Villa Pueyrredón
La huerta que crearon los vecinos al costado de las vías en Villa Pueyrredón
Son una decena de vecinas y vecinos que se juntan en este espacio verde que está elevado y semioculto porque no se ve desde la calle. Para llegar a la huerta, a la que bautizaron La Unión, hay que subir el terraplén por un sendero de tierra. Los participantes riegan, plantan y trasplantan especies comestibles y aromáticas que, desde hace cinco meses, crecen al ritmo de la pandemia.
En La Unión afloran lavandas y caléndulas, salvia y romero, aromáticas y medicinales. También hay unos alcauciles de color violeta fosforescente, que aún no son comestibles, ya que necesitan crecer un par de años más para poder saborearlos. Además hay tomates, rúculas, lechugas, clásicos de toda huerta.
En la huerta de Villa Pueyrredón todo se hace sobre la base de esquejes y semillas propias. Hacen la recolección e intercambian con otras huertas y bancos de semillas. Uno de los problemas frecuentes en las huertas de los espacios públicos es el acceso al agua, que en general depende de la buena voluntad de los vecinos. Acá tienen que traer una manguera desde la esquina, que cruza la calle y se rompe frecuentemente porque pasa una línea de colectivos.
En La Unión están sorprendidos por la producción, que reparten entre ellos y superó sus expectativas. Ya recolectaron lechuga, remolacha, rabanitos, tomates cherry, negros y amarillos, y berenjenas. Todo en sólo dos tomateras. “Vivimos acá y no por eso tenemos que estar aislados de la naturaleza ni creernos que no formamos parte de ella por estar en un ambiente que fue modificado. La idea es que seamos los generadores de esos espacios de naturaleza”, dice una de las vecinas participantes.
Se cree que, poco a poco, los ciudadanos van a ir tomando conciencia, sobre todo de los alimentos con agroquímicos y en parte gracias al etiquetado claro. “Hay mucha gente preocupada por lo que está consumiendo y quiere pasar por la experiencia de la huerta. Hay un auge de la huerta”.