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La Generación Dorada de Wilde: los campeones que volvieron al club para hacer delirar a todo el barrio

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Los cinco habían vivido cosas parecidas en el club. Cosas que no habían podido olvidar: tardes enteras jugando antes y después del partido, los primeros bailes, festejos de cumpleaños y de días del niño, fines de semana de «encuentros» en otras ciudades; partidos de metegol y desafíos en los videojuegos del buffet, cenas de mesas largas compartidas con los padres del equipo al fin de la jornada. Ellos no eran los únicos que se habían hecho amigos; sus papás, también.

Esos mismos cinco pibes, todos vecinos de Wilde, habían dejado el club sin cumplir el objetivo más importante de sus vidas ahí adentro. A la edad que debían empezar a jugar en la Primera, después de pasar entre diez y quince años ahí, decidieron seguir sus caminos en otros equipos. Se fueron, pero nunca pudieron olvidarse del club, como si algo les hubiera quedado pendiente. Por eso volvían tanto, a pesar de defender otras camisetas. Volvían al club, pero fuera de la cancha.

En 2017 un entrenador los pensó. Pero lo más importante no es que los recordó, sino que los haya pensado juntos, otra vez. Les venía siguiendo las carreras y los imaginó en el mismo equipo: con el talento y la identificación con el club serían invencibles. El tiempo le daría la razón: en el primer campeonato perdieron la final. El segundo lo ganaron y ascendieron; el tercero también. Hace unos días fueron bicampeones. Pero las cosas no fueron fáciles.

«Los cinco que volvimos (Nicolas González, Neri Ihitz, Esteban Camelo, Emiliano Palma y Jorge Palma) cobrábamos una beca en nuestros clubes. Digamos que nos pudo el amor y la identificación por el club. Es el club de la vida de todos. Y cada refuerzo que incorporamos queremos que tenga identificación con el club. Hay jugadores que nunca habían jugado acá, pero sus familiares sí», resume Nicolás González (39), escolta y empleado bancario. Dejar de cobrar un viático para pasar a hacerlo gratis no era el único cambio. Desde el regreso, además de entrar a la cancha, tienen que ocuparse de todo lo que implica que después puedan ponerse la musculosa y jugar. Todo es a pulmón: a uno de los entrenadores ellos mismos le enseñaron a jugar, hace años.

El grupo se completa con Sebastián Mondino, Leonardo Fabiano, Lucas Andujar, Matías Fernández y Matías Núñez, además de los juveniles Mirko Toman, Donato Vasallo, Martín Carrizo y Jeremías Castillo. El entrenador es Martin Pulleiro.

«Digamos que no somos hinchas de equipos grandes de básquet. Entonces, nuestro club, además de ser el patio de casa, es nuestro equipo. Somos hinchas de Wilde Sporting Club y de nuestros clubes de fútbol. Pero en mi caso, que soy de Racing, cuando jugamos contra ellos yo les quería ganar. Hacer cosas por fuera del club es desgastante. Aunque también me pasa de querer que sea la hora de estar acá tirando al aro, sin que nadie me hable», explicaNeri Ihitz, pivot y gerente de una fábrica de casas rodantes. Que agrega cuál fue el máximo logro a nivel equipo: «Ver a los padres de los chicos más chicos alentándonos. Y mostrarle a las categorías infantiles que se puede empezar un proyecto desde bien abajo».

A medida que fueron superando obstáculos deportivos y administrativos el barrio empezó a alentarlos. ​

Llegaron a ser hasta 400 personas, entre vecinos, familiares, socios y ex jugadores. Muchos, nunca antes habían visto un partido de básquet. Gracias a ellos pudieron financiar el sueño. En el barrio, y en una parte del Municipio de Avellaneda, se los bautizó como «La generación dorada de Wilde».

La final fue en River. Desde la puerta del club partió un micro y una caravana que alcanzó las 400 personas. Esteban Camejo, alero y jefe de producción de una fábrica, dice que ese día, desde adentro de la cancha, vio «al club: «fue mirar a la gente y sentir que estaban todos los que vi durante toda mi vida acá adentro. Vi el club y una parte del barrio apoyándonos».

Durante la charla con Clarín hay cargadas como las que se hacían a los 15 años. Las risas también son parecidas. Cuando habla González, le dicen «el viejo». A Matías Núñez, cuando enumera todos los clubes por los que pasó, le dicen «el Tweety Carrario»; lo mismo con el que no trabaja y con el comilón del equipo. «Más que un equipo es un grupo de amigos que le mete para adelante», describe Núñez. «La mayor diferencia con todos los clubes por los que pasé la noto en los asados. Vienen amigos de amigos, familiares, ex jugadores. Llegamos a ser 70 personas comiendo». El básquet, pareciera, siempre queda en segundo lugar.  

A lo Luna de Avellaneda

Cuando el equipo se armó, lo primero que hicieron fue pedirle una reunión a la Comisión Directiva del club. Los apoyaron desde un principio. El entusiasmo era lo único con lo que podrían colaborar. Pero no había un peso para destinarle al proyecto. Les fueron sinceros: entre servicios, sueldos y cargas sociales tienen, hoy, 600 mil pesos de gastos por mes. No les alcanzaba el tiempo para generar más que para las obligaciones. 

Pero ellos -por el equipo- también tenían gastos fijos: de administración y fichajes, de árbitros, de viáticos para los tres refuerzos, de transmisión de los partidos, entre otros. Solo por los pases de los tres tuvieron que pagar 27 mil pesos. Entonces, no les quedó otra: salieron a buscar «sponsors».

Aunque Wilde Sporting no está por cerrar, como ocurría con el club Luna de Avellaneda, en la película de Juan José Campanella, su historia y el compromiso de socios y vecinos tiene que ver con la de cientos de clubes de barrio apretados por la crisis, con tarifas impagables e ingenio para recaudar fondos. 

Las comillas son porque solo conseguirían productos. «Parecíamos un supermercado chino. Vendíamos de todo», recuerda Esteban Camejo, el alero. Ofrecían, y ofrecen, cajas de vino, dulce de leche repostero, kilos de helado, muzzarella, huevos de Pascua, y hasta estadías en un complejo de turismo. El que no donaba aportaba artículos al costo. Una vez sortearon un lechón. Tuvieron mucha suerte: se lo ganó un jugador del equipo, pero la carnicería solo lo prometió; nunca lo entregó.  

La entrada más importante era los días de partido. El barrio empezó a acompañar y el promedio era de 200 personas por partido. Cada una pagaba $ 150 pesos de entrada y consumían las gaseosas y hamburguesas que vendían sus familiares.

Todo muy lindo pero ahora están en problemas otra vez. Es que la categoría en la que deben jugar el próximo torneo exige ciertas dimensiones en los campos de juego y no les queda otra que alquilar otra cancha para jugar. Y eso, además de un gasto extra, implica no vender las mismas entradas y perder lo de la parrilla. Pero hay equipo. Adentro y fuera de la cancha. 

SC

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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