En un contexto nacional marcado por recortes presupuestarios, discursos deslegitimadores y una fuerte preocupación por el futuro del sistema científico y educativo público, la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra —histórica institución cultural del barrio de Saavedra creada por vecinos en 1918— será sede de una semana cargada de actividades en apoyo a la ciencia argentina y a la universidad pública.
Desde hoy 11 al 18 de julio, se desarrollará en la sede de Av. García del Río 2737 la Feria, Muestra y Ciclo de Encuentros «En Defensa de la Ciencia y la Universidad Pública Argentinas», una propuesta organizada junto a docentes, investigadores y organizaciones del barrio que busca visibilizar la importancia del conocimiento como bien común, con el lema: #DefendemosLaCiencia.
PROGRAMA DE ACTIVIDADES: CONOCIMIENTO EN MOVIMIENTO
El evento comenzará el viernes 11 de julio a las 19:00 horas con una inauguración y recorrida por la muestra #Defendemos La Ciencia, que reúne imágenes, gráficos, testimonios y materiales de divulgación que dan cuenta del trabajo de científicos argentinos. La apertura contará con la participación de autoridades universitarias, docentes e investigadores de distintas disciplinas.
Este mismo día se desarrollará una charla-debate con el Dr. Diego Winocur, quien presentará su análisis sobre el desastre climático del 2 de abril de 2013 en La Plata, en la que abordará la relación entre catástrofes socioambientales y desfinanciamiento de la ciencia.
CIENCIA EN EL BARRIO: SÁBADO DE FERIA Y EXPERIMENTOS
El sábado 12 de julio entre las 15:00 y las 19:00 se realizará una Feria de Ciencia y Universidad en el Barrio, donde se podrán conocer de primera mano investigaciones, activaciones científicas con experiencias interactivas y trabajos que hoy se encuentran en riesgo por los recortes presupuestarios. Participarán jóvenes investigadores, becarios del CONICET y docentes de distintas facultades públicas.
Además, se desarrollará un conversatorio a cargo de la Dra. Luisa Pedraza titulado: “¿Qué tienen en común las bandadas de aves, el cerebro y la sociedad?”, una propuesta interdisciplinaria que cruza biología, neurociencias y comportamiento social en una experiencia para reflexionar en comunidad.
SEMANA COMPLETA DE ACTIVIDADES
El cronograma continuará durante toda la semana siguiente —lunes 14, martes 15, miércoles 16— con proyecciones, mesas de debate y talleres abiertos, y culminará el viernes 18 de julio con una jornada de cierre que incluirá una lectura de conclusiones y propuestas, junto a un concierto de música popular a cargo de artistas del barrio que también defienden la cultura pública.
¿POR QUÉ DEFENDER LA CIENCIA?
La iniciativa busca expresar el rechazo a los recortes en ciencia, tecnología y educación superior que ponen en jaque la continuidad de miles de investigaciones en curso, becas de formación, salarios docentes y programas que sostienen la innovación, la salud, el desarrollo productivo y el pensamiento crítico en el país.
Desde la organización, remarcan que “una Nación sin ciencia ni universidad pública es una Nación sin futuro”, y convocan a vecinos, estudiantes, docentes y público en general a participar de las actividades, con entrada libre y gratuita.
En tiempos donde el conocimiento es puesto en duda y el sistema científico-educativo es desfinanciado, esta semana de actividades representa una oportunidad valiosa para tomar conciencia, aprender, compartir y fortalecer los lazos comunitarios. Saavedra levanta la voz por la ciencia, por la universidad y por el derecho al saber.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.
En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.
La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.
Tecnología pensada desde el barrio
El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.
Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.
Pero la propuesta fue más allá de la tecnología
Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.
Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.
Una escuela muy ligada a la comunidad
El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.
“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.
En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.
La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.
Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.
Una obra que también construyen los vecinos
Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.
Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.
La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.
Saavedra tiene su propio museo tecnológico
Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.
El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.
Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.