Ciudad
Por las quejas de los vecinos cambia la obra para convertir Libertador en una «calle compartida»
El proyecto de ciclovías en la avenida Libertador de Buenos Aires sigue avanzando a pesar de las voces en contra, aunque con algunos cambios. Ahora, la ciclovía se ubica de un solo lado del corredor y ya se ha concluido el 69% de la segunda etapa del proyecto que va desde el Viaducto Mitre hasta la avenida Sarmiento, mientras que la tercera fase hasta la calle San Martín del barrio de Retiro estará lista para finales de este año. Sin embargo, la obra ha tenido que ser revisada y cambiada en algunos tramos debido a que no resultaba funcional y provocaba quejas constantes de los vecinos.
El proyecto, que se desarrolla a lo largo de los 700 metros que separan las avenidas Olleros y Dorrego, implica la pintura de demarcaciones, la reubicación de semáforos y la construcción de paradas de colectivos y canteros en la mano hacia Retiro. Actualmente, se están llevando a cabo los trabajos en el tramo entre Dorrego y Sarmiento, con la colocación de bulbos y canteros separadores, seguidos de las tareas de pintura y equipamiento.
La primera fase, que va desde la General Paz hasta el Viaducto Mitre (a la altura de La Pampa), fue habilitada en mayo, pero aún quedan pendientes algunos refugios en las paradas entre Roosevelt y Blanco Encalada y la colocación de barandas o separadores en buena parte de las plataformas ya finalizadas. Para ordenar el tránsito peatonal que usa el transporte público, las barandas de las plataformas son esenciales, ya que las ciclovías se ubican a ambos lados de la avenida entre la vereda y las dársenas de espera de colectivos. Sin ellas, siguen los cruces indebidos de peatones, que en muchos casos se bajan de la parada fuera de la senda peatonal, sin advertir el riesgo de cruzarse con algún ciclista.
Otro problema que se ha presentado es la insuficiente extensión de las paradas en hora pico. Esto ha generado que los pasajeros formen largas filas que serpentean por la plataforma, ocupando la ciclovía en algunos casos. Además, las dársenas de detención para ascenso y descenso de pasajeros y para carga y descarga son demasiado cortas para algunos camiones de proveedores, lo que genera que muchos de ellos terminen parando en doble fila.
A pesar de las quejas de los vecinos, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires considera que esta obra no tiene un impacto ambiental relevante, mientras que los vecinos argumentan que esta obra va en contra de la Ley 123 de Impacto Ambiental y el Acuerdo de Escazú sobre democracia participativa, ya que es una obra de impacto ambiental con relevante efecto. De hecho, en junio, vecinos presentaron un recurso de amparo para solicitar una cautelar y frenar la obra. La causa aún no tiene sentencia de fondo, pero el juez Víctor Trionfetti emitió una resolución en julio que desestima la cautelar pero ordena al Gobierno de la Ciudad que acredite «suficientemente la información brindada y los procedimientos y, en su caso , instancias que hayan garantizado la participación de los vecinos”.
A esa resolución apelaron tanto el Gobierno de la Ciudad como los amparistas. La Cámara de Apelaciones aún no se expidió. Mientras tanto, se abrió un proceso para solicitar participar en la causa como parte querellante, cuyo plazo venció el jueves. Entre quienes pidieron figurar están el Consorcio de Copropietarios de Libertador 7790 (esquina Paroissien) y vecinos que viven al 7050 y al 8520.
Pese a haber apelado, el Gobierno de la Ciudad acató la orden de garantizar instancias de participación, a través de reuniones con vecinos y asociaciones de frentistas. Pero, además, le hizo al proyecto un cambio fundamental para su segunda y su tercera etapa: decidió que hubiera ciclovía bidireccional más ancha de un solo lado -el más cercano al río- entre el Viaducto Mitre y el barrio de Retiro, en lugar de una unidireccional a cada lado de Libertador, como construyó entre General Paz y el viaducto.
Una escuela que demanda
A la causa también pidieron entrar partes afectadas al segundo tramo de obra. Son integrantes de la Asociación Cooperadora de la Escuela N° 5 del D.E. N° 9 “Honorable Congreso de la Nación”, en Libertador entre Maure y Olleros, y de la del jardín de infantes allí ubicado. Hay otros cuatro establecimientos educativos en ese predio.
En su vereda hubo bicisenda durante años. Ahora que ese paso ciclista se movió a la calle, el Gobierno porteño colocó un cartel que pide que en horario de ingreso y egreso de alumnos se vaya “bici en mano”. Para los padres de alumnos, eso no es suficiente.
“De 8 a 20 hay alumnos bajando de los autos. Los papás paran en doble o triple fila, los chicos tienen que cruzar la ciclovía y los ciclistas no paran”, señala una integrante de esa cooperadora, que prefiere mantener su nombre en reserva.
Cuenta que el Gobierno de la Ciudad mantuvo una reunión con los directivos de la escuela pero “solo fue para informar”. Y reclama: “Queremos que construyan una dársena como hicieron en el Hipódromo o en el restaurante Kansas, pero nos dijeron que no se puede romper la vereda -remarca-. No mandan personal policial para controlar a los ciclistas, pero sí para multar a los padres en doble o triple fila”.