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Saavedra

Por el desalojo de 150 manteros se profundiza la discusión por el espacio público

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El barrio de Saavedra volvió a quedar en el centro de la discusión pública tras un nuevo operativo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que desalojó a unos 150 manteros instalados en el parque Padre Carlos Mugica. 

La acción, realizada durante la mañana, involucró a efectivos de la Policía de la Ciudad, agentes de Prevención e inspectores del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, y se suma a una serie de intervenciones recientes que buscan recuperar áreas verdes y veredas ocupadas por la venta informal.

Un operativo amplio y coordinado

Según fuentes oficiales, el despliegue incluyó a unos veinte policías, diez agentes de Prevención y veinte inspectores de Espacio Público. El procedimiento estuvo supervisado directamente por el jefe de Gabinete porteño, Gabriel Sánchez Zinny, y por el ministro de Seguridad, Horacio Giménez, quienes observaron de primera mano la remoción de puestos, mesas, estructuras improvisadas y gran cantidad de mercadería exhibida al aire libre.

Los manteros solían instalarse los sábados y domingos a lo largo del perímetro del parque Padre Carlos Mugica, ocupando sectores verdes y veredas con puestos dedicados a la venta de ropa, calzado, juguetes, herramientas, accesorios y comida. Para el Gobierno de la Ciudad, esta actividad afectaba tanto la higiene del espacio como la circulación de vecinos, familias y deportistas que utilizan habitualmente el parque.

Además, los operativos oficiales remarcaron que la presencia irregular de vendedores perjudicaba a los comerciantes de las Ferias Itinerantes de Abastecimiento Barrial (FIAB), quienes sí cuentan con habilitación y trabajan en el barrio los martes y sábados.

Una zona de conflicto creciente en Saavedra

La feria informal había avanzado desde el centro del parque hasta las inmediaciones de la parroquia San Juan Bautista El Precursor, llegando incluso a la colectora de la avenida General Paz, frente al predio de Tecnópolis. Para evitar que la situación vuelva a repetirse, el Gobierno dispuso personal policial e inspectores de manera fija en los sectores liberados.

El operativo se da menos de un mes después de otra intervención similar realizada el pasado 28 de septiembre en el tradicional Parque Saavedra, donde fueron desalojados unos 120 puestos ilegales instalados sobre la avenida García del Río, entre las calles Superí y Freire. Aquella acción fue ordenada por la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos Complejos, a cargo de Celsa Ramírez, y también contó con la supervisión de Sánchez Zinny junto a los ministros Horacio Giménez e Ignacio Baistrocchi.

De acuerdo con cifras oficiales, más de 17.000 manteros habrían sido desalojados en once operativos recientes, con el argumento de “recuperar espacios para más de 1,6 millón de vecinos y comerciantes”.

Una problemática que divide aguas en el barrio y en toda la Ciudad

Los operativos de desalojo no solo abren el debate sobre la legalidad de la venta callejera, sino también sobre la realidad social de miles de familias que dependen de estas ferias informales para subsistir. En Saavedra, como en otros barrios porteños, el conflicto volvió a mostrar dos posiciones muy distintas.

Los vecinos que apoyan los desalojos: orden, limpieza y seguridad

Entre quienes celebran la intervención del Gobierno, los principales argumentos son:

  • La ocupación de espacios verdes y veredas dificulta la circulación y deteriora el parque.
  • Falta de higiene y acumulación de residuos que dejan los puestos.
  • Competencia desleal con comercios habilitados y con las FIAB.
  • Presencia de estructuras ilegales, mercadería de procedencia dudosa y, en algunos casos, mafias organizadas.
  • Reclamo por la recuperación de áreas para el disfrute de familias, deportistas y personas mayores.

Para este sector de los vecinos, la presencia de manteros implica un uso indebido del espacio público y constituye una problemática que debe resolverse mediante controles estrictos.

Los que cuestionan los operativos: el trabajo como necesidad básica

La otra mirada apunta a la situación vulnerable de los vendedores ambulantes, muchos de los cuales encuentran en estas ferias su única fuente de ingresos. Entre las posturas críticas se destacan:

  • La venta callejera se volvió una salida económica en un contexto de desempleo y crisis.
  • Para muchas familias, el ingreso depende exclusivamente de lo que se vende cada fin de semana.
  • No todos los manteros son parte de redes ilegales; muchos son vecinos del barrio o de zonas cercanas.
  • Los desalojos, sin alternativas concretas, profundizan la precarización y empujan a la marginalidad.
  • Falta de políticas que generen espacios feriales regulados o programas reales de reconversión laboral.

Quienes defienden esta postura señalan que “recuperar el espacio público” no debe significar dejar sin sustento a cientos de personas.

Propuestas para buscar un equilibrio

Diversos especialistas y actores barriales coinciden en que la solución al conflicto debería buscar un punto medio entre el orden y la inclusión. Entre las alternativas mencionadas se encuentran:

  • Mesas de diálogo entre vecinos, manteros y el Gobierno.
  • Creación de espacios feriales formales y regulados, cercanos a donde ya funcionan.
  • Programas de formalización progresiva, microcréditos y capacitación para emprendedores.
  • Diferenciar entre vendedores independientes y organizaciones ilegales.
  • Mayor presencia del Estado para evitar la ocupación descontrolada, pero sin criminalizar la pobreza.

La discusión continúa abierta y los vecinos de Saavedra, como los de otros barrios de la Ciudad, siguen atentos a cómo evolucionará esta disputa por el uso del espacio público.

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Saavedra celebra la continuidad de un espacio querido por los adultos mayores

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Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.

La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.

Un lugar para encontrarse y disfrutar

El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.

Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.

En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.

Una continuidad que llevó varios pasos

La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.

El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.

El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.

Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.

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Saavedra

Escuela Angelelli de Saavedra: estudiantes crean tecnología para combatir el ruido

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En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.

La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.

Tecnología pensada desde el barrio

El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.

Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.

Pero la propuesta fue más allá de la tecnología

Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.

Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.

Una escuela muy ligada a la comunidad

El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.

“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.

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Un rincón único de Saavedra: Casa Obopop fue declarada de Interés Cultural

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En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.

La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.

Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.

Una obra que también construyen los vecinos

Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.

Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.

La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.

Saavedra tiene su propio museo tecnológico

Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.

El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.

Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.

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