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Una Venecia en la Argentina: el frustrado canal de 300 km que pretendía unir la provincia de Buenos Aires

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¿Cómo sería un viaje en barco por el interior de la provincia de Buenos Aires, desde Junín hasta Baradero ? La pregunta, hoy un disparate geográfico, era perfectamente sensata un siglo atrás, con la construcción de un monumental canal navegable de más de 300 kilómetros de extensión entre la laguna Mar Chiquita, en Junín, y el río Paraná, en Zárate, para transportar productos agropecuarios destinados a la exportación: el Canal del Norte.

Entre 1905 y 1908, miles de trabajadores excavaron kilómetros y kilómetros de tierra bonaerense, abrieron caminos y levantaron terraplenes, puertos, puentes, esclusas y caballerizas. Pero cuando la millonaria obra de ingeniería ya estaba muy avanzada, fue primero interrumpida y luego abandonada; hoy quedan vestigios de ella desperdigados por campos de toda la provincia.

Un canal a la europea

A comienzos del siglo XX, la Argentina era uno de los principales países exportadores de materias primas: hasta los puertos del litoral viajaban cada día toneladas de trigo, lana y carne. Lo hacían gracias a los trenes, que en el norte bonaerense estaban en manos de dos compañías británicas: el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico y el Ferrocarril Central Argentino.

Para romper ese virtual monopolio y abaratar los gastos de flete, el gobernador Marcelino Ugarte, cuyo ministro de Obras Públicas era el ingeniero Ángel Etcheverry, ordenó en 1902 estudiar la posibilidad de abrir varios canales navegables, una idea implementada mucho tiempo antes en países como Francia y Gran Bretaña. El Canal del Norte fue la primera de esas vías y la única que, tras los estudios de factibilidad, comenzó a construirse, a cargo de la empresa Candiani y Cía. Fue en 1905, con un presupuesto inicial de 4,6 millones de pesos moneda nacional, una suma enorme para la época.

«Tenía una extensión proyectada de 308 kilómetros: en un tramo, desde las lagunas Mar Chiquita y Gómez, hasta Chacabuco y de ahí a Salto, se usaría un sistema de canalización artificial; en el otro, se aprovecharía el cauce de los ríos Salto y Arrecifes, que iban a ser rectificados», explica Eduardo Cormick, un escritor juninense que investigó este capítulo poco conocido de la memoria provincial y lo utilizó luego como escenario para su novela El primer viaje.

El canal, de 18 metros de ancho y casi dos de profundidad, sería alimentado con el caudal de las lagunas Mar Chiquita y Del Carpincho y, para salvar la diferencia de cota de 74 metros entre Junín y el río Paraná, se construirían 31 esclusas a lo largo del recorrido. «El mismo modelo que se utiliza en el canal de Panamá», dice Cormick. Se esperaba, además, que la obra ayudase a mitigar las recurrentes inundaciones que afectaban a la provincia.

Mediante una ley, el gobierno dispuso la expropiación de 250 metros de tierras a ambos lados de la traza del futuro canal. «La provincia intentó negociar con los dueños de los campos para que les donen la tierra, que era como se hacía con el ferrocarril. Algunos lo hicieron, porque sus campos se iban a valorizar: en 21 casos donaron y en 21 casos negociaron para cobrar», cuenta Guillermo Banzato, doctor en historia e investigador del Conicet especializado en la historia rural argentina.

Fueron 5000 los trabajadores que cavaron a pico y pala miles de metros cúbicos de tierra, piedra y arcilla para abrirse camino por la llanura pampeana; una cifra correspondiente al 0,5% del total de la población bonaerense, que por ese entonces arañaba el millón de habitantes. Una curiosidad: muchos de los obreros, según registró Cormick mediante testimonios orales, eran de origen árabe.

Por la futura vía fluvial circularían casi un centenar de barcazas chatas, de cuatro metros de manga y 32 de eslora, impulsadas por caballos desde caminos de sirga. El plan contemplaba la edificación de puentes y caballerizas a intervalos regulares, a modo de postas, y también de 22 puertos para cargar mercaderías, de los que se llegaron a levantar una quincena, algunos en grandes ciudades como Junín y Arrecifes. El más importante de todos era el último, sobre el Paraná, preparado para recibir embarcaciones de gran calado: comenzó a construirse en las cercanías de la actual central nuclear Atucha I, en el partido de Zárate, en terrenos de una estancia llamada «El Aduar», hoy un club de campo con el mismo nombre.

Aunque el Canal del Norte fue el único cuyas obras se iniciaron, había más planeados: uno pasaría por Colón, Rojas y Pergamino y se conectaría con el Canal del Norte cerca de Arrecifes; otro uniría la localidad de Castilla también con el río Paraná, a través de Carmen de Areco, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco y Capilla del Señor; otros dos llegarían hasta el puerto de La Plata, empezando respectivamente en Chacabuco (vía Chivilcoy, Mercedes, Navarro, Las Heras y Cañuelas) y Olavarría (a través de Gral. Alvear, Saladillo y Cañuelas); de este último se hicieron incluso los estudios de factibilidad.

Contradicciones en el proyecto

Las obras avanzaron rápidamente y a mediados de 1906 ya se habían terminado 150 kilómetros de canal, una cifra muy importante si se toma en cuenta que las excavaciones eran manuales. Sin embargo, poco después los trabajos fueron detenidos y luego abandonados.

«Hay una razón técnica, planteada por el ingeniero Luis Huergo, una autoridad incontestable en la Argentina. Su argumento era que las lagunas del noroeste de la provincia de Buenos Aires no tenían agua suficiente para abastecer de manera continua al canal -dice Cormick-. Otra versión, más del orden de las confabulaciones, es que hubo un fuerte interés de las compañías ferroviarias para que no progrese el proyecto, porque los costos de transporte por el canal eran más económicos».

Banzato reconoce que el lobby de las compañías de trenes puede haber tenido alguna incidencia, pero asegura que ese problema se resolvió en 1907, cuando el gobierno logró un acuerdo sobre las tarifas. Por eso, el historiador pone el énfasis en cuestiones como el desconocimiento climático, la falta de acuerdo sobre la factibilidad técnica y el aumento de los costos del gigantesco proyecto.

En 1906 el presupuesto inicial se agotó y Candiani y Cía. pidió 4 millones de pesos más llevando a casi al doble el costo final, un monto que el ministro Etcheverry consiguió no sin antes enfrentar una fuerte oposición en la Legislatura. «La mecánica de las empresas de la época era ganar la concesión con un precio bajo y después ganarle a la provincia en ajuste de presupuesto. Esta empresa se quejaba de que se habían encarecido los materiales y la mano de obra, que en la época de la cosecha se iba a trabajar a los campos», dice Banzato.

Además, repetidas inundaciones destruyeron parte de la infraestructura ya edificada. «Recién ahora se acepta que no hay manera de manejar total y absolutamente el agua de la provincia de Buenos Aires. En ese entonces se creía que podía haber un modo, pero la discrepancia de los propios ingenieros hidráulicos sobre los estudios técnicos y de factibilidad no pudo ser saldada», explica el historiador.

Frente a este cúmulo de problemas, para el gobierno provincial fue cada vez más difícil sostener política y económicamente el proyecto, y entre 1907 y 1908 la empresa, en eterna disputa por los pagos, abandonó las obras. En 1910, con la llegada del gobernador José Inocencio Arias y la salida del ministerio de Obras Públicas de quien había sido su principal impulsor, Ángel Etcheverry, al plan se estancó por completo.

Vestigios problemáticos

Con los años, los dueños que habían cedido o vendido tierras hicieron reclamos para recuperarlas y parte de la infraestructura fue desmontada, destruida o reconvertida para otros fines. Aún son visibles sus huellas: un tramo del canal entre la laguna del Carpincho y Salto que tiene agua y es conocido como río del Norte, y un sinnúmero de terraplenes, zanjones vacíos y puentes perdidos en lugares insólitos.

«Estos restos son un obstáculo cuando hay inundaciones y por eso los productores rurales quieren que los dinamiten. Son enormes y cada vez que viene la creciente es un desastre», explica Cormick sobre las esclusas a medio derrumbar que hay en diferentes puntos de los ríos Salto y Arrecifes, y complican el desagote del agua.

Aunque tiene más de cien años, la frustrada aventura del Canal del Norte resulta sorprendentemente familiar: un proyecto millonario que por falta de pericia, intereses cruzados o avatares políticos no solo quedó inconcluso sino que terminó funcionando exactamente al revés de cómo había sido planeado en un comienzo. Una historia registrada con demasiada frecuencia en las memorias de la obra pública argentina.

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Realizaron una cirugía cerebral con tecnología similar a un GPS en el Pirovano

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El Hospital Pirovano, ubicado en Monroe 3555, en el barrio de Coghlan, incorporó tecnología de última generación para realizar una operación cerebral de alta complejidad. Se trata de un neuronavegador que guía a los profesionales durante la intervención y permite localizar tumores y estructuras delicadas con mayor precisión. El equipo fue adquirido por el Gobierno porteño por más de 550 mil dólares y también podrá utilizarse en otros hospitales públicos de la Ciudad.

La salud pública de la Comuna 12 sumó un avance tecnológico de relevancia. El pasado 24 de septiembre, profesionales del Hospital Pirovano realizaron una cirugía para extraer un tumor cerebral con la asistencia de un dispositivo que funciona de manera similar a un GPS, orientando al equipo médico dentro del cerebro del paciente.

La intervención se llevó adelante en una persona con cáncer de pulmón que presentaba una metástasis en el cerebelo. Durante la operación participaron Ricardo Menéndez, jefe de Neurocirugía del establecimiento, y el especialista en nuevas tecnologías Lucas Ritacco.

Cómo funciona el neuronavegador del Hospital Pirovano

El sistema utiliza imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas y tomografías para generar una reconstrucción tridimensional de la anatomía del paciente. A través de una cámara y una pantalla, los médicos pueden observar en tiempo real dónde se encuentran los instrumentos quirúrgicos y su relación con la lesión que deben tratar.

Antes de comenzar, los especialistas registran puntos de referencia en el cráneo y el rostro para calibrar el equipo. De esta manera, durante la cirugía cuentan con una guía que permite identificar la ubicación del tumor y distinguir su proximidad con estructuras sensibles, como arterias, venas y nervios.

Según explicaron los profesionales, esta tecnología contribuye a planificar mejor los procedimientos, aumentar la precisión y reducir potencialmente los tiempos de intervención y recuperación, aunque los resultados dependen de cada caso.

Además de la neurocirugía, el dispositivo puede utilizarse en otras especialidades, como otorrinolaringología y cirugía maxilofacial, entre otras intervenciones de cabeza y cuello.

Una inversión para los hospitales públicos porteños

La adquisición demandó una inversión superior a los 550 mil dólares y el equipo es trasladable, por lo que podrá asistir también a otros establecimientos sanitarios de la Ciudad, entre ellos los hospitales Álvarez, Argerich, Curie, Durand, Fernández, Ramos Mejía y Santojanni.

Para los vecinos la noticia pone en primer plano el papel del Hospital Pirovano como centro de referencia de la salud pública porteña.

En paralelo, continúan los trabajos de ampliación del establecimiento, que contemplan nuevos quirófanos y mejoras en la atención ambulatoria.

La incorporación de tecnología especializada representa una herramienta importante para los equipos médicos y abre nuevas posibilidades para atender casos complejos dentro del sistema público. El desafío será acompañar estos avances con infraestructura, personal y recursos que permitan sostener una atención de calidad para toda la comunidad.

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Saavedra

Atropellaron a Fabián Gianola en Saavedra: preocupación por la seguridad vial en los barrios

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La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.

Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.

Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra

El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.

Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.

El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.

Un llamado de atención para conductores y peatones

El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.

En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.

También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.

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Saavedra impulsa una colecta de libros infantiles para llevar historias y lectura a Santiago del Estero

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Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.

La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.

El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.

Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra

Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.

La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.

Historias que ayudan a crecer

Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.

La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.

Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.

Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.

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