La transformación urbana de la Ciudad de Buenos Aires avanza a un ritmo cada vez más acelerado y tiene en la Comuna 12 uno de sus principales escenarios. En barrios como Villa Urquiza, Saavedra y Coghlan, numerosas viviendas unifamiliares están siendo reemplazadas por edificios de departamentos, impulsados por un mercado inmobiliario que hoy pone más valor en el terreno que en la casa construida.
La tendencia se profundizó en los últimos años a partir de las modificaciones del Código Urbanístico y del creciente interés de los desarrolladores por zonas residenciales que históricamente estuvieron caracterizadas por casas bajas, jardines y calles arboladas.
Actualmente, muchas propiedades son analizadas no por su estado de conservación o por su valor arquitectónico, sino por la cantidad de metros cuadrados que pueden construirse en el lote. Para el sector desarrollador, factores como el ancho del frente, la ubicación, la normativa vigente y la rentabilidad futura son determinantes al momento de realizar una oferta.
Villa Urquiza aparece entre los barrios más buscados para este tipo de operaciones. También Saavedra y Coghlan forman parte del radar inmobiliario debido a su conectividad, disponibilidad de terrenos y potencial constructivo.
El suelo vale más que la vivienda
Especialistas del sector inmobiliario señalan que en muchos casos una casa antigua puede resultar más atractiva para ser demolida que para ser reciclada. El motivo es simple: el valor económico del terreno supera ampliamente el de la construcción existente.
La lógica del mercado cambió. Donde antes una familia veía un hogar, hoy muchos desarrolladores observan la posibilidad de levantar edificios con decenas de unidades. La rentabilidad futura del proyecto suele ser el principal factor que determina el precio de compra.
En algunas zonas de la Ciudad, la incidencia de la tierra alcanza valores que convierten a las propiedades en verdaderos activos estratégicos para futuras construcciones. Esto provoca que cada vez más propietarios reciban propuestas para vender sus viviendas como lotes destinados a nuevos emprendimientos.
Vecinos cuestionan el modelo de crecimiento urbano
Sin embargo, detrás del auge inmobiliario también aparecen voces críticas. En los barrios de nuestra Comuna 12, numerosos vecinos expresan su preocupación por una transformación que consideran excesiva y que, según afirman, está modificando la esencia de los barrios.
Las organizaciones vecinales sostienen que la desaparición de casas históricas y de construcciones de baja altura está dando lugar a edificios que alteran el paisaje tradicional de las cuadras y generan una creciente sensación de densificación.
Uno de los cuestionamientos más frecuentes apunta a la pérdida de luz solar. Los nuevos edificios proyectan sombras sobre viviendas linderas, patios y veredas que durante décadas disfrutaron de una mayor exposición al sol.
A ello se suma la reducción de espacios verdes privados. Donde antes existían jardines, árboles, fondos parquizados y amplios pulmones de manzana, hoy aparecen construcciones que ocupan gran parte de la superficie disponible.
«Cada vez vemos menos tierra y más cemento», señalan vecinos que participan activamente en debates sobre urbanismo y planificación barrial.
Los pulmones de manzana, en el centro de la discusión
Uno de los puntos que más preocupa a especialistas y residentes es el impacto sobre los pulmones de manzana, considerados fundamentales para la ventilación natural, la absorción del agua de lluvia y la mitigación de las altas temperaturas urbanas.
La impermeabilización de grandes superficies y la reducción de áreas verdes generan interrogantes sobre las consecuencias ambientales que podría traer el crecimiento sostenido de la construcción en barrios tradicionalmente residenciales.
Mientras el mercado continúa valorizando terrenos con potencial edificable y las desarrolladoras buscan nuevas oportunidades de inversión, en la Comuna 12 crece un debate que parece lejos de cerrarse: cómo compatibilizar el desarrollo inmobiliario con la preservación de la identidad barrial, la calidad de vida y el patrimonio urbano que durante décadas caracterizó a nuestros barrios.
Para muchos vecinos, el desafío no pasa por frenar el progreso, sino por encontrar un equilibrio que permita crecer sin perder aquellos rasgos que hicieron de estos barrios algunos de los más valorados de la Ciudad de Buenos Aires.