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Quiso donar dos colchones y terminó envuelto en una secuencia de robo

¿Qué pasa cuando uno tiene una buena acción, pero alguien necesitado embarra la situación y nos pone entre la espada y la pared al tener que decidir si hace la vista gorda o volvemos a tener una segunda buena acción para predicar con el ejemplo? Esta es una historia cotidiana y que a cualquier chico […]

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¿Qué pasa cuando uno tiene una buena acción, pero alguien necesitado embarra la situación y nos pone entre la espada y la pared al tener que decidir si hace la vista gorda o volvemos a tener una segunda buena acción para predicar con el ejemplo? Esta es una historia cotidiana y que a cualquier chico de 25 años como quien escribe, le puede pasar. La cosa comienza así…

Era domingo, alrededor de las 15 y recién me despertaba ya que la noche anterior había salido con mis amigos. Tenía la necesidad de ese día poder hacer alguno de todos mis pendientes. Entre los más importantes, desarmar la cama cucheta que está hace casi 20 años en mi casa y fue en la cual tuve mis mejores sueños hasta hace unos pocos meses que me compré un sommier ya que quedé sólo en la habitación. Cabe aclarar que esto último fue por un lindo motivo: mi hermano Guido decidió abrir sus alas y volar hacia un mundo desconocido para él hasta ese momento, el de vivir sólo. Volviendo a lo que nos compete, fue así como arranqué a sacar algunas fotos antes de que esa catrera no volviera a ser lo mismo y quedara el mueble listo para vender en una de esas páginas online de «compraventa» y lo otro, el colchón, para ser sacado a la calle con la intención de poder dárselo a alguien que lo necesite.

Primero, bajé uno por las escaleras de mi edificio y, luego, el segundo. Cuando estaba acomodando este último al lado de su par en uno de esos tachos de basura gigante que están en la calle, miré para enfrente y rápidamente visualicé a un chico que estaba merodeando la zona buscando qué llevar a la casa. Al verlo, levanté la palma de mi mano y con el brazo extendido moví los dedos hacia arriba y abajo, en un claro gesto de llamado. El joven cruzó Avenida San Martín, donde vivo, y se acercó hasta donde estaba. «Creo que estos dos colchones te van a servir», atiné a decirle. A lo que él me contestó muy educadamente: «¿Tendrás una soga para atarlos al carro?». En ese interín decidí subir otra vez los ocho pisos hasta mi casa, agarrar una soga y volver a bajar para ayudar al pibe a atarlos y vaya a saber uno hacia dónde irían.

Ya con el hilo en la mano me dirigí hacia la puerta de salida en busca del joven. Al pisar la calle, me di cuenta que algo no andaba bien. El chico ya no estaba, la cantidad de bultos que él traía era menor y de refilón llegue a ver a una señora junto a un nene arrastrando un bolso negro hacia un edificio. Sin embargo, decidí no prestar demasiada atención y fui hasta casi la esquina de Manuel Rodríguez y San Martín para ver si lo encontraba en algún negocio (pensé que podría estar buscando algo para atar los colchones). Pero no. En eso, miré para atrás y lo llegué a reconocer en el mismo lugar que lo había visto por última vez. Regresé casi corriendo y me dijo: «Me robaron el bolso». Y mi respuesta fue: «Yo lo ví, pensé que estaban con vos». (Fui prejuicioso y a entender por la facha de las personas que se llevaban el bolso, pensé que estaban juntos). Él intentó buscarlo en la cuadra pero no tuvo éxito y terminó diciendo «ya fue, me llevo lo que tengo menos el colchón». Al escuchar esto, y sorprendido por la situación, me quedé esperando si volvía a ver a la señora con el «hijo». En eso, me cruzo a Marta, la mujer que me cuidó durante toda mi infancia, y le cuento lo que había pasado con lujo de detalle y me aguantó en la espera de si regresaban los ladrones del bolso.

Minutos más tarde, reconocí a una señora y a un chico que aparentaban estar vestidos de la misma manera pero las caras eran totalmente desconocidas ya que no les había prestado atención. Sin embargo, me los quedé mirando y presentí que se «habían vendidos sólos». Rápidamente bajaron las miradas y pasaron por al lado mío intentando disimular algo. «Consulta, ¿ustedes no vieron un bolso negro que estaba allí?», les pregunté, imaginándome la respuesta. –Silencio-. «Mmm, sí. Me lo llevé porque lo necesito», contestó la señora. Y fue ese momento en que quedé entre la espada y pared: decidir pedírselo o que todo quedara ahí.

«Señora, eso no es suyo», fueron mis palabras. Agregué: «Démelo, era del chico que estaba acá», quien por cierto ya se había marchado. Pero ya no era una cuestión de ayudarlo si total no estaba, sino de predicar con el ejemplo. Seguramente esa familia no la está pasando bien pero al menos tienen un techo donde dormir. Cuestión, recuperé el bolso en un acto de patriotismo y me digné a esperar a otro chico, quien no iba a tardar mucho tiempo en aparecer en los tiempos de pobreza que vivimos. Y así fue, allá a los lejos venían a falta de uno, tres jóvenes que no superarían mi edad pateando una lata y tomando lo que parecía una cerveza en botella de plástico. «Creo que esto les va a servir», dije y sin saber qué tenía el bolso adentro.

Finalmente, saludé a Marta, a quien conozco desde que salí de la panza de mi mamá, y volví a casa a continuar haciendo lo que me había quedado pendiente: desarmar la cama para poder venderla y rescatar algunos pesitos.

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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