Aunque su voz se apagó físicamente hace años, Roberto “Polaco” Goyeneche sigue latiendo en cada esquina de Buenos Aires, y con especial fuerza en su barrio del alma: Saavedra. El tango lo tiene como una de sus máximas figuras, y su presencia se siente en cada bar, en cada bandoneón que arranca un suspiro, y en cada corazón arrabalero que no lo olvida.
Ahora, su historia llega a los hogares de todo el país gracias al estreno online de la película “Roberto Polaco Goyeneche: Las formas de la noche”, un documental que no solo homenajea su trayectoria artística, sino que también invita a sumergirse en el costado más íntimo y humano de este artista inigualable.
¿Cómo ver la película de forma gratuita?
Los realizadores del documental anunciaron que, tras una emotiva gira por cines, centros culturales y espacios barriales —muchos de ellos en Saavedra—, la película ya está disponible de forma online y sin costo. Para acceder al link de visualización, hay que solicitarlo escribiendo por correo electrónico a: mgdocumentales@gmail.com
Una vez recibido el enlace, se podrá disfrutar del film desde cualquier dispositivo, para vivir en casa la emoción de escuchar al Polaco como si estuviera cantando en la mesa de al lado.
Un retrato en primera persona: así es “Las formas de la noche”
El documental, estrenado oficialmente en noviembre de 2023 y declarado de Interés Cultural por la Ciudad de Buenos Aires, propone una mirada íntima, poética y profundamente conmovedora sobre la vida y la obra de Goyeneche, el cantor de voz rasposa y alma tanguera que supo conquistar al público desde los años dorados del 2×4 hasta el nuevo milenio.
La película está construida con material inédito de archivo, fotografías caseras, grabaciones familiares, entrevistas y testimonios de grandes figuras del tango y la cultura argentina. Pero lo que la hace única es su estructura narrativa: es Goyeneche quien cuenta su historia con su propia voz. Un relato en primera persona, como si el Polaco volviera a hablarle directamente al espectador.
Sinopsis oficial
«Roberto Polaco Goyeneche: Las formas de la noche» narra la vida de uno de los máximos exponentes del tango, un artista que llevó la música ciudadana por el mundo con una interpretación personalísima, profunda y sin artificios.
El documental reconstruye su vida a través de su propia voz y las voces de quienes lo conocieron de cerca: familiares, amigos, músicos y poetas. Se trata de un viaje sensorial por las luces y sombras de un hombre que vivió de noche, que amó con intensidad y que dejó una huella imborrable en la cultura popular.
Participan en el film figuras como: Adriana Varela, José Colángelo, Litto Nebbia, Néstor Marconi, Esteban Morgado II, Jorge Boccanera, Julio Dávila , Jorge Goyeneche, y muchos más.
La dirección estuvo a cargo de Nuevo Cine Films, con producción del INCAA y el apoyo del Fondo Nacional de las Artes, Mecenazgo BA, TV Pública, y la Fundación Banco Itaú, entre otros.
El Polaco, eterno en el alma de Saavedra y del tango
En cada recoveco del barrio de Saavedra todavía se escucha su nombre. Desde la esquina de Av. Balbín y Correa, donde un mural lo inmortaliza con su mirada melancólica, hasta las calles donde creció, el Polaco Goyeneche sigue siendo parte viva del barrio.
Y no solo allí: en cada rincón de Buenos Aires, en cada bar con tango, en cada milonga, su voz regresa. Fue uno de los intérpretes que internacionalizó el tango sin perder su raíz porteña, llevándolo con orgullo por el mundo. Siempre con su estilo particular, sincopado, vibrante, y con esa melancolía arrabalera que solo él sabía conjugar con elegancia y pasión.
Su legado no solo se mide en discos, sino en el profundo respeto que le guardan los músicos y tangueros de todas las generaciones. La película es, en este sentido, un acto de memoria activa: una forma de volver a escucharlo, de sentirlo cerca, de mantenerlo vivo.
Una buena noticia para los adultos mayores de Saavedra quedó confirmada: la Legislatura porteña aprobó de manera definitiva la continuidad del Centro Recreativo Saavedra durante otros 20 años en el predio donde funciona, en la zona de Valdenegro y Miller.
La norma fue aprobada por 57 votos, todos a favor, y permite que esta histórica institución continúe utilizando de manera gratuita el espacio de la Plazoleta 1° de Marzo. Allí, sus propios socios sostienen desde hace años un lugar pensado especialmente para compartir, hacer actividades y mantener una vida social activa.
Un lugar para encontrarse y disfrutar
El Centro Recreativo Saavedra no es solamente un espacio para practicar deportes o participar de talleres. Para muchos vecinos mayores, representa también la posibilidad de salir de casa, encontrarse con amigos, conversar, tomar un café y compartir algunas horas del día.
Entre sus propuestas aparecen actividades recreativas como tejo, bochas y juegos de salón, además de diferentes talleres culturales. Todo se desarrolla con una mirada puesta en los adultos mayores y en la importancia de mantener los vínculos sociales y comunitarios.
En un barrio donde las instituciones cumplen un papel fundamental, contar con un espacio de estas características durante las próximas dos décadas significa mucho más que conservar un inmueble: permite mantener abierta una puerta para la participación y el encuentro entre generaciones.
Una continuidad que llevó varios pasos
La autorización anterior para utilizar el predio había sido otorgada en 2006 por un período de 20 años. Al acercarse su vencimiento, se impulsó una nueva norma para garantizar la permanencia de la institución.
El proyecto, presentado por el legislador Sergio Siciliano, tuvo una primera aprobación en noviembre de 2025 y posteriormente pasó por una audiencia pública realizada en junio de 2026, antes de llegar a la sanción definitiva.
El permiso establece que el inmueble deberá continuar destinado exclusivamente a las actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas del Centro Recreativo. También fija obligaciones de conservación, higiene, seguros y mantenimiento.
Así, el Centro Recreativo Saavedra podrá seguir siendo durante otros 20 años ese lugar tan necesario para los vecinos mayores: un espacio donde todavía tienen valor el encuentro cara a cara, una partida de bochas, una charla entre amigos y ese cafecito compartido que muchas veces también forma parte de la vida del barrio.
En elbarrio de Saavedra, la educación pública vuelve a mostrar que también puede ser una herramienta para transformar la vida cotidiana. La Escuela de Educación Media N.° 5 D.E. 15 “Monseñor Enrique Angelelli”, ubicada en Tronador 4134, desarrolló un proyecto que pone la tecnología al servicio de un problema que muchas veces pasa desapercibido: la contaminación sonora.
La iniciativa, llamada “Sound Blue Project”, fue realizada por estudiantes de 3°, 4° y 5° año y propone encontrar soluciones frente a los niveles excesivos de ruido que pueden afectar especialmente a niños y adolescentes dentro de los espacios educativos.
Tecnología pensada desde el barrio
El proyecto combinó ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática —el enfoque conocido como STEAM— con metodologías de Aprendizaje-Servicio y Design Thinking.
Los alumnos comenzaron midiendo los niveles de ruido en el Jardín de Infantes Integral N.° 2 “Merceditas”. A partir de los datos obtenidos desarrollaron un “semáforo de ruido”, un prototipo realizado con una placa Micro:bit que permite advertir mediante señales cuándo el sonido supera parámetros considerados saludables.
Pero la propuesta fue más allá de la tecnología
Durante la investigación, los estudiantes consultaron a una especialista y descubrieron que las personas neurodivergentes pueden experimentar de manera especialmente intensa los estímulos sonoros. Esa información llevó al grupo a pensar nuevas herramientas de acompañamiento.
Así surgieron también un cuento infantil y un modelo de auriculares destinados a disminuir el impacto del ruido, además de una campaña de concientización a través de Instagram.
Una escuela muy ligada a la comunidad
El trabajo realizado por la Angelelli también refleja el fuerte vínculo que la institución mantiene con el Barrio Mitre y sus vecinos. La escuela funciona como un espacio de pertenencia para muchos jóvenes de Saavedra y sus alrededores, y este tipo de proyectos busca que lo aprendido en las aulas tenga una aplicación concreta en la comunidad.
“Sound Blue Project” muestra, en definitiva, que una problemática cotidiana puede convertirse en una oportunidad para investigar, crear y aprender. En este caso, los estudiantes no solamente estudiaron el ruido: midieron, analizaron, diseñaron soluciones y pensaron cómo mejorar los espacios que comparten con otros chicos.
En el barrio de Saavedra, existe un lugar donde cada tanto algún vecino se detiene para mirar con curiosidad. Es que hay una casa que hace tiempo dejó de ser una vivienda más del barrio. La Casa Obopop, ubicada en el Pasaje Cisne, se convirtió en una verdadera galería de arte a cielo abierto y ahora recibió un merecido reconocimiento de la Legislatura porteña, que la declaró de Interés Cultural de la Ciudad.
La particular obra fue creada por el artista Lucas Stoessel, quien encontró una manera muy original de darle una segunda vida a esos objetos tecnológicos que alguna vez fueron imprescindibles y hoy quedaron olvidados.
Teléfonos a disco, calculadoras, teclados, cámaras, walkmans, caseteras, controles, monitores, celulares antiguos y otros aparatos forman parte de esta enorme colección que convierte la fachada en una especie de máquina del tiempo.
Una obra que también construyen los vecinos
Uno de los aspectos más lindos de Casa Obopop es que no se trata solamente de una creación individual. Los vecinos también son protagonistas, porque muchos de los objetos que forman parte de la instalación llegaron gracias a donaciones.
Aparatos que durante años estuvieron guardados en un cajón, un placard o un depósito encontraron allí un nuevo destino. Y con ellos también llegaron recuerdos: aquel teléfono que sonaba en la casa familiar, el walkman que acompañaba los viajes, la calculadora de la escuela o la computadora que alguna vez parecía tecnología de ciencia ficción.
La propuesta logra así algo muy especial: transformar objetos descartados en parte de la memoria colectiva del barrio.
Saavedra tiene su propio museo tecnológico
Casa Obopop se fue convirtiendo con el tiempo en un punto llamativo de la Comuna 12. No hace falta comprar una entrada ni esperar una inauguración para conocerla: alcanza con caminar por el barrio y observar cómo una pared puede contar décadas de historia tecnológica.
El reconocimiento legislativo pone en valor justamente esa originalidad y el aporte cultural de una propuesta que nació desde el barrio y fue creciendo con la participación de la comunidad.
Porque en Saavedra, entre casas, árboles y veredas conocidas, hay una esquina donde los viejos objetos vuelven a hablar. Y esta vez, lo hacen para recordarles a los vecinos que aquello que alguna vez pareció obsoleto también puede convertirse en arte, historia y encuentro.