La emblemática residencia del legendario cantor de tango Roberto «Polaco» Goyeneche del barrio de Saavedra, está al borde de perderse para siempre. Este ícono del barrio podría convertirse en un nuevo edificio, una de esas construcciones modernas que amenazan con borrar la identidad de los barrios porteños. La casa, actualmente en venta como lote, enfrenta la posibilidad de ser demolida para dar paso a un proyecto inmobiliario. Este lamentable desenlace no solo sería una pérdida material, sino también cultural y emocional para quienes valoran el legado del Polaco.
Un patrimonio en peligro
La casa, ubicada en la avenida Melián 3167, no es solo una casa; es un bastión de la cultura tanguera y un recuerdo viviente del Polaco Goyeneche. Su hijo, Roberto Emilio, también cantor de tango y gestor cultural, lucha contra las deudas para mantener este legado en pie. La venta de la propiedad no solo dejaría trunco su proyecto de convertir la casa en un museo dedicado a su padre, sino que también borraría un pedazo importante de la historia de Saavedra.
Roberto Emilio ha enfrentado numerosas dificultades desde que comenzó a considerar la venta de la casa. Con la intención de conservar el inmueble y transformarlo en un espacio cultural, ha presentado planes para remodelar la casa, agregar un baño y un montacargas para que personas discapacitadas puedan acceder a la terraza donde se realizarían espectáculos. A pesar de haber recolectado 2500 firmas de vecinos en apoyo a su proyecto, las deudas lo han obligado a poner la casa en venta.
Una historia de luchas y sacrificios
La situación económica de Roberto Emilio se complicó desde el inicio del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio en marzo de 2020. Como artista, sus ingresos dependían de los espectáculos en vivo, los cuales se detuvieron abruptamente. Poco después, sufrió una fractura de fémur que fue mal atendida, lo que lo dejó postrado durante cinco meses. Durante este tiempo, sufrió un robo en su casa y la destrucción de su vehículo, lo que exacerbó aún más su situación financiera.
La acumulación de deudas y la imposibilidad de generar ingresos suficientes llevaron a Roberto Emilio a la desesperación. «Estoy atrasado en el banco, me cerraron la cuenta y debo plata. De impuestos debo un mes, que no es deuda. Tengo un mes atrasado, pero si vendo acá, voy y cancelo todo», explicó sobre las razones que lo llevaron a poner en venta la histórica residencia.
A pesar de las dificultades, el hijo del Polaco no ha perdido la esperanza. Ha presentado una oferta al Gobierno de la Ciudad para que la casa sea declarada Patrimonio de la Ciudad y conservada. Sin embargo, hasta ahora no ha recibido respuesta. «La idea sería mantenerla. Yo le hice una oferta al Gobierno de la Ciudad, para lo que se presentó un petitorio, pero no me vino a ver nadie», afirmó.
La casa de Roberto Goyeneche no solo es un recuerdo tangible de su legado, sino también un espacio lleno de historia. Por este lugar pasaron figuras del tango y del rock, y cada rincón de la casa respira la esencia del Polaco. «Mantener este lugar es una responsabilidad. Mi viejo fue, es y será. Yo mantengo viva su imagen y trato de laburar recordándolo a él», contó Roberto Emilio.
A pesar de las adversidadessigue luchando por mantener viva la memoria de su padre y conservar su hogar. Con espectáculos empezando a reanudarse, espera poder mejorar su situación financiera y, con suerte, evitar la venta de la casa.
Declarar esta casa Patrimonio de la Ciudad y preservarla es una deuda de honor que Buenos Aires tiene con uno de sus más grandes artistas. Roberto Emilio y los vecinos de Saavedra continúan esperando que las autoridades actúen para proteger este legadoque los vecinos tanto respetamos.
La situación de la casa de Roberto «Polaco» Goyeneche es un recordatorio de la importancia de preservar nuestra historia y cultura. Mientras la ciudad se moderniza y crece, es crucial encontrar un equilibrio que permita conservar los lugares que representan nuestro patrimonio. La casa del Polaco en Saavedra es uno de esos lugares, y su conservación depende del apoyo del gobierno y de la comunidad.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.
En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.
La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.
Tecnología pensada desde el barrio
El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.
Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.
Pero la propuesta fue más allá de la tecnología
Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.
Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.
Una escuela muy ligada a la comunidad
El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.
“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.
En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.
La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.
Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.
Una obra que también construyen los vecinos
Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.
Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.
La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.
Saavedra tiene su propio museo tecnológico
Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.
El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.
Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.