El hermoso barrio de Villa Pueyrredón, ubicado en nuestra Comuna 12 de la Ciudad de Buenos Aires, es conocido por mantener su esencia de casas bajas, a pesar del auge de las construcciones desmedidas que afectan a otros barrios de la Ciudad. Este rincón porteño se destaca no solo por su belleza y tranquilidad, sino también por albergar la manzana más pequeña de toda la ciudad.
La manzana más pequeña
En Villa Pueyrredón, encontramos una curiosidad urbana: la manzana más pequeña de Buenos Aires, conocida cariñosamente como «La Manzanita». Esta singular manzana está ubicada en la intersección de las calles Escobar, Helguera y la avenida Del Fomentista, se distingue por sus diminutas dimensiones.
Según datos catastrales, «La Manzanita» tiene una superficie total de apenas 43 metros cuadrados, con un frente de 2,39 metros y un fondo de 17,99 metros. Esta parcela es tan pequeña que solo puede albergar una única propiedad, la cual históricamente ha tenido diversos usos a lo largo de las décadas.
Historia de la Propiedad
La propiedad ubicada en Escobar 3101 ha pasado por múltiples manos y ha tenido diferentes funciones. En la década de los cuarenta, un matrimonio italiano vivía en la casa y utilizaba una de las habitaciones como peluquería. En los ochenta, el lugar alternó entre funcionar como verdulería y estar abandonado. Más tarde, el rubro gastronómico tomó posesión de la propiedad, y una parrilla se instaló en el sitio, convirtiéndose en un punto de referencia del barrio.
Hoy en día, «La Manzanita» alberga una parrilla que ocupa cada rincón de la diminuta manzana. El espacio dentro del local es tan reducido que solo puede acomodar heladeras, freezers, un mostrador y la parrilla. Los baños y el depósito están ubicados en la planta alta, mientras que las 13 mesas del establecimiento se distribuyen en la vereda, bajo un techo de chapa que rodea toda la propiedad. La manzana funciona casi como una rotonda, con una superficie total de 54 metros cuadrados repartidos en dos plantas, lo que equivale al tamaño de un monoambiente cómodo.
La peculiaridad de «La Manzanita» radica no solo en su tamaño, sino también en su historia y en el encanto que aporta al barrio de Villa Pueyrredón. Los vecinos destacan a modo gracioso que, gracias a su diminuta superficie, jamás tendrán problemas con la humedad en la medianera, y discusiones con los vecinos.
Villa Pueyrredón: Un barrio que conserva su encanto
Villa Pueyrredón sigue siendo un barrio de casas bajas, manteniendo su esencia y evitando las construcciones desmedidas que afectan a otras zonas de Buenos Aires. Sus calles tranquilas y sus pasajes de pocas cuadras ofrecen un respiro en medio del bullicio de la ciudad, permitiendo a sus habitantes y visitantes disfrutar de un entorno pintoresco y acogedor.
La preservación de su arquitectura y la resistencia a las grandes construcciones son fundamentales para mantener el encanto y la belleza de Villa Pueyrredón. Este barrio es un testimonio viviente de la tranquilidad porteña y cada calle invita a ser caminada.
Mientras celulares, tablets y videojuegos concentran buena parte de la atención de las nuevas generaciones, en Villa Pueyrredón un grupo de vecinos, organizaciones e instituciones vuelve a impulsar una propuesta que invita a mirar hacia otro lado: el de la calle, la plaza y los vínculos construidos cara a cara.
Se trata de la CUJUCA (Cumbre de Juegos Callejeros), una iniciativa comunitaria que desde hace años promueve la recuperación de los juegos tradicionales y las actividades recreativas como herramientas para fortalecer los lazos sociales en los barrios.
Con ese objetivo, los organizadores convocan a vecinos, familias, docentes, artistas y referentes comunitarios a participar de una reunión abierta para comenzar a planificar la próxima edición del evento.
El encuentro se realizará el sábado 11 de julio a las 10 de la mañana en la plaza ubicada junto a la estación de Villa Pueyrredón, del lado de Suárez.
Volver a jugar, volver a encontrarse
La propuesta nace de una preocupación compartida por muchas familias: la pérdida progresiva de espacios de juego colectivo y de encuentro entre vecinos.
Durante décadas, las veredas, plazas y calles tranquilas fueron escenarios naturales para la rayuela, los trompos, las escondidas, las rondas, el tejo, los avioncitos dibujados con tiza y tantos otros juegos que atravesaron generaciones.
Hoy, en un contexto donde gran parte de la socialización infantil ocurre frente a una pantalla, la CUJUCA propone recuperar esas experiencias simples que permiten aprender a convivir, cooperar, imaginar y compartir.
La iniciativa sostiene que jugar no es solamente una forma de entretenimiento, sino también una herramienta que favorece la integración, fortalece vínculos y ayuda a construir comunidad.
Un barrio que se organiza desde la creatividad
La Cumbre de Juegos Callejeros reúne habitualmente a organizaciones sociales, instituciones educativas, colectivos culturales y vecinos que trabajan de manera colaborativa para generar actividades abiertas y gratuitas.
La propuesta incluye juegos tradicionales, talleres, rincones de lectura, expresiones artísticas, intervenciones culturales y espacios recreativos pensados para todas las edades.
El objetivo no es solamente organizar una jornada festiva, sino también crear oportunidades para que personas que quizás nunca se cruzarían en otros ámbitos puedan compartir un mismo espacio, intercambiar experiencias y reconocerse como parte de una misma comunidad.
Villa Pueyrredón vuelve a abrir esa puerta, invitando a los vecinos a ser protagonistas de una experiencia que busca que las calles, las plazas y los juegos sigan formando parte de la identidad del barrio.
En una nueva propuesta cultural con fuerte anclaje barrial, vecinos de la Comuna 12 volverán a encontrarse este lunes 29 de junio en Villa Pueyrredón para participar de una jornada de cine debate gratuita en el marco del ciclo “La memoria es futuro”, una iniciativa que busca poner en valor el cine nacional, abrir espacios de reflexión colectiva y fortalecer la organización comunitaria.
La actividad tendrá lugar desde las 18 horas en el Teatro El Alambique, ubicado en Griveo 2350, y contará con la proyección de “Belén”, una de las películas argentinas más destacadas de los últimos tiempos por su fuerte contenido social y su recorrido internacional
Una película para debatir sobre derechos y memoria
La elección de Belén no es casual. En el contexto del mes de Ni Una Menos, la proyección busca visibilizar debates vinculados al derecho a decidir, la violencia institucional y el rol de la justicia frente a situaciones de vulnerabilidad.
La película, dirigida por Dolores Fonzi, está inspirada en hechos reales y narra la historia de una joven acusada tras sufrir un aborto espontáneo, mientras una abogada enfrenta al sistema judicial para demostrar su inocencia.
El film fue reconocido internacionalmente, representó a la Argentina en la carrera hacia los Premios Óscar y obtuvo importantes premios en el exterior, consolidándose como una de las producciones nacionales más relevantes de los últimos años.
Defender la cultura desde el barrio
Desde la organización remarcaron que el objetivo central del ciclo es recuperar el valor del cine argentino como parte de la identidad cultural y como herramienta de construcción colectiva.
En un contexto de recortes y dificultades para la industria audiovisual, la propuesta busca generar un espacio donde vecinos, familias y amigos puedan reunirse no solo a ver una película, sino también a compartir miradas, debatir y sostener la importancia del arte nacional.
Bajo la consigna “La memoria es futuro”, el encuentro plantea que la defensa de los derechos humanos, la memoria histórica y la cultura popular son parte de una misma lucha cotidiana.
Entrada libre y colecta solidaria para comedores del barrio
Además de la proyección y el debate posterior, la jornada tendrá un componente solidario. Si bien la entrada será gratuita, quienes puedan colaborar podrán acercar alimentos no perecederos que serán destinados a comedores comunitarios de la zona.
La iniciativa refuerza una lógica cada vez más presente en los espacios culturales barriales: combinar arte, reflexión y solidaridad en un mismo encuentro.
En tiempos donde la cultura muchas veces encuentra dificultades para sostenerse, propuestas como esta en Villa Pueyrredón vuelven a mostrar cómo los barrios siguen siendo espacios vivos de encuentro, memoria y participación comunitaria.
En medio de la enorme cobertura que realizan los medios argentinos sobre el Mundial 2026, una historia publicada por el diario deportivo Olé y relatada por el periodista Nico Berardo puso el foco en un protagonista distinto. No es jugador, ni dirigente, ni periodista. Es un pibe de Villa Pueyrredón, de apenas 19 años, que decidió transformar un sueño en objetivo y trabajó durante años para hacerlo realidad.
Su nombre es Joaquín y su historia rápidamente empezó a llamar la atención porque representa algo que muchas veces nace en los barrios: el esfuerzo silencioso, la perseverancia y esas ganas de ir detrás de lo que uno desea, incluso cuando parece lejano.
Desde la Comuna 12 hasta Estados Unidos, con una máquina de cortar pelo en la valija y mucha ilusión encima, hoy está viviendo desde adentro la Copa del Mundo.
De las calles de Villa Pueyrredón al Mundial
Todo empezó cuando todavía cursaba la secundaria en el barrio. Mientras muchos sueñan con viajar a un Mundial, Joaquín decidió ponerle fecha y empezar a construirlo.
Aprendió barbería a los 15 años y desde entonces convirtió cada corte de pelo en un pequeño paso hacia su meta.
Durante más de tres años ahorró peso por peso, transformando ese trabajo cotidiano en el combustible de un sueño enorme: estar presente siguiendo a la Selección Argentina.
Hoy, instalado en Estados Unidos, lleva 25 días recorriendo ciudades mundialistas y viviendo una experiencia que hasta hace poco parecía imposible.
El vecino de Villa Pueyrredón que terminó cortándole el pelo a la familia del Dibu Martínez
Lo más llamativo de su historia es que, incluso ya estando en el Mundial, Joaquín no dejó su oficio.
En el hostel donde se hospeda siguió cortando el pelo, esta vez de manera solidaria y ad honorem, algo que lo acercó a personajes inesperados.
Entre ellos, nada menos que familiares de Emiliano “Dibu” Martínez.
Según contó en la entrevista, atendió al padre y al hermano del arquero campeón del mundo, además de periodistas argentinos que cubren la competencia.
Una escena que parece sacada de una película pero que nació desde un barrio porteño, con una tijera y mucha constancia.
Un ejemplo para los pibes del barrio que tienen sueños pendientes
Historias como la de Joaquín no son solamente curiosidades mundialistas. También funcionan como espejo para muchos chicos y vecinos que quizás tienen proyectos, ideas o sueños guardados, pero todavía no se animan a dar el primer paso.
Desde Villa Pueyrredón, un barrio de perfil tranquilo y trabajador, este joven demostró que muchas veces el camino no aparece de golpe: se construye.
Con sacrificio, con oficio y con paciencia.
Y eso, en tiempos donde todo parece inmediato, tiene un valor enorme.
Porque no se trata solamente de haber llegado al Mundial, sino de haber encontrado una manera propia de hacerlo.
El sueño sigue: ahora espera por Miami y más partidos de la Selección
Después de haber conseguido entradas para las primeras fases gracias a vínculos que fue generando durante el viaje, Joaquín ahora proyecta seguir acompañando a la Selección en las próximas instancias.
Mientras tanto, vive cada jornada con intensidad, recorriendo fan fest, cruzándose con hinchas argentinos y soñando con algo todavía más grande: poder cortarle el pelo a algún jugador del plantel.
Y si pudiera elegir, lo tiene claro.
Messi encabeza la lista.
Pero también bromea con que le alcanzaría con cualquiera que esté cerca de la Selección: desde De Paul hasta el utilero.
Una historia que vuelve a demostrar que los barrios siguen siendo cuna de sueños
Villa Pueyrredón suma así una historia distinta para contar.
Una de esas que no salen todos los días, pero que representan mucho.
Porque entre tantas noticias, problemas y urgencias cotidianas, también aparecen relatos que recuerdan que desde cualquier rincón del barrio puede nacer algo grande.
Joaquín es hoy uno de esos ejemplos.
Un pibe común, con un oficio, una meta y la decisión de no quedarse esperando.
Y esa quizás sea la enseñanza más importante para muchos vecinos: que los sueños no siempre llegan solos, pero cuando se los persigue en serio, a veces terminan cumpliéndose.