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Un repaso por la historia de Platense

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El Polaco dejó este mundo en 1994, con Platense en primera. Luego de 22 años de lucha, los calamares le ofrendan este regreso con un fondo de voz aguardentosa al ritmo de dos por cuatro.

La fundación

         Los ámbitos de la Recoleta carecían de la estructura parisina de hoy. Siempre recostada sobre la Iglesia del Pilar, construida en 1732, no tenía límites marcadamente divisorios con Retiro y el puerto. Los muchachos se reunían bajo la protección de los inolvidables faroles esquineros y particularmente en Posadas y Callao un grupo de humilde extracción social recibía del changador Antonio Meraggia el “dato” imperdible de una de las carreras a disputarse ese mes de mayo en el Hipódromo Nacional. El pingo, hijo de Saint Mirin, llevaba por nombre Gay Simón y pertenecía al stud Platense. Y como no suele ocurrir: ganó y les dejó -jugando 5 boletos-, con el suculento sport de $ 89 cada uno- la exorbitante suma de 445 pesos: los suficientes para equipos, pelota, inflador, movilidades, etc., dando fecha de nacimiento el 25 de mayo -en homenaje al Día de la Patria- al club que llevaría el nombre del stud salvador: PLATENSE, porque estaba radicado en La Plata.

  Un grupo se escindió al tiempo y fundó otro club llamado Kimberley. Nacimos bajo el signo de desencuentros internos que serían bastante comunes en la vida del club. Aquel Kimberley, afincado en Villa Urquiza y con camiseta azul y verde, resolvió desafiliarse en 1916 y no volvió más, tras enfrentarse varios años con Platense en Primera División.

         En 1905 el primer presidente de Platense fue JoséViviani e integraban la comisión, entre otros: los hermanos César, Julio y JoséPianarolli, Santos Aliverti, José Roggerone, Carlos Garbagnati, Roque Jaureguiberry, Leopoldo Lacoste y el citado Meraggia. La primera “sede” se estableció en Callao 2058 -domicilio de los Garbagnati-, aunque eran frecuentes las reuniones en la carbonería de Aliverti, en Posadas 1515. Sobre las casacas que distinguieron a Platense, los datos son contradictorios; pero aparentemente tras optar por los colores del stud (camisa colorada con puños y cuello negros y tresalamares negros, se pasó a las insignias del jockey que condujo a Gay Simon, haciendo de su chaquetilla blanca con lunares y gorra marrones la camiseta blanca con franja marrón, colores oficiales del club.

  Llegaron así los primeros desafíos utilizando para jugar los terrenos de la entonces Plaza Japonesa (luego Parque Japonés), en especial con sus rivales de zona: Comercio y Argentino de Núñez. Los muchachos se esforzaban no solo por emparejar lo posible el campo, dotarlo de arcos, delimitar las líneas de juego, sino por tener la pava lista para el clásico té del entretiempo o las naranjas que eran el obsequio al final del partido. Los éxitos de esos primeros partidos los alentaron a inscribirse en torneos de ligas independientes, ganando los de la Liga Central, dirigida por EricoStanger y la Copa Wellington, siendo segundos en la Liga Eureka y en la Sportiva Nacional.

         Para 1906, Platense compitió en la Liga Central, Segunda División sección B, junto al Argentino de Piñeyro, Banfield B, Independiente B, Comercio B, Gutemberg B, Highland Forest, Primero de Mayo y Mariano Moreno. Finalizó segundo en su sección. En abril de 1907, los futuros Calamares ganarían el tercer puesto en la Segunda División de la Liga Central, al imponerse por 4-3 sobre Los Cívicos.

         Ya había que pensar en cancha propia, que incluyese la inefable casilla, imprescindible para lograr la afiliación a la Asociación Argentina de Football. Para ello fue decisivo que uno de los hermanos Garbagnati -Carlos, de unos 18 años entonces- fuera empleado municipal. Obtuvo la concesión precaria de un amplio predio sito en Manuela Pedraza y Blandengues (hoy Avenida del Libertador), terrenos de un bajo inundable con frecuencia que los obligaba a trabajo extra en cada partido (que era el de rellenarlo). De la conjunción de la tez oscura de alguno de sus integrantes y el color que adquirían con el barro que se formaba en la cancha, nació el mote de calamares (calamares en su tinta,porque en esas condiciones obtenían los mejores resultados), que se atribuye al periodista Antonio Palacio Zino.

         Es allí donde pasan a tener decisiva influencia los hermanos Guassone en especial Germán, luego gran árbitro y presidente entre 1912 y 1913. Según refiere RaulMartinetti, socio número 1 en 1934, la famosa casilla se armó gracias a que siendo el padre de Guassoneconstructor de obras se resolvió expeditivamente cargar los materiales necesarios para su armado en chatas propiedad del señor Juan Colombo. Hubo que luchar con la severidad de las autoridades de la Asociación, en especial de su secretario Francisco Williams, hasta lograr al final la deseada afiliación, tras varios rechazos. Las tareas de ese tiempo tuvieron pilares fundamentales en el carpintero Domingo Fiorito; los hermanos Juan y Santiago Rossi, Martín Álvarez; Bartolomé Campi, Dámaso Scosseria, Pedro Gianolli y la donación personal de José Aranda, quien pagó de su bolsillo el costo de la inscripción. Tambien adhirió pecuniariamente el Dr.Carlos F. Melo, produciéndose entonces el ingreso de Abraham y Adán Pérez, Foico, Contratti, Pedro Martínez, Miguel Balmaceda, Berti, Colombo, Arturo Ansaldo, Timoteo Sinigaglia, Decatre, Buraschi, Vasallo, Lema y varios más. Varios de estos futuros cracks de Platense eran jugadores del Pretender, un equipo que hacía de local en el predio de Manuela Pedraza y Crámer, pero una década antes de nosotros.

         Allí en Núñez tuvieron el apoyo fundamental de quienes formaban el Club Gloriosos Unidos: Magliano, Celli, Mazzini, Costa, Fraga, Pisa, Di Mare, y tres apellidos dobles: 105 hermanos Domingo V Colombino Santángelo, Juan y José Tettamanti y Alejandro y Pedro Cositorto, Los Gloriosos tenían su canchita en la calle Besares y Cabildo.

         La primera cancha fue inaugurada el 25 de mayo de 1908, estaba ubicada en el cruce de Manuela Pedraza y Blandengues (la futura Libertador). El primer encuentro fue un empate en tres goles con el desaparecido club Salguero. Para 1909 se consigue la afiliación a la ArgentineFootballAssociation y el club se anota en la Copa Competencia para equipos de segunda o tercera categoría. El debut oficial (20/5/1909 ante Banco Nación) no es permitido porque la AFA resuelve declarar no apta a la cancha para partidos oficiales.

 Se produce el debut oficial el 13 de abril, con un rival de la envergadura de San Isidro, subcampeón del año anterior. Jugándose el partido en San Isidro a las 2.45 (según la nomenclatura horaria de la época), se indicaba que el tren que partía, de Retiro a la 1.30 llevaría a los espectadores. Esa tarde Platense formó con Abraham Pérez, Arturo Ansaldo y Ramón Ferreiro; Alfredo Perico, Ernesto Bellinzona y Genaro Barreto; Pedro Martínez, Jesús Moyano, Félix Annaratone, Adán Pérez e Isidro Cotero. Ganó San Isidro con un gol logrado por Pocock a los 16 minutos del primer tiempo. Siete días después sucede la presentación como local en Manuela Pedraza y Blandengues, con el triunfo inicial por un inusual 7-0 frente a Riachuelo, equipo este precursor de Sportivo Barracas, que lo absorbería ese mismo año.

         Continuaron los exámenes ante los mejores perdiendo 4-0 contra Racing, a quien ya veremos como el indiscutible sucesor de Alumni, y venciendo 5 a 2 a Quilmes, último campeón, reforzado este año con cuatro de los hermanos Brown, entre ellos el mejor de todos ellos, Jorge, el zaguero. Asi llegamos a que luego de la fecha realizada el 28 de setiembre, en que Platense vence a Belgrano por 3 a 1, se realiza una reunión extraordinaria en la Asociación el 3 de octubre para considerar la definición del torneo, retrasado en su desarrollo por una gira cumplida en Chile, los partidos con los uruguayos y la visita de la Liga Paulista del Brasil.

         Dada los distintos enfoques con que se interpreta la definición del certamen de este año, nos remitiremos a la información del diario “La Nación” del día 4 de octubre: “Se resuelve dividir a los equipos asi, Liga 1: San Isidro, Racing y River; Liga 2: Belgrano, Boca Juniors, Platense y Quilmes; Liga 3: Estudiantil Porteño, Banfield, Estudiantes de La Plata y Comercio; y Liga 4: Ferro Carril Oeste, Olivos, Ferro Carril Sur y Riachuelo. En nuestra opinión esas eran las posiciones hasta el momento (mitad del certamen), siendo la decisión fundamental de que los vencedores de las secciones (llamadas A, B y C) o la Liga 1 (RiverPlate, San Isidro y Racing) decidirían el ganador del torneo. “La Nación” califica a esta decisión como una verdadera injusticia y cita el caso de Boca Juniors que se opone “con energía al arreglo” arguyendo que en sus enfrentamientos con los integrantes de la primera sección había obtenido estos resultados: triunfos sobre Racing; empate y derrota por 1-0 con San Isidro e igual resultado con RiverPlate. La oposición de Belgrano es más terminante y se retira del certamen.

Cuna de grandes jugadores, desde David Trezeguet hasta el Chacho Eduardo Coudet, pasando por Esteban Fuertes, Mariano Dalla Líbera, Alfaro Moreno, Claudio Spontón, Alfredo Cascini y el mítico Santiago Vernazza, Platense supo de tardes de gloria y de las otras en un derrotero siempre al filo de la cornisa en el fútbol argentino.

En 1951, al influjo de la invasión de equipos argentinos a Europa, los calamares también iniciaron una gira por aquellos lares y vencieron 3 a 2 al poderoso Milan de Italia, que ostentaba dos años invicto en el estadio Giusseppe Meazza y que a la postre sería el campeón del calcio de ese año. El saldo de la gira no fue del todo positivo, ya que perdieron 4 y ganaron 2, pero la victoria ante los rossoneros los catapultó a la consideración de todo el mundo.

Desde que en el 76 salió campeón de la B (al final de ese año jugaría el Nacional, donde no había descensos), a partir del 77 peleó casi siempre el descenso y se mantuvo en la A en todos los años, no sin antes tener que batalla hasta el final. Ya en el primer año, en el 77, patearon 22 penales para desempatar con Lanús tras 120 minutos de juego. En el 78 le ganó a Chacarita en la última fecha y zafó por un punto más que Banfield y Estudiantes de Caseros. En el 79 ganó un cuadrangular y mandó a la B a Gimnasia, Chacarita y Atlanta. El del 80 fue su mejor año: 4º. En el 84 sepultó a Central y el hito más recordado quizá sea en el 87, cuando Central volvió y salió campeón tras empatar 1 a 1 ante Temperley, en cancha de los celestes. Los últimos 20 minutos de este cotejo parecían “de más”, ya que con la igualdad los canallas lograban el título y los celestes zafaban porque River vencía de local 2 a 0 a Platense. Pero Miguel Angel Gambier entró faltando 30’ y en los últimos 25’ con tres goles les dio el triunfo a los calamares, obligando a un desempate que, por supuesto, ganaron tres días después 2 a 0 en cancha de Huracán. Con goles de Gambier y Alfaro Moreno.

Curiosamente, en los 90 hizo campañas dignas pero en el 99 salió último y por promedio bajó a la B Nacional, en el 2002 descendió a la B Metropolitana, de la que ascendió y volvió a caer en 2010 y 2018. Y desde ese año inició este sprint que lo devolvió a primera.

De la mano del exrojinegro Juan Manuel Llop, Platense logró el regreso con mucho trabajo y sin sobrarle nada. Porque quizá siempre está volviendo volverá a codearse con los grandes. Dicen que una vez el mítico cantante de tangos Roberto Goyeneche se quedó afónico gritando un gol de su amado Platense frente a Central Córdoba en la cancha de Atlanta y que la hinchada marrón y blanca lo sacó del estadio porque esa noche cantaba en Caño 14. Sino el hincha más encumbrado, el Polaco fue quien desparramó en todo el mundo el amor por los calamares, un club de barrio bien porteño que cobijó su pasión por el fútbol desde purrete.

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Emotivo reconocimiento a Platense en la Legislatura de la Ciudad

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El Club Atlético Platense, emblema del barrio de Saavedra, fue reconocido por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires con una distinción especial que celebra la obtención de su primer campeonato profesional en el fútbol argentino. El acto oficial, cargado de emoción y sentido de pertenencia, tuvo lugar en el Salón Dorado de la Legislatura, donde dirigentes, hinchas y exjugadores del «Calamar» participaron de un encuentro inolvidable.

El homenaje, impulsado por el legislador Claudio Ferreño —vecino de Saavedra e hincha confeso del club—, consistió en la entrega de un beneplácito por parte del Parlamento porteño, en reconocimiento al logro deportivo más importante en los 120 años de historia del club. Esta conquista, que marcó un antes y un después para Platense, sigue resonando en la comunidad no solo como una hazaña deportiva, sino como una celebración de la identidad barrial y el esfuerzo colectivo.

Platense, una institución con profundo arraigo en la Ciudad

La declaración aprobada por la Legislatura porteña pone en valor la importancia simbólica y comunitaria de Platense, especialmente para los barrios de Saavedra, Coghlan, Belgrano, Villa Urquiza y sus alrededores, donde el club mantiene una fuerte presencia desde hace más de un siglo. Su historia está intrínsecamente ligada al desarrollo del tejido social y deportivo de la zona norte de la Ciudad.

Durante la ceremonia, Ferreño compartió recuerdos personales y destacó el valor de este logro:

“Este título fue más que una copa. Fue justicia poética. Es algo que toda la hinchada de Platense soñó durante generaciones. Después de la semifinal contra River, sabíamos que se nos iba a dar. Y contra Huracán, lo hicimos realidad”.

Además, subrayó que esta distinción busca abrir la puerta a que otros clubes de barrio, especialmente aquellos que logran hitos deportivos, también reciban un reconocimiento institucional a su esfuerzo.

Un título que trasciende lo futbolístico

La obtención del campeonato por parte de Platense no solo sorprendió por la magnitud del rival que enfrentó, sino también por la calidad futbolística y la entrega del equipo dirigido por la dupla Orsi-Gómez. El equipo logró imponerse en difíciles encuentros como visitante frente a clubes de la talla de River Plate, Racing Club, San Lorenzo y Huracán. Todo esto, con un plantel compuesto mayoritariamente por jugadores provenientes del ascenso.

El documento oficial remarca este hecho como una demostración de valores tales como la humildad, el trabajo en equipo, la táctica y la perseverancia, rasgos que reflejan a la perfección la esencia del club y su comunidad.

Durante el acto, Sebastián Ordóñez, presidente de Platense, agradeció con emoción el homenaje:

“Este logro es el resultado de años de trabajo silencioso. Muchos pensaron que era inalcanzable, pero lo conseguimos con esfuerzo, compromiso y un proyecto sólido. Hoy, recibir este reconocimiento en el corazón institucional de la Ciudad es motivo de orgullo para toda la familia calamar”.

El evento también contó con la presencia de exjugadores históricos como Marcelo Espina, Walter Capozucchi y Darío Scotto, quienes fueron ovacionados por los asistentes.

Restitución histórica: un paso más en la memoria colectiva

Además del título, la Legislatura recordó otro hecho de gran importancia para el club: la reciente aprobación del proyecto para la restitución del predio de Manuela Pedraza y Crámer, donde Platense tuvo su estadio entre 1917 y 1971. Expropiado durante la última dictadura militar, ese espacio es considerado por los hinchas como el verdadero hogar calamar.

“Es el lugar del que nunca debimos habernos ido”, afirmó Ferreño con contundencia, al tiempo que destacó la necesidad de recuperar la memoria urbana y deportiva de los barrios.

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Del barrio a la gloria: Platense hizo historia y se consagró campeón del fútbol argentino

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El barrio de Saavedra y sus alrededores viven por estas horas una auténtica revolución futbolera. El Club Atlético Platense hizo historia grande al consagrarse campeón del Torneo Apertura 2025, luego de derrotar 1-0 a Huracán en una inolvidable final disputada en el Estadio Madre de Ciudades, en Santiago del Estero.

Fue una jornada épica, con miles de hinchas calamares que viajaron desde todo el país para presenciar lo que ya se considera la página más gloriosa de los 120 años del club.

El gol que definió la historia fue una joya: Guido Mainero, con una volea infernal, marcó el único tanto del partido y desató la locura total entre los jugadores, el cuerpo técnico y la hinchada. Ese grito sagrado, tan esperado durante generaciones, retumbó con fuerza en el norte argentino y también en cada rincón de Saavedra, donde los festejos se extendieron durante horas.

El Matagigantes que escribió su leyenda

El camino de Platense hacia la consagración fue tan heroico como memorable. No fue un campeonato más: fue un recorrido plagado de hazañas. Para llegar a la final, el equipo dirigido por la dupla Favio Orsi y Sergio Gómez dejó en el camino, y como visitante, a tres gigantes del fútbol argentino: Racing en el Cilindro de Avellaneda, River en el Monumental y San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro.

Cada victoria fue un paso más hacia la gloria, cada festejo fue un recordatorio del sacrificio y la perseverancia que caracterizaron al club desde sus orígenes. El triunfo ante Huracán, en un duelo tenso y cerrado, coronó ese proceso y puso el broche de oro a una campaña inolvidable.

Una fiesta que une generaciones

Las calles de Saavedra, Nuñez, Vicente López y barrios cercanos se llenaron de emoción: banderas, abrazos, lágrimas, y un canto unánime: “¡Dale campeón!”. No importó la edad, el género ni las distancias: abuelos, padres, hijos y nietos compartieron un mismo sentimiento. Para muchos, fue la concreción de un sueño largamente postergado; para otros, el inicio de una nueva etapa en la historia de Platense.

Hubo quienes viajaron cientos de kilómetros hasta Santiago del Estero, soportando horas eternas en micro, calor o frío, solo para ver ese momento con sus propios ojos. Hubo quienes se quedaron en casa, aferrados a una radio o una pantalla, llorando de emoción. Todos, sin excepción, fueron parte de este hito.

Un equipo con identidad y alma

El campeonato no se explica solo con estadísticas. Se entiende desde el carácter de un equipo que supo sufrir, jugar, competir y emocionar. Desde Nacho Vázquez, capitán y emblema defensivo, hasta el coraje y despliegue de Picco, la clase de Taborda, la velocidad de Ronaldo Martínez y el oportunismo de Mainero, cada jugador aportó lo suyo en una maquinaria colectiva bien aceitada.

Detrás del éxito, la conducción comprometida de Orsi y Gómez fue clave. Formaron un equipo con identidad, intensidad y convicción, que ganó sin apelar a excusas ni favores. Desde sus inicios en el ascenso con Fénix hasta esta consagración, la dupla demostró que con trabajo, humildad y entrega se pueden romper todos los pronósticos.

Una estrella que tardó 120 años en llegar

Nunca en la historia del fútbol argentino un equipo había esperado tanto para gritar campeón. Fundado el 25 de mayo de 1905, Platense debió esperar 120 años para levantar su primer título de Primera División. Un récord que emociona y sorprende: ningún otro club en el país demoró tanto en alcanzar la gloria máxima.

Con esta consagración, Platense deja de ser el único equipo dentro del top 15 de la tabla histórica del fútbol argentino sin campeonatos. Y además, marca otro hito: disputará por primera vez la Copa Libertadores en 2026, abriendo un nuevo capítulo en su historia.

El barrio, el alma de este logro

Detrás de cada camiseta marrón y blanca hay una historia. Platense es más que un club: es un sentimiento que atraviesa generaciones. Es el vecino de Saavedra que fue al viejo estadio de Manuela Pedraza y Cramer; es el hincha que sufrió los cinco descensos, que esperó cada sábado en la B Metropolitana; es el pibe que creció soñando con ver a su equipo campeón y por fin pudo gritarlo.

Hoy, cada calle del barrio respira alegría. La plaza, los bares, las esquinas tradicionales de Saavedra se tiñeron de los colores calamares. Y lo seguirán haciendo por mucho tiempo, porque este título no es solo una copa: es un símbolo de resistencia, de pertenencia y de amor incondicional.

Platense campeón del Torneo Apertura 2025: más que una hazaña deportiva, un fenómeno popular que quedará para siempre grabado en la historia del fútbol argentino.

¡Salud, Calamar! El barrio está de fiesta y no piensa despertar de este sueño.

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Saavedra sueña en marrón y blanco: Platense va por la gloria ante Huracán

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El Club Atlético Platense volvió a escribir una página dorada en su rica historia futbolística. Contra todos los pronósticos y con una mística que parece renacer partido a partido, el equipo dirigido por la dupla técnica sorprendió nuevamente al eliminar este domingo a San Lorenzo de Almagro en el estadio Pedro Bidegain, y se metió en la final del Torneo Apertura 2025.

El encuentro decisivo se jugará el próximo domingo 1° de junio, a las 17:00 horas, en el Estadio Madre de Ciudades, en la provincia de Santiago del Estero, frente a Huracán.

La hazaña calamar tiene sabor épico: Platense dejó en el camino nada menos que a Racing, River Plate y San Lorenzo, tres de los cinco grandes del fútbol argentino, y todos los enfrentamientos se definieron como visitante. Un recorrido lleno de carácter, solidez táctica y eficacia que ilusiona a toda su gente con conseguir el primer título de la era profesional.

La victoria ante San Lorenzo: un duelo cerrado que se definió por un destello de Zapiola

El duelo de semifinales ante el Ciclón fue intenso, friccionado y con muy pocas situaciones de gol. En los primeros minutos, el conjunto de Saavedra mostró sus intenciones: cortar el juego de San Lorenzo, cerrar los espacios y apostar al desequilibrio por la banda derecha con Guido Mainero y Juan Ignacio Saborido.

Las mejores aproximaciones fueron para Platense en esa etapa, con un remate de Taborda contenido por Orlando Gill y una chilena de Ronaldo Martínez que se fue por encima del travesaño.

San Lorenzo, empujado por su gente, intentó desequilibrar con Vombergar, Muniain, Cerutti y Braida, pero no logró vulnerar la sólida defensa visitante.

Ya en el complemento, la balanza se inclinó a los 27 minutos cuando Franco Zapiola, ingresado poco antes, aprovechó un mal despeje tras un córner para fusilar al arquero local y desatar el delirio de la hinchada calamar.

De ahí en más, fue aguantar con uñas y dientes. Cozzani tuvo una atajada crucial sobre el final, y el equipo resistió con firmeza los embates desesperados del local. Con el pitazo final, todo el banco de suplentes se fundió en un abrazo eterno: Platense estaba en la final.

Un barrio movilizado por el sueño: Saavedra vive a flor de piel este momento histórico

Desde el pitazo final en el Bajo Flores, la alegría se desbordó en las calles de Saavedra. El barrio se tiñó de marrón y blanco, con banderas colgadas en balcones, bocinazos, y grupos de vecinos que ya comenzaron a organizar caravanas hacia el norte del país.

Los hinchas del Calamar ya palpitan la gran definición frente a Huracán, que llegó a la final tras superar a Independiente por penales en Avellaneda. El partido promete ser una batalla táctica apasionante, entre dos equipos que vienen construyendo su camino sin flashes pero con muchísima convicción.

En redes sociales, agrupaciones de hinchas comenzaron a coordinar micros y hospedajes para viajar a Santiago del Estero. Para muchos, será la posibilidad de vivir una jornada inolvidable, con el sueño intacto de ver a Platense levantar su primer gran trofeo.

Un presente inolvidable para una institución con historia

Fundado en 1905 y con un largo recorrido en la Primera División del fútbol argentino, Platense está atravesando un momento mágico. El club que volvió a la elite en 2021 tras años en las categorías de ascenso, hoy se encuentra a solo 90 minutos de alcanzar una gloria que durante décadas pareció esquiva.

Este presente es el resultado de un proceso serio, que combina una dirección técnica efectiva, jugadores comprometidos y una hinchada que jamás dejó de alentar. El barrio de Saavedra, corazón geográfico y sentimental del club, vive estas horas con una mezcla de emoción, nerviosismo y esperanza.

Mientras tanto, la fiesta ya comenzó en Saavedra. Y pase lo que pase, este Platense ya quedó grabado en la memoria de su gente.

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