barrio, el hostigamiento se intensificó.
Tres días antes del intento de femicidio, Reina la interceptó frente a la casa de una tía y la retuvo por la fuerza. Aunque la víctima fue auxiliada por un patrullero que pasaba por el lugar, no realizó la denuncia en ese momento. “Me daba lástima”, contó después ante la Justicia.
El 6 de julio, Reina volvió a cruzarse con ella y esta vez llevó un arma. Le gatilló varias veces a corta distancia, pero los disparos no salieron. Dana comenzó a correr desesperada. En ese instante llegó el móvil policial que evitaría una tragedia.
La importancia de visibilizar y condenar
Este caso vuelve a poner en agenda una de las problemáticas más urgentes de la sociedad argentina: la violencia de género. Según datos del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, en el país ocurre un femicidio cada 30 horas. Muchos de estos crímenes podrían haberse evitado si existiera una red más sólida de contención, prevención y respuesta estatal.
La condena a Julián Reina no solo significa justicia para Dana Pontoriero. También sienta un precedente importante: los agresores deben saber que los actos de violencia contra las mujeres no quedarán impunes. Las condenas deben ser ejemplares, no sólo para castigar, sino para educar y prevenir.
La lucha no termina
A pesar de la sentencia, los colectivos de mujeres recuerdan que aún queda mucho por hacer. Dana salvó su vida por muy poco. Otras mujeres, niñas y diversidades no corren la misma suerte. En muchos casos, no hay cámaras, ni policías, ni patrulleros cerca.
Por eso, es fundamental continuar concientizando desde temprana edad, en las escuelas, en los hogares, en los clubes, en todos los espacios de la sociedad. La violencia machista no es un asunto privado: es un problema estructural que debe abordarse con políticas públicas, educación con perspectiva de género y un compromiso real del sistema judicial.
Lo ocurrido en Saavedra fue un hecho brutal, pero también una oportunidad para seguir gritando, con más fuerza que nunca: ni una menos.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.
En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.
La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.
Tecnología pensada desde el barrio
El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.
Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.
Pero la propuesta fue más allá de la tecnología
Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.
Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.
Una escuela muy ligada a la comunidad
El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.
“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.
En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.
La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.
Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.
Una obra que también construyen los vecinos
Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.
Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.
La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.
Saavedra tiene su propio museo tecnológico
Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.
El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.
Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.