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La cueva de Paternal donde los mayores de 30 reviven su adolescencia con flippers y videojuegos vintage

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Es la música del Playland de Monroe y Triunvirato (Villa Urquiza), de «los Play» de Paysandú y Espinosa (La Paternal) o de los «Peor es nada» de Beiró y Gualeguaychú (Villa Devoto). Y de tantos recuerdos más. Pero el frente es el de cualquier casa. La puerta de Añasco al 2200, en La Paternal, se abre y todo cambia. Es como si el mundo retrocediera 30 o 40 años. La musiquita es la misma. Y la cara de los que están frente a las 20 máquinas de arcade y flippers, también. Parecen embobados. Lo único que cambia es la edad. Ahora tienen entre 40 y 50.

«Nosotros vendemos nostalgia», aclara Eduardo Fabricante, responsable de todo lo que pasa aquí adentro. El lugar se llama Clarck Entertainment. Se dedica a la venta, reparación y alquiler de arcades y flippers. O, como las llaman ellos, «máquinas de entretenimiento vintage».

Hoy, un sábado a la tarde de verano, Eduardo cumple con un pedido que le hacían por redes sociales. «Ofrecemos el salón para eventos -cuenta Fabricante- Las empresas nos contratan y traen a su personal. También tenemos clientas mujeres que les regalan a sus maridos el alquiler del salón para el cumple de 50. Vienen a jugar con amigos. Pero muchos nos preguntaban si lo podíamos abrir para el público. Que querían venir solos o en grupitos chiquitos. Y decidimos probar. Es que es el ámbito en el que se juntaban muchos tipos que hoy tienen 40 o 50 años. Donde paraban con sus amigos. Para ellos es nostalgia pura».

Por $ 750 por persona, se puede jugar en forma ilimitada con las 20 máquinas que hay en el lugar. La casa se parece a uno de los tantos «fichines» que hubo en la Ciudad y el Gran Conurbano. La Costa también se caracterizó por tenerlos, en sus peatonales. En este reducto de La Paternal, el servicio es completo: está la parrilla llena y se puede jugar tomando una lata de cerveza.

Diego Maidana dice que sus primeros «videos» fueron los de San Martín y Urquiza, en Caseros. Que después abrió un local a dos cuadras de su casa, donde empezó a pasar el tiempo con amigos. Y a los 13 o 14 llegó «la aventura» para un pibe como él: subirse al 146, bajarse en el centro, caminar hasta Lavalle y jugar toda la tarde en los Sacoa. Ahora pasaron cerca de 30 años y Diego está sentado, relajado, con una cerveza en la mano. Jugó casi tres horas a los flippers. Como ayer. La última vez, recuerda, había sido hace siete años. De casualidad encontró uno en el shopping de Devoto y se compró una ficha.

Ni bien entró, sacó su teléfono celular y grabó un video sobre el lugar. Se lo envió a sus amigos. A los mismos con los que paraba en los «fichines» de Caseros. «Se volvieron locos. ¡Nos pasábamos la tarde entera en ese lugar! Yo sabía que me iba a encontrar con gente así acá, cuarentones», cuenta.

Diego vino con su hijo, que tiene 12 años. Quería compartir la tarde con él. Contarle qué hacía y cómo se divertía su papá a su edad. Y aprovechó para enseñarle ciertos tips. Lo paró frente a un flipper y le enseñó cómo parar la bola, cómo hacer un pase de bola, cómo hacer para sentir que los palos son la prolongación de sus manos y cómo llegar con más potencia a la lucecita a la que hay que apuntar. El nene dice que le agarró rápido la mano. Y que le gustó más que jugar a la Playstation.

Pero ahora el que habla como si fuera un nene es Diego, que trabaja en Informática. «Con una ficha podía jugar dos horas seguidas en un flipper. Les tenía la mano», dice y se pone a contar los trucos para ganar bonus y recibir bolas extras. Por último, comenta que se compraría su flipper preferido. Pero que vale más caro que su auto: cotiza a 465 mil pesos.

Fabricante, el dueño de todo, dice que hay grupos de amigos que hacen una vaquita y cierran el lugar para ellos. Durante cuatro horas se turnan para pasar por todas las máquinas y hacen competencias. Juegan solos o de a dos. Y la suelen hacer completa: contratan un servicio de catering para compartir una comida o una barra de tragos.

Gerardo Subirana se toma un descanso. Acaba de hacer una de las cosas que más le gustan en la vida: jugar al Bubble Bobble. Empezó en unos videos de Lugano, su barrio. Años después se mudaría a Dynos, un local de Rivadavia y Nazca. Se pasaba los sábados a la noche frente a ese juego, rodeado de fanáticos como él. También se daría el gusto de conseguir un trabajo en unos «fichines». Ahora trabaja de operador de radio.

En la pausa, muestra su celular. Abre Facebook. Un recordatorio de hace 7 años le muestra lo que publicó un día como hoy: «Ayer fui por el barrio de Flores y a mi infancia y a mis sábados a la noche los encontré en un container. Mucha gente también lo va a recordar. Hablo del local Dynos. Cerró en noviembre. Esta foto lo dice todo…». En la foto, los restos del local estaban sobre un container. En el cierre del local, el dueño decidió venderle los juegos a sus clientes. Se los ofreció a todos. Los que pudieron, compraron.

En Facebook se puede leer otra frase que se refiere a su pasión. Es con una imagen del Bubble Bobble. «Dicen que todos tenemos un amor. Este es mi amor de la infancia y juventud. Desde 1986 seguimos juntos (SIC) y nos reencontramos por fin en un local de juegos».

Hoy cuesta cada vez más generar ese reencuentro, porque el juego está disponible en muy pocos lugares. Y el ambiente es distinto. Una de esas cuevas queda en Rivadavia y Boedo. Es un bar donde se puede comer y hay un par de máquinas. Por la misma avenida, cruzando la General Paz y a la altura de Ciudadela, existe otra opción. Lo de esta tarde, afirma Gerardo, es lo más parecido a la verdadera esencia de los videojuegos.

Las mujeres son pocas. Cuatro, cinco, mezcladas entre treinta hombres. «Kamu» es una de ellas. Nació en Tailandia y aterrizó de bebé en Buenos Aires. Los primeros videos a los que llegó quedaban en Barracas, sobre la calle Piedras. Ahí la llevaba su papá. De adolescente empezó a parar en «Playland», de Flores. «Era un lugar de encuentro para un montón de fanáticos. Ahí podías conocer aficionados del barrio o que estudiaban o trabajaban en la zona. Otros venían de otros barrios directamente a competir», recuerda.

«Kamu» está acompañada por su novio. En la que fue la primera salida, él contó que tenía flippers en su casa. «¿Te gustan los flippers?», preguntó ella, sin poder creer la coincidencia. Esa alegría la había llevado a preguntar algo obvio. No los iba a tener a modo de decoración… Desde ese día, cada noche que se ven en lo de su novio, juegan juntos. Compiten.

«Pero no es lo mismo que lo de hoy», aclara ella. Vinieron a buscar eso que es imposible generar en una casa: el ambiente. «Acá hay gente, hay ruido, hay competencia con gente que no conocés, hacés amigos». Todo lo mismo que veinticinco años atrás la hicieron parar en los «Playland» de Flores. La nostalgia es algo que no entiende de tiempos ni de edades.

NS

 

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Parque Sarmiento bajo la polémica: vecinos denuncian ruidos hasta la medianoche

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La convivencia entre los espacios recreativos y el descanso de los vecinos vuelve a estar en el centro de la discusión en el barrio de Saavedra. En los últimos días, la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra volvió a visibilizar una serie de reclamos relacionados con los ruidos que se generan en sectores concesionados del Parque Sarmiento, especialmente durante la noche y fuera del horario habitual de cierre del predio.

Según denunciaron desde la entidad vecinal, las actividades desarrolladas en un espacio privado ubicado dentro del parque, frente a la calle Andonaegui, se extenderían de manera frecuente más allá de las 20 horas, horario establecido para el cierre del tradicional pulmón verde de la Comuna 12.

Las quejas se multiplicaron luego de la difusión de imágenes registradas cerca de las 22.20 horas, donde se observan actividades que, según los vecinos, generan gritos, bombos, silbatos, bocinas y otros ruidos que afectan la tranquilidad de quienes viven en las inmediaciones.

Un reclamo que suma cada vez más voces

Desde la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra sostienen que la problemática no se limita a hechos aislados, sino que se repite de lunes a lunes y en algunos casos se prolonga hasta pasada la medianoche.

Los vecinos aseguran que la situación impacta directamente en la calidad de vida de las familias de la zona, especialmente de adultos mayores, personas que trabajan al día siguiente, niños y también de las mascotas que suelen verse afectadas por los ruidos intensos.

A su vez, remarcan que el Parque Sarmiento es uno de los espacios verdes más importantes de la Ciudad de Buenos Aires y que debería preservarse como un lugar de recreación, deporte y contacto con la naturaleza, respetando las normas vigentes y el descanso de la comunidad.

Pedido de controles y cumplimiento de las normas

Entre los principales reclamos aparece la exigencia de mayores controles por parte de las autoridades y el cumplimiento efectivo de las regulaciones relacionadas con horarios y niveles de ruido.

Los vecinos también cuestionan aspectos vinculados al funcionamiento de algunas concesiones privadas dentro del predio y reclaman mayor transparencia respecto de los servicios utilizados y las condiciones bajo las cuales se desarrollan determinadas actividades.

Un debate que vuelve a instalarse en la Comuna 12

La discusión sobre el uso de los espacios públicos y las concesiones dentro de parques porteños no es nueva. Sin embargo, el reclamo surgido en Saavedra vuelve a poner sobre la mesa el equilibrio que debe existir entre las actividades recreativas, los emprendimientos privados y el derecho al descanso de quienes viven en los alrededores.

Mientras los vecinos continúan difundiendo imágenes y testimonios para visibilizar la problemática, esperan respuestas concretas que permitan recuperar la tranquilidad en uno de los espacios verdes más emblemáticos de la zona norte de la Ciudad.

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Gratis y en Villa Urquiza: gran show de tango en el CC 25 de Mayo

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El tango vuelve a tomar protagonismo en la agenda cultural porteña con una propuesta imperdible para los vecinos de la Comuna 12. El próximo viernes 8 de mayo a las 20 horas, la reconocida Orquesta del Tango de Buenos Aires se presentará en el histórico Centro Cultural 25 de Mayo, en el barrio de Villa Urquiza, con entrada gratuita y reserva previa.

Bajo la dirección del maestro Néstor Marconi, uno de los grandes referentes del género, el concierto contará con la participación especial del cantor Esteban Riera, quien aportará su impronta interpretativa a una noche cargada de emoción y tradición.

Un recorrido por los grandes clásicos

El espectáculo propone un viaje por algunas de las piezas más emblemáticas del repertorio tanguero, con arreglos especialmente pensados para esta formación. Entre los temas destacados se encuentran obras inolvidables como “Balada para un loco”, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer; “Sus ojos se cerraron”, de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera; y “Pa’ que bailen los muchachos”, del legendario Aníbal Troilo.

La propuesta también incluirá composiciones propias del director, como “L’Atelier” y “A la alta escuela”, además de una selección de obras de grandes referentes del género, consolidando un repertorio que combina tradición y actualidad.ImagenSube un archivo de imagen, elige uno de tu biblioteca de medios o añade uno con una URL.SubirBiblioteca de mediosInsertar desde una URL

Una orquesta con historia y prestigio

La Orquesta del Tango de Buenos Aires, creada en 1980, es un organismo estable dependiente de la Dirección General de Música del Gobierno de la Ciudad. A lo largo de su trayectoria, ha compartido escenario con figuras históricas como Roberto Goyeneche, Susana Rinaldi y Raúl Lavié, entre muchos otros.

Su calidad artística fue reconocida con importantes distinciones, entre ellas el Premio Konex de Platino y un Latin Grammy al mejor álbum de tango, consolidándola como una de las agrupaciones más destacadas del género en las últimas décadas.

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Emprendedores en el Colegio Cristo Rey con entrada gratuita

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El barrio de Villa Urquiza vivirá una jornada especial este sábado 13 de septiembre, cuando el Colegio Cristo Rey, ubicado en Quesada 5228, abra sus puertas para recibir a vecinos, vecinas y visitantes en una nueva edición de la Feria de Emprendedores.

El encuentro tendrá lugar de 12 a 18:30 horas, con entrada libre y gratuita, y busca ser una tarde llena de creatividad, productos únicos y el entusiasmo característico de los emprendedores barriales.

Un espacio de encuentro para la comunidad

Las ferias barriales se han consolidado en los últimos años como verdaderos motores de la vida comunitaria. En este caso, el Colegio Cristo Rey será el espacio donde los vecinos podrán recorrer stands con artesanías, manualidades, productos innovadores y propuestas originales, además de disfrutar de un clima familiar y amigable que fomenta la interacción social.

“Será una jornada especial para compartir en comunidad y apoyar a quienes todos los días ponen esfuerzo y pasión en sus proyectos”, señalaron los organizadores de la feria, que invitan a acercarse con amigos y familia para disfrutar de una propuesta diferente en Villa Urquiza.

Beneficios para emprendedores y artesanos

Este tipo de ferias cumplen un rol fundamental en la economía de los feriantes y artesanos, ya que ofrecen un canal de venta directo, permitiéndoles dar visibilidad a sus productos y fortalecer sus marcas frente a un público diverso.
Entre los principales beneficios se destacan:

  • Visibilidad y ventas: la posibilidad de exhibir creaciones directamente al consumidor, generando ingresos inmediatos.
  • Retroalimentación: un espacio ideal para recibir opiniones y comentarios que ayudan a mejorar la calidad de los productos.
  • Conexiones estratégicas: la oportunidad de vincularse con otros emprendedores y generar futuras colaboraciones.
  • Refuerzo de marca: una plataforma para consolidar la identidad y dar a conocer las propuestas a un público más amplio.

Y más allá del aspecto económico, las ferias de emprendedores también cumplen una función clave en la construcción de identidad barrial, en este sentido, la feria del Colegio Cristo Rey se presenta como una herramienta de integración y desarrollo local, con beneficios concretos:

  • Identidad local: refleja el talento, la creatividad y el espíritu de trabajo de los vecinos de Villa Urquiza.
  • Promoción cultural: rescata el valor de lo artesanal y lo hecho a mano, promoviendo la cultura de cada puestero que participa.
  • Atracción de visitantes: abre la puerta a que personas de otros barrios se acerquen y participen.
  • Lazos comunitarios: fomenta el encuentro, el intercambio y la colaboración entre vecinos.

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