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Primer día de restricciones en el subte: largas colas frente a las estaciones habilitadas, silencio, distancia y un poco de paranoia
En la estación de subte de San Pedrito, cabecera de la Línea A, la gente intenta simular normalidad. Parada esperando la llegada de la formación, se distrae con el celular, escuchando música o leyendo los carteles de publicidad de productos que hoy parecen sacados de un pasado a punto de desaparecer. Las formaciones pasan con frecuencia de fin de semana, cada siete minutos. Sin embargo, como explicaron a Clarín empleados del subte, llegan muy rápido porque el servicio sólo frena en las estaciones con combinación o ubicadas en nodos de trasbordo. Esto alivia el tiempo de espera y reduce drásticamente el de viaje.
La atmósfera de normalidad se disipa rápidamente cuando dos empleados que parecen sacados de la película Hombres de Negro aparecen en la estación. A los gritos, van a acomodando a la gente en cada vagón para que no se amontonen. La consigna es que nadie viaje parado. Cada uno en su asiento. Los pasajeros van buscando su lugar. Pero por miedo al contagio, prefieren sentarse lo más lejos posible de los demás. Pero después de unos minutos, el vagón se llena y ya no entra nadie más.