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Un segundo que les cambió la vida: las historias de tres sobrevivientes de la inseguridad vial

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“Ponés en WhatsApp: ‘En cinco minutos llego’, y das por hecho que va a ser así, que siempre vas a poder ir donde quieras cuando quieras. Hasta que te pasa algo como esto”. Esto es un choque o, más bien, sobrevivir a uno, arrancar una vida nueva después de haberla salvado, con los costos físicos y emocionales que trae en combo.

Quien habla es Gustavo Cabral (45), que una madrugada de 2007 fue atropellado por un automovilista que venía quemando la avenida Libertador, en Vicente López, y que pasó un semáforo en rojo. Él iba en bicicleta, repartiendo diarios. Por el choque, perdió la mitad de una pierna, sustancia ósea en un brazo y la mayor parte de su audición.

Gustavo también perdió su rutina diaria como canillita y profesor de baile, y sus noches de sueño libres de dolor. Su año y medio internado no le quitó empuje: hoy da charlas motivacionales y hasta se dio el lujo de subir al Lanín con una prótesis bajo la rodilla.

Victoria Condolucci (32) también sabe de pérdidas, no sólo las de su cuerpo como lo conocía hasta entonces -su fémur izquierdo quedó pulverizado, y tuvo hemorragias, un coágulo en la cabeza y otras fracturas-. También la de su futuro marido, Nicolás Zárate, y la de su amigo, Nicolás Amadini. Ocurrió también de madrugada, pero en 2016: los tres volvían de un cumpleaños en una camioneta Volkswagen Saveiro por Panamericana, cuando Gustavo Cusato -hoy preso- los chocó borracho y a contramano a bordo de un Ford Fiesta. Los médicos le habían dicho a Vicky que no volvería a caminar. Hoy se sube todos los días a su bici para ir a dar clases de zumba, urbano y danza jazz, en su El Palomar natal.

Lo que perdió Lara Crespo (24), en cambio, fue “la conciencia”. Así define ella misma ese instante en blanco que arrancó en los segundos previos a que el auto en el que iba se estrellara contra un poste, y terminó cuando ella abrió los ojos y vio la ventanilla hecha pedazos, la gente que le hablaba desde afuera, el pie atrapado bajo el asiento de adelante. Viajaba atrás en un Peugeot 207 conducido por un conocido suyo, que estaba borracho. Iban ella, sus dos mejores amigas y dos varones por la avenida San Martín, a la altura de Agronomía, una madrugada de marzo de 2017. Lo poco que recuerda es su urgencia por salir del auto y las manos manchadas tras agarrarse la cabeza herida, en un gesto de desesperación.

La inseguridad vial tiene un costo, medible en números: 175 mil millones de pesos, según un informe de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Es de 2017, pero esa cifra basta para ilustrar un fenómeno: los siniestros viales son la principal causa de muerte no natural tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el país entero. Y el exceso de velocidad y el consumo de alcohol son dos de los principales motivos. Eso quedó en evidencia el domingo pasado, cuando el periodista Eugenio Veppo (32) atropelló a dos agentes de tránsito en Figueroa Alcorta y Tagle, en Palermo. Iba a más de 130 kilómetros por hora y había tomado vino. Por el impacto murió la agente Cinthia Choque (27). Y ahora su compañero Santiago Siciliano (30) lucha por sobrevivir.

También están los costos que no se traducen en cómputos. Vidas y proyectos truncados, caminos con giros violentos, cuerpos que apilan cicatrices, cirugías, dolores. Y la marca psicológica por una pérdida elemental: la de quien era uno hasta ese momento.

Ser Gustavo Cabral antes del choque era arrancar a las cuatro de la mañana a repartir diarios, hacer bailar a sus alumnos al ritmo de la salsa, salir con amigos. El nuevo Gustavo usa una prótesis debajo del fémur derecho y audífonos en ambos oídos, y a veces toma analgésicos porque el dolor no lo deja dormir.

Pero su espíritu sigue intacto. El mismo que, de adolescente, lo hizo viajar desde su Córdoba natal para estudiar en el Colegio Militar de Campo de Mayo. Ese que hoy lo lleva a dar charlas motivacionales con la Fundación Iniciativas de Desarrollo Sostenible Argentina (FIDS Argentina), bajo el lema “Si yo pude, vos también”.

Esa no es su única forma de motivar: también desempolvó sus saberes como instructor de alpinismo para hacer cumbre a 3.776 metros de altura, en el volcán Lanín. Lo hizo acompañado de su cuñado y su sobrino, con una prótesis que ni siquiera es todo lo sofisticada que necesitaría: “Me hace falta una deportiva, pero no puedo pagarla, y la obra social no me la cubre”, cuenta.

Antes del choque, Lara era una conductora sin miedo, poco afecta al cinturón de seguridad cuando iba atrás, frecuente usuaria de zapatos con plataformas y sandalias en verano. Después del choque, comenzó a manejar “con mil ojos” y, por un tiempo, a 30 kilómetros por hora aún en avenidas. Como el pie que había quedado atrapado seguía resentido, pasó de los tacos al calzado bajo, y del patín al baile y el gimnasio, hasta que terminó de recuperarse totalmente y volvió a patinar, su “cable a tierra desde los seis años”.

“Tendría que haber usado el cinturón de seguridad. De haber sabido que el conductor manejaba así, directamente no debería haber subido a ese auto”, dice esta Lara más precavida. Manejar así era ir a 140 kilómetros por hora y borracho. Hasta que llegó el impacto contra una parada del Metrobus en Beiró, el giro, el choque del lateral izquierdo contra un poste y el golpe de la cabeza de Lara contra la ventanilla.

Lo que vendría después serían los puntos en la cabeza, el párpado del ojo derecho y el pie izquierdo; un neumotórax (burbuja de aire en la cavidad pleural del pulmón); pesadillas con imágenes borrosas, que no sabía si habían sido reales o salían de su imaginación.

Del mismo modo, hay una Victoria previa al impacto, y otra posterior. La primera daba 17 clases semanales de danzas a chicos y grandes y tenía planes de casamiento. Entre la anterior y la actual Victoria transcurrieron ocho cirugías y una crisis de abstinencia de la morfina que le daban en el hospital de Pacheco para calmar los dolores. “Sentía que no era yo: me molestaban los ruidos, la tele, mi propia familia, quería volver al hospital porque no aguantaba el dolor”, cuenta.

Tendrían que pasar varios meses más para que Victoria sumara más clases y recuperara, en parte, el ritmo anterior al choque, aunque con restricciones. “La danza que más me gusta es la contemporánea, pero ya no puedo enseñarla porque tiene demasiadas figuras en el piso y los clavos que tengo en la cadera me impiden flexionar -explica-. Igual nunca me estanco en lo que no puedo, me enfoco en lo que sí puedo”.

El nuevo punto de partida no fue fácil. Victoria tenía el cuerpo destruido: fracturas en una muñeca y en ambos fémures, un coágulo en la cabeza que le drenó por los ojos, golpes en la cara. Durante varios meses dio clases en silla de ruedas y luego con muletas. Y recién cuando limpió su cuerpo de la morfina, pudo arrancar el duelo por su novio y su amigo muertos. Aún hoy luce el anillo de compromiso que ambos se habían tatuado, el de ella una letra “N” estirada, en cursiva. Y se hizo otro tatuaje, el mismo que tenía Amadini. Dice “Sé feliz”. Un lema que estos tres sobrevivientes persiguen, no a pesar sino aún más por lo que les tocó vivir.

NS

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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