Cómo una mañana de domingo de elecciones. Así fueron las primeras horas del aislamiento social, obligatorio y preventivo decretado anoche por el Gobierno de la Nación . Una cuarentena que pretende impedir el avance del coronavirus , que ya afectó a 128 personas en todo el país, pero que aún no se siente con el impacto esperado, sobre todo, por la cantidad de vehículos particulares que se ven en la calle.
La restricción sí se sintió con fuerza en el transporte público porteño . Los principales nodos de conexión entre subte, trenes y colectivos lucieron vacías, con apenas un puñado de pasajeros descendiendo de las formaciones y con efectivos de la Policía de la Ciudad, o de la Federal, monitoreando los movimientos. En algunos casos se le preguntaba a las personas las razones del viaje, aunque la mayoría de los pasajeros se movía sin recibir ninguna consulta entre locales vacíos que hasta ayer tenían una actividad normal.
«Hoy hacemos una tarea preventiva, de concientización, pero mañana ya comenzamos a llevar detenidas a las personas que no pueden justificar el viaje», aseguró una de las dos uniformadas que caminaban por la estación 9 de Julio, que combina las líneas B, C y D de subte, y que preguntaron a este cronista los motivos de la presencia en ese lugar.
«Es sorprendente ver la ciudad así y mucho más, esta estación», aseguró Yamila Schwanke que todos los días sale desde Ezeiza en colectivo y luego en subte hasta llegar a Palermo, donde trabaja en un laboratorio. «En la provincia se ve más gente, pero en el transporte público viaje sentada, con poca pasajeros», agregó.
Una imagen similar presentan la estación Retiro y Federico Lacroze, con una reducción de pasajeros del 80%, de acuerdo a la percepción de los auxiliares de estación de Metrovias. En esa estación no hay preguntas para las personas que bajan o suben de los trenes de la línea Urquiza, que llevan cada 15 minutos, pero no se puede permanecer en el hall por prevención.
«No deberíamos trabajar, pero la necesidad económica nos lleva a esto. Si es una pandemia nos tendríamos que guardar todos», afirmó Roberto Perfecto, un diariero de Chacarita que tiene el puesto desde 1967. «La policía vino muy respetuosamente a preguntarme, pero si alguien escribe los diarios, alguien los tiene que vender», graficó.
Al circular por la avenida Corrientes hasta llegar al bajo porteño se pudo observar muchos autos particulares que acompañaron el andar de colectivos y taxis. El pulso del tránsito fue similar al de un feriado intenso o, para entenderlo mejor, un domingo de elecciones.
Paseadores
Porteros lavando las veredas y gente paseando sus perros también fueron las postales de una mañana atípica, en donde gran parte de los pasajeros fueron las personas que trabajan en la salud, la vigilancia y la gastronomía, entre otros rubros. «Tengo un poco de miedo, sobre todo porque tengo un hijo de dos años y me preocupo por el», confesó Walter Rivadeneira, empleado de una empresa de seguridad, que caminaba por una desierta calle Florida, a metros de Corrientes, con el Obelisco en soledad de fondo.
También la 9 de Julio lució distinta, con un tránsito atípico para un día de semana, aunque demasiado numeroso para días de cuarentena y la recomendación de no salir a la calle. Distinta es la sensación en otras vías importantes, como Del Libertador y Santa Fe, donde se siente el peso de la medida de anoche.
Otra imagen que deja las primeras horas del aislamiento ocurre en los bosques de Palermo. En una mañana soleada, agradable para practicar deportes o pasear, el espacio verde luce vacío, con apenas algunos ciclistas deambulando y una mujer con un bebé paseando perros.
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