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Las enigmáticas chimeneas rojas que ventilan los gases de las entrañas de Buenos Aires

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Estaba oculta en el corazón de una manzana de Barracas. Se reveló a la vista hace poco, cuando demolieron un viejo edificio industrial en Suárez al 1700. Pero la enorme chimenea que apareció nunca ventiló el humo de una fábrica, sino algo más profundo: los gases de las entrañas de Buenos Aires. Porque es una de las 80 «ventiletas» de las primeras cloacas que se construyeron en la Ciudad.

Entre 1867 y principios de 1870, el cólera y la fiebre amarilla provocaron la muerte del 10 % de la población porteña. Fallecieron 18.000 personas. Las enfermedades se propagaron rápido en una ciudad con pozos ciegos que contaminaban el agua de los aljibes. Porque en esa época no había agua potable, sino que se recogía la de lluvia o se recurría al aguatero, que la traía del Río de la Plata.

Las epidemias pusieron en evidencia que hacía falta un sistema de saneamiento. La primera red de provisión de agua filtrada fue diseñada por el ingeniero inglés John Coghlan y puesta en marcha en 1869. Con 20.000 metros de cañerías, sólo abastecía al 8% de la población a través de surtidores públicos. En 1871, durante la presidencia de Sarmiento, contrataron a otro británico, John Bateman. Su misión fue diseñar un sistema para llevarle 180 litros de agua potable por día a 300.000 habitantes mediante conexiones domiciliarias. Para esto, hacía falta un establecimiento para producir 5.400 m3 de agua potable por día. Pero también, desagües pluviales y cloacas.

Uno de los debates fue qué hacer con las aguas negras o cloacales. Una opción era usarlas para irrigar cultivos. Pero se eligió otra alternativa: sanearlas en una planta en Wilde y arrojarlas en el Río de la Plata. El sistema sigue funcionando hasta hoy. En AySA explican que los desechos cloacales de unas 4,5 millones de personas confluyen en tres cloacas máximas, que los llevan a la Estación Elevadora de Wilde que recibe 1.843.800 m3 por día y los deriva hacia la Planta Berazategui. Allí son tratados y volcados al río a través de un emisario de 2.5 kilómetros. Actualmente se encuentra en construcción una cuarta cloaca máxima, como parte del Sistema Riachuelo.

Esas extrañas chimeneas que aparecen en la Ciudad forman parte de aquel sistema planeado por Bateman. Las construyeron entre 1880 y 1920, con ladrillos colorados hechos en una fábrica que Obras Sanitarias tenía en San Isidro. Son octogonales y se van angostando en altura, hasta terminar en un remate de material con un pararrayos.

En realidad, no se trata de chimeneas. Lejos de sacar humo, permiten el venteo de los gases que emanan los residuos cloacales y su oxigenación, además de su escurrimiento, porque evitan el vacío por succión.

Las «ventiletas» están ubicadas cada 3 o 4 kilómetros. Algunas tienen 35 metros de altura, otras 30 y otras 25. ¿Qué pasaría si no estuvieran? El mal olor sería intenso y habría contaminación con gas metano, producto de la descomposición de la materia orgánica.

El concepto de ventilación, según explican en AySA, es clave dentro de todo el proceso de saneamiento. Así como las chimeneas airean las cloacas máximas, en las instalaciones domiciliarias se incluye una ventilación a los cuatro vientos. Para la misma función, en cada esquina hay una boca de registro de AySA, con un marco y una tapa metálica circular de 60 centímetros.

«AySA hoy lleva adelante un Plan de Mantenimiento y Mejora, que contempla el relevamiento, diagnóstico y mantenimiento de todas las chimeneas de la concesión -detallan en la empresa-. Se busca asegurar su funcionamiento y conservar el patrimonio arquitectónico que estas representan».

Es que estas chimeneas sin humo están protegidas. Algunas son más visibles que otras, pero vale la pena seguir su rastro a través de los barrios. El mismo rastro que, bajo tierra, trazan las cloacas máximas.

La ventileta más notoria está en Álvarez Thomas entre Forest y 14 de Julio, en Colegiales. En Coghlan hay una en Washington y Congreso. Y otra bien escondida se encuentra cerca de la cancha de Atlanta, en Humboldt y Murillo. La chimenea de la zona de Parque Centenario está en Acevedo, entre Díaz Vélez y Aranguren, y hay otra en Rocamora al 4200. Pero hay más, como la de Inclán y avenida La Plata, en Boedo, o hacia el oeste, las de Gaona y San Nicolás en Floresta, y Murguiondo y Coronel E. Garzón en Mataderos. Eso sí: no siempre están visibles o son fáciles de encontrar.

Recoleta también tiene las suyas: una en Pacheco de Melo y Austria, y otra en Anchorena y Juncal. Porque más o menos favorecidos, los habitantes de todos los barrios de la Ciudad generan desechos orgánicos, que a su vez producen los mismos gases y emprenden el mismo viaje a través de la Ciudad. Un viaje que pasa por una planta de Wilde y que termina en el Río de la Plata.

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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