Villa Pueyrredón

Roberto De Vicenzo: la leyenda del golfista criado en Villa Pueyrredón

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La historia del golfista Roberto De Vicenzo es una de esas historias que inspiran y emocionan. Nacido en el barrio de Villa Pueyrredon, en una casa sobre la calle Cuenca, de nuestra Comuna 12 en 1923, Roberto De Vicenzo tuvo una infancia difícil. Su padre era un inmigrante italiano que trabajaba en la construcción y su madre era una ama de casa que se encargaba de cuidar de sus seis hijos. En una época de crisis económica, todos los miembros de la familia debían contribuir para poder sobrevivir.

Pero a pesar de las dificultades económicas, Roberto tenía un talento natural para el golf. Desde muy joven, se interesó por este deporte y caminando por la calle Cuenca, cruzaba la General Paz y se metíaa practicarlo en el Club Argentino de Migueletes. A los 9 años, se ofreció como «caddie» en el club y pronto comenzó a portar las pesadas bolsas de los «palos» verdaderos sobre sus hombros firmes.

Roberto se enamoró del golf y comenzó a entrenar duro todos los días. A los 10 años, jugó su primer torneo empírico y cinco años después, debutó oficialmente en un torneo. Desde entonces, su carrera despegó y comenzó a acumular victorias en todo el mundo.

En total, Roberto De Vicenzo ganó 230 torneos a lo largo de su carrera, incluyendo 15 Campeonatos Abiertos Nacionales en países como Argentina, Alemania, Bélgica, Brasil, Chile, Colombia, Francia, Holanda, Jamaica, México, Panamá, Perú, España, Uruguay y Venezuela. Su frase «Tengo suerte, pero cuanto más entreno más suerte tengo…» resume su filosofía de entrenamiento y su enfoque en el trabajo duro y la dedicación.

Pero no fue solo lo que ganó lo que hizo de Roberto De Vicenzo un legendario golfista. Fue su ética, su hombría y su deportividad lo que lo hizo destacar. Uno de los momentos más emblemáticos de su carrera ocurrió durante el prestigioso Abierto de Augusta en 1968. En el hoyo 17, su compañero de juego anotó «un par» en lugar de un «birdie» realizados por Don Roberto. Tal error de su compañero fue convalidado por la confiabilidad, el cansancio y el especial momento de De Vicenzo, quien firmó la tarjeta con un golpe de más, lo que le significaba perder el torneo en lugar de ir a un desempate con Bob Goalby, el ganador del torneo. Pero, en lugar de protestar o quejarse, Roberto aceptó el resultado con deportividad y humildad, diciendo la famosa frase: «Que sea mi error, no el de él».

Roberto De Vicenzo fue un modelo a seguir dentro y fuera del campo de golf. Su carrera lo llevó a ganar múltiples premios, reconocimientos y distinciones, como el «Bob Jones Award» que la Asociación de Golf de los Estados Unidos otorga a quien ha demostrado inequívocamente «Deportividad en el Golf» y el ingreso al «Hall de la Fama del Golf». En las vitrinas del «Complejo Cultural Museo del Golf Roberto De Vicenzo» en Berazategui, pueden apreciarse cientos de trofeos

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